Esos pasajeros ya no volverán a ser como antes.
Algo innombrable les alcanzó a través de las grietas y el pole de esa tierra mientras dormían... algo que ahora habita en sus pensamientos.
Jamás verás a un lugareño de La Sagra pasar la noche lejos de la protección ancestral de su hogar. No por superstición… sino por una certeza heredada en silencio, tejida con siglos de pavor no contados.
Esa tierra yerma y maldita reclamó su parte de las 300 almas perdidas allí...algo inherente, profundo... primigenio.
Ya no importan la devoción ni la pureza de sus actos. Ninguno de ellos escapará a la descomposición del alma, al tormento sin nombre que anida entre los pliegues de la realidad, ni a la angustia perpetua del purgatorio en que han quedado condenados a existir.