¿Fue Barbarroja un ataque preventivo o la conquista del este?
¿Por qué atacó Hitler a la Unión Soviética en 1941? Durante décadas la respuesta pareció cerrada: un dictador empeñado en conquistar el mundo traicionó a una víctima pacífica. Frente a ese relato se alza una corriente revisionista que sostiene lo contrario, que Stalin había concentrado en su frontera occidental la mayor máquina militar del planeta y esperaba el momento de lanzarla hacia Europa. En junio de 1941, ambas potencias llevaban meses apuntándose mutuamente.
La tesis del ataque preventivo
El historiador Wolfgang Strauss, en
Unternehmen Barbarossa und der russische Historikerstreit, y antes Suvorov en
Icebreaker, defienden que
Stalin quería una guerra general de agotamiento en Europa y entrar solo cuando las partes estuvieran extenuadas. La clave estaría en el discurso ante el Politburó del 19 de agosto de 1939 y en el Pacto de No Agresión, que, a juicio de estos autores, sirvió para encender el conflicto entre Hitler y las potencias occidentales. La URSS, argumentan, no fue solo víctima: invadió Polonia junto a Alemania, se anexionó las repúblicas bálticas, atacó Finlandia y presionó a Rumania.
¿Estaba el Ejército Rojo preparado para invadir?
El contraargumento pesa. La guerra de invierno contra Finlandia expuso a un ejército gigante pero torpe, descabezado por las purgas de oficiales y con la moral por los suelos. Hay quien sostiene que
Stalin era cauteloso en política exterior y que en 1941 no estaba listo para atacar. Otro cálculo circula: tras cinco semanas de caída de Francia, el dictador soviético se habría quedado helado al comprobar que ya no habría guerra larga que explotar. Si la URSS era un gigante con pies de barro, lanzarse contra Alemania habría sido el suicidio perfecto.
Las órdenes de mayo de 1941 que alimentan la sospecha
Los documentos, en todo caso, muestran preparativos ofensivos, no solo defensas. El
15 de mayo de 1941, la Dirección Política Principal del Ejército Rojo instruyó a sus comandantes: cualquier guerra, defensiva u ofensiva, tendría el carácter de «guerra justa». Se construyeron aeródromos y depósitos justo detrás de la frontera, se formó en Ucrania una fuerza de choque de 60 divisiones y los ejércitos 16, 19, 21, 22 y 25 se trasladaron del interior a los puntos de despegue. Ese mismo mes,
Stalin habló a los oficiales recién graduados y describió la guerra con Alemania como inevitable y más ofensiva que defensiva.
Moscú o el Cáucaso: la estrategia que falló
Cuatro panzergruppe atravesaron la frontera: el 4º de Hoepner hacia Leningrado, el 3º de Hoth y el 2º de Guderian hacia Smolensk, y el 1º de Kleist por Ucrania. La discusión sobre si debieron ir en bloque a por el petróleo del Cáucaso o a por Moscú sigue abierta. Una parte defiende que
Barbarroja debió apuntar directamente al Cáucaso, porque el objetivo real era el crudo, no la taiga improductiva. La otra recuerda que tres frentes de presión obligaban a los soviéticos a repartir fuerzas. Hay quien sostiene que el general Paulus ya advirtió, antes de Stalingrado, de que el límite logístico era de
600 kilómetros.
El petróleo y la industria: lo que decidió la guerra
Hay quien recuerda que el carburante de alto octanaje de la aviación alemana era una patente de Standard Oil que vendió una licencia a IG Farben en 1935. Y hay quien sostiene que fue el
programa de Préstamo y Arriendo estadounidense el que mantuvo en pie al Ejército Rojo. En el debate también se apunta otro dato: en 1941 el
T-34 y el KV-1 ya estaban en producción y, según esa misma intervención, la Wehrmacht no tenía nada capaz de frenarlos.
La Wehrmacht capturó o rindió más de 200 divisiones soviéticas en los primeros meses, según anotó el jefe del OKH, Halder.