Las denuncias por violación en Canarias crecen un 83,5% en un año
Un año. Eso es lo que separa dos cifras que no caben en ninguna serie estadística tranquilizadora. Las denuncias por violación registradas en Canarias crecieron un
83,5% en el último ejercicio. Si la referencia es 2019, con 73 denuncias anotadas, el salto llega al
128,8%. La criminalidad general sube un 5%, los delitos contra la libertad sexual un 12% y los homicidios también repuntan. Con esos mimbres, la pregunta deja de ser retórica: ¿hay más agresiones sexuales o hay más denuncias?
Qué dicen los datos de criminalidad en Canarias
El punto de partida es el titular que abre el asunto: las violaciones se disparan un 83,5% en Canarias en tan solo un año. Sobre esa base se apilan los demás guarismos. Los delitos contra la libertad sexual crecen un 12% en el conjunto del país, más del doble que el 5% de la criminalidad general. Para calibrar la escala, en 2022 España registró 2,3 millones de delitos, un 18% más que el año anterior.
Hay un detalle que descoloca y que casi nadie pone encima de la mesa: la cifra absoluta. En 2019 Canarias anotó 73 denuncias por violación. Cuando el denominador es pequeño, un incremento porcentual enorme puede salir de un puñado de casos más. Contundente y frágil a la vez. Esa es la primera trampa de toda estadística de sucesos, y conviene recordarla antes de sacar conclusiones de titular.
¿Por qué el Ministerio dice que no hay más violaciones?
La explicación oficial se apoya en un argumento que reaparece cada vez que una serie de delitos sexuales se dispara: no hay más agresiones, hay más concienciación. Las mujeres denuncian más porque el marco social y legal ha cambiado, y la visibilidad del problema empuja a las víctimas a acudir a comisaría. Parte de razón hay en eso.
El problema es que ese razonamiento explica una parte y deja la otra sin tocar. Si todo el aumento se debiera a la mayor disposición a denunciar, cabría esperar un patrón parecido en todos los delitos sexuales y en todos los territorios. No es lo que muestran los números. La propia administración admite que la concienciación es «en parte» la causa. ¿Y la otra parte?
El 91% de condenados por violación en Cataluña: qué hay detrás
El foco se desplaza a Cataluña, donde la serie es aún más llamativa: la comunidad cerraría el año con un
500% más de violaciones que ocho años antes, según los datos que circulan. Las cuatro provincias catalanas lideraron los delitos por agresión sexual en los primeros nueve meses, con más de 16 casos por cada 100.000 habitantes.
A partir de ahí la lectura se parte en dos. Una corriente sostiene que el
91% de los condenados por violación en Cataluña son extranjeros, cifra difundida por determinados medios. Otra advierte de que mezclar nacionalidad y delito sin corregir por población, por estructura de edades o por tiempo de residencia convierte cualquier porcentaje en un arma política. La estadística, en crudo, no distingue causas: solo cuenta casos.
Inmigración, pornografía, clima: el catálogo de explicaciones
Cuando la pregunta es «¿a qué se debe?», la respuesta se convierte en campo de batalla. Una parte apunta al auge de la
inmigración. Otra señala al consumo de pornografía, a los videojuegos, al cambio climático y hasta a la «normalización de discursos» que se atribuye a determinadas fuerzas políticas. El catálogo es tan amplio que cualquier dato cabe dentro.
Ninguna de esas hipótesis va acompañada, en la discusión pública, de una correlación seria. Son relatos. Y cuando un fenómeno se explica a base de relatos enfrentados, lo único firme que queda es el número. Todo lo demás es interpretación interesada.
El reparto de culpas: del 8M a la ultraderecha
En paralelo a los datos, el asunto se convierte en un juego de atribuciones. Aparecen referencias al 8 de marzo, a la ultraderecha, a subvenciones y a la cantinela de que «no se podía prever». Es el reflejo automático de cualquier debate público español: buscar un culpable antes de entender el fenómeno.
Ese ruido no aporta un solo dato. Pero explica por qué un informe estadístico se convierte en arma arrojadiza en cuestión de horas.
Más denuncias, el mismo problema: el límite de la estadística
Conviene separar dos magnitudes que se confunden a propósito: el delito cometido y el delito denunciado. Solo el segundo entra en las series oficiales. Un aumento del 12% en delitos contra la libertad sexual puede significar más agresiones, más denuncias o una mezcla de las dos. La estadística no lo desenreda por sí sola.
Lo que sí puede hacer es detectar patrones territoriales. Y ahí el mapa es desigual: Canarias se lleva el mayor salto porcentual y Cataluña el mayor volumen. Dos comunidades, dos dinámicas, un mismo titular incómodo que ninguna institución quiere firmar.
Con estos diferenciales, cualquier explicación única debería sonar sospechosa. Y sin embargo todas suenan seguras de sí mismas. ¿Será que el dato importa menos que lo que cada cual quiere demostrar con él?