La España de Aznar: milagro económico o burbuja inflada
El relato del milagro económico español entre 1996 y 2004 vuelve a la palestra. Un sector sostiene que aquella fue la única época en que las clases medias accedieron a vivienda asequible, contratos indefinidos y formación de familias. Otro responde que aquel crecimiento se cimentó sobre una burbuja inmobiliaria y crédito fácil que estallaría después. La discusión, lejos de zanjarse, expone una fractura profunda sobre qué se entiende por prosperidad y a quién benefició realmente.
El relato del milagro: vivienda barata y empleo estable
Quienes defienden aquella etapa dibujan un país donde un camarero podía mantener una familia con un solo sueldo. Se argumenta que en 2001 un camarero ganaba 150.000 pesetas al mes, equivalente a unos 2.500 euros actuales, y que las parejas de 25 años accedían a hipotecas sin ahogarse. La natalidad era alta, la inmigración controlada y la delincuencia mínima. El Estado y las autonomías sorteaban viviendas sociales en estadios abarrotados. Todo eso, dicen, se acabó.
La tesis central es que aquel modelo era sostenible y que fue saboteado. Se llega a afirmar que el atentado del 11M fue el instrumento para frenar una España imparable. Esa lectura, sin embargo, no resiste el contraste con los datos que otros esgrimen.
La burbuja que ya estaba en marcha antes de 2004
La contraargumentación es contundente: la burbuja inmobiliaria comenzó en 1999, no después. Los tipos de interés bajos tras la crisis alemana y la facilidad de crédito alimentaron una espiral de precios que el gobierno no frenó. Se firmaban hipotecas al 100% del valor del inmueble. Los pelotazos urbanísticos no eran exclusivos de un partido; tanto el PP como el PSOE se lucraron de ellos, según se sostiene.
El crecimiento, por tanto, no fue un milagro de gestión sino un efecto de la entrada en el euro y del crédito barato. Cuando el grifo se cerró, la resaca fue proporcional al exceso. La crisis de 2008 no fue un accidente exógeno: fue la consecuencia lógica de una década de endeudamiento.
¿Fue Aznar el responsable de la burbuja inmobiliaria?
No hay consenso. Unos señalan que las liberalizaciones y la construcción masiva respondían a una necesidad real de vivienda en un país que crecía. Otros replican que la subida de precios fue internacional y que el gobierno no podía controlarla. La verdad es que la política económica de aquellos años —privatizaciones, entrada en el euro, flexibilización del suelo— creó el caldo de cultivo. Pero atribuir todo el mérito o toda la culpa a un solo hombre simplifica un fenómeno global.
Lo que sí parece claro es que la riqueza de aquellos años no se repartió por igual. Los salarios decentes se concentraron en la construcción y sectores adyacentes; el resto de la economía quedó rezagado. La prosperidad fue real para muchos, pero también frágil.
El legado: una década perdida y una nostalgia peligrosa
Hoy, cuando se evoca aquella España, se olvida que el desmantelamiento industrial y la dependencia del ladrillo ya venían de antes. La entrada en el euro eliminó la política monetaria propia y ató el país a los tipos del BCE. La inmigración masiva que algunos critican ahora fue fomentada entonces para sostener el boom constructor.
La nostalgia por los años de Aznar es, en parte, nostalgia por una juventud con expectativas. Pero confundir aquel espejismo con un modelo sostenible es un error que ya pagamos caro. La pregunta no es si se vivía mejor, sino si aquello era real o simplemente una burbuja que aún no había explotado.
¿Volveremos a ver algo parecido? Probablemente no. Y quizá sea lo mejor.