El turismo de masas se apaga: la Estrategia 2030 lo confirma
El ministro de Industria y Turismo, Jordi Hereu, presentó la Estrategia España Turismo 2030, una hoja de ruta que busca un modelo «equilibrado, inclusivo y sostenible». El plan —quince ministerios implicados, 148 acciones y un primer plan bianual que llegará en el primer semestre de 2026— ha generado un debate en el que algunos participantes sostienen que la sostenibilidad es la excusa y el agotamiento energético, el motivo real.
Qué dice exactamente la Estrategia España Turismo 2030
El documento aprobado por el Gobierno se apoya en dos principios: poner a las personas en el centro del ecosistema turístico y avanzar en la triple sostenibilidad —económica, social y medioambiental—. Hereu lo resumió con una frase que ha dado la vuelta: «Sin sostenibilidad ambiental o social no puede sostenerse la sostenibilidad económica». El plan se estructura en cinco ejes que giran sobre quienes crean destinos, generan empleo, trabajan en el turismo, acogen a los visitantes y viajan. Entre las medidas concretas figuran el Atlas de Intensidad Turística y el Observatorio de Vivienda Turística, herramientas para medir el impacto real del turismo sobre los territorios. La financiación vendrá del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, dotado con 3.400 millones de euros, y de los fondos europeos de cohesión 2026-2030.
La CEOE respalda el marco pero pone peros. Su informe advierte de la falta de asignación presupuestaria por medida y del riesgo de dispersión competencial con quince ministerios implicados. La patronal pide que las empresas tengan papel activo en el seguimiento y reclama medir también el impacto económico y social, no solo el ambiental.
Por qué algunos ven en el plan un racionamiento encubierto
La lectura más dura del plan, sostenida por algunos participantes en el debate, es que la sostenibilidad es la excusa y el agotamiento energético, el motivo real. El argumento es que los recursos cada vez más escasos deben ir a turistas de alto poder adquisitivo, capaces de llenar hoteles de lujo y dejar dinero en negocios de calidad, en lugar de a visitantes de bajo gasto. Bajo esa lógica, prohibir los pisos turísticos no protegería al residente: protegería al hotel de cinco estrellas de la competencia barata. Hay quien va más lejos y sostiene que muchos inversores en alquiler vacacional ya están «muertos» financieramente sin saberlo, porque el negocio que compraron no tiene demanda futura que lo sostenga.
El contraargumento es igual de contundente: si el petróleo está a 58 dólares el barril, hablar de agotamiento es fe. La respuesta desde el otro lado es que el precio bajo refleja destrucción de demanda, no abundancia, y que el producto refinado —el diésel que mueve camiones y aviones— es lo verdaderamente caro y escaso, como demuestran países con moneda débil que no pueden comprarlo.
El turismo de masas y la aviación barata: la ecuación que no cuadra
El punto más técnico del asunto es la viabilidad del modelo actual sin queroseno abundante y barato. El turismo de masas que ha llenado Baleares, Canarias y la costa mediterránea se sostiene sobre vuelos de bajo coste. Sin aviación barata, ese volumen no se mueve con trenes: a las islas no llega el AVE. La Ley de Movilidad Sostenible, aprobada con apoyo del PP, elimina rutas aéreas nacionales con alternativa ferroviaria y fomenta el tren nocturno, la bicicleta y el tranvía. Para unos, eso es planificación sensata; para otros, es la constatación de que el transporte aéreo masivo tiene los días contados.
La comparación histórica que circula es el viaje a China o Japón en los años ochenta: un lujo de 500.000 pesetas de entonces, reservado a unos pocos. La predicción que se repite es que volveremos a eso: turismo intercontinental para ricos, vacaciones de proximidad para el resto. Y un turismo nacional que sustituirá parcialmente al extranjero, pero sin compensar el volumen perdido.
El pulso sobre el peak oil: dos relatos incompatibles
El fondo del asunto es si el peak oil —el techo de extracción mundial de crudo convencional— ya se alcanzó o no. Una corriente sostiene que el mundo extrae alrededor de 105 millones de barriles diarios contando líquidos del petróleo y otras formas, y que el mercado está inundado. Otra responde que esa cifra mezcla categorías y que el crudo convencional —el que se extrae fácil y barato— lleva años en meseta o cayendo. La discusión se enreda con la geopolítica: China acumula carbón, petróleo iraní y músculo financiero para competir fuera; España no tiene ni pozos ni esa capacidad de maniobra.
Lo que nadie discute es que el modelo turístico español está en revisión. Hay participantes que citan datos de ocupación malos en la temporada y negocios que no abrirán el año que viene. Si eso es el principio de un cambio estructural o un bache coyuntural es, a día de hoy, la pregunta sin respuesta.
El propio ministro lo dijo sin decirlo, según algunos participantes: el turismo que viene será para menos gente y con más dinero por cabeza. Si eso es sostenibilidad o es lo que hay, lo dirá el primer plan bianual de 2026. De momento, la única cifra que se cita es la del barril: 58 dólares.