Taxista se niega a subir a 4 pasajeros por llevar el equipo de Twitch
Un taxista de Valencia dejó tirados a cuatro jóvenes que salían de un salón de bodas a la una de la madrugada. El motivo: llevaba instalado en el asiento del copiloto todo el equipo para emitir en directo en Twitch y no quería desmontarlo. La escena, grabada por él mismo y difundida en redes, ha desatado una ola de indignación contra el sector y contra la moda de los streamers al volante.
El servicio se había solicitado a través de una aplicación. Los chavales llevaban **unos 30 minutos esperando** en mitad de un campo de naranjos. Cuando por fin llegó el vehículo, el conductor les comunicó que solo podían subir tres. Al cuarto le sugirió que se quedara allí, a oscuras, alumbrado con la linterna del móvil, a que llegara otro taxi. Y lo mejor: **la carrera ya estaba cobrada** en la aplicación. El taxista se marchó con tres pasajeros y dejó al cuarto plantado.
¿Es legal que un taxista se niegue a subir a cuatro pasajeros?
No. El taxi es un servicio público y, salvo causas justificadas como que los viajeros vayan bebidos o drogados, el conductor no puede negarse a prestar el servicio. Los cuatro jóvenes no presentaban ese estado, según los testigos. Además, el vehículo tiene **cuatro plazas autorizadas**, por lo que la negativa carece de base legal. La excusa del stream no es una causa contemplada en la normativa. Hay quien sostiene que el taxista podría haberse negado antes de aceptar la reserva, pero una vez aceptada y cobrada, la obligación es realizar el trayecto completo.
El stream como excusa: una moda que daña al sector
El caso no es aislado. En el mundillo de los taxistas que emiten en directo, se han visto episodios similares. Se menciona a otro streamer de Madrid, conocido como MarioTaxi, que también habría protagonizado situaciones controvertidas con clientes. La imagen que proyectan estos personajes es la de un gremio chulesco y prepotente, justo lo contrario de lo que necesita un sector ya muy castigado por la competencia de las VTC. La mayoría de los profesionales lo tiene claro: este tipo de comportamientos son **una lacra** que perjudica a todos.
La legislación sobre protección de datos también entra en juego. Grabar a los pasajeros sin su consentimiento y difundir el vídeo puede constituir una infracción grave. Varios mensajes apuntan a que el taxista podría enfrentarse a sanciones económicas y, en el peor de los casos, a la pérdida de la licencia. La difusión del vídeo, lejos de ayudarle, se ha convertido en una prueba incriminatoria.
Reacciones: de la indignación a la denuncia
La indignación ha sido mayoritaria. Muchos piden que los chavales denuncien y que se le retire la licencia. Se critica la actitud chulesca y la falta de empatía. Algunos van más allá y reclaman regular el uso de cámaras y streams durante el servicio, algo que ahora mismo es un vacío legal. La comparación con otros gremios es recurrente: si un enfermero grabara a un paciente sin permiso, estaría en un problema serio.
También hay quien defiende que no se puede generalizar. La mayoría de los taxistas son trabajadores que se dejan la piel al volante y que no se merecen que se les meta en el mismo saco. Pero reconocen que casos así son gasolina para los que piden la liberalización del sector. El daño reputacional es enorme.
¿Qué puede pasar ahora?
El asunto está en manos de los afectados. Si denuncian, el taxista podría enfrentarse a una multa por negativa injustificada a prestar servicio y por vulneración de la protección de datos. La difusión del vídeo complica su defensa. Además, la propia dinámica de las redes puede pasar factura: los streamers viven de su audiencia, y una audiencia cabreada es un mal negocio. Como se suele decir en estos casos, el tiempo pone a cada uno en su sitio.
Datos clave
- Cuatro jóvenes esperaron unos 30 minutos a la una de la madrugada.
- El taxi tiene cuatro plazas autorizadas.
- La carrera ya había sido cobrada a través de la aplicación.
- El cuarto pasajero quedó tirado en un campo de naranjos.