¿Creó la CIA a ETA para controlar el terrorismo en España?
A finales de los años 80, la inminente caída del Muro de Berlín obligó a reestructurar la operación Gladio, la red de ejércitos secretos de la OTAN que durante décadas operó al margen de los Estados. En España, el entramado ETA-GAL se había vuelto inservible al abrirse la frontera en 1990 y desactivarse la coartada del narcotráfico y el blanqueo de dinero. El relato oficial, que escinde ambas organizaciones, se desmorona cuando se siguen las conexiones financieras, las muertes de testigos clave y los lazos con la mafia italiana y la CIA.
El origen de ETA: un comando entrenado por la CIA en 1945
La tesis central sostiene que ETA no nació como un movimiento independentista espontáneo, sino como una creación de la inteligencia estadounidense. El primer comando etarra habría sido entrenado en el castillo de Rothschild en 1945 por la CIA, bajo el mando del «capitán Plastic», que proporcionó la dinamita para la voladura de la estatua del general Mola en el Arenal como mensaje a Franco. Los seleccionadores de ese comando trabajaron previamente para la red Gladio sudamericana, un dato que conecta la violencia política con el aparato de guerra psicológica de la Alianza Atlántica.
La fundación de ETA como organización en 1959 fue, según esta investigación, una operación de bandera falsa destinada a desgastar al régimen franquista y, después, a controlar la transición. El historiador Mikel Rodríguez ha documentado que entre los primeros instructores de ETA había agentes entrenados por Estados Unidos, un vínculo que la historiografía oficial ha eludido sistemáticamente.
La trama ETA-GAL: narcotráfico, armas y protección mutua
El meollo de la teoría expone que ETA y los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación) no eran enemigos, sino dos tentáculos de la misma operación. La banda terrorista asesinaba a quienes podían testificar contra los agentes del GAL, y estos eliminaban a los incómodos que conocían la estructura real. El caso paradigmático es el de Melitón Manzanas, un policía de Irún que controlaba el contrabando en la frontera; su muerte en 1968 marcó el inicio de la escalada armada.
Este entramado utilizaba el narcotráfico como combustible financiero. La «Peseta connection» servía para triangular armas y blanquear dinero de fondos reservados. En 1988, el jefe de la mafia italiana Antonio Bardellino, detenido en España en 1984 y liberado por los jueces Rodríguez, fue asesinado en Brasil tras ser extraído de su refugio en Santo Domingo. El objetivo: estirpar a los eslabones que ya no eran útiles.
La caída de la cúpula de ETA y el papel de la escuela Hyperion
La detención de la cúpula de ETA en Bidart, en marzo de 1992, fue una orquestación conjunta entre las policías española y francesa, pero en el fondo respondía a la necesidad de renovar los cuadros de la red. El chófer del etarra Txelis, Philippe Lassalle (alias «Tintín»), era un agente de la Operación Milú, y la escuela Hyperion en París funcionaba como tapadera de la CIA para reclutar y controlar a terroristas de las Brigadas Rojas y ETA.
El libro de Paul L. Williams, «Operation Gladio», detalla cómo esta academia de idiomas servía de punto de encuentro para terroristas que, sin saberlo, eran gestionados por la inteligencia estadounidense. La misma escuela aparece vinculada a los atentados del 11M en Madrid, cuando la agencia ICOP Digital —dirigida por Noel Koch— vigilaba trenes en Estados Unidos y luego controló las estaciones europeas.
El presente de la red: de la Agenda 2030 a las cloacas del Estado
El hilo se extiende hasta la actualidad, señalando conexiones con figuras como Laura Owen —involucrada en el punto 8 de la Agenda 2030 y esposa de un implicado en el Irangate—, la empresa Evergreen acusada de narcotráfico y tráfico de menores a través de contenedores, y la compañía General Dynamics, presidida por el exdirector de la CIA Frank Carlucci. La investigación apunta a que la red Gladio no se desmanteló, sino que mutó hacia formas más sofisticadas de control geopolítico y económico.
La amortización de los «sin futuro» —como el preso De Juana Chaos, considerado un lobo infiltrado— y la gestión de los fondos de reptiles que la vicepresidenta Sáenz de Santamaría atribuyó a ETA serían, según esta hipótesis, maniobras para encubrir a los agentes que quedaron expuestos tras la caída del Muro.
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