Trenes varados en La Sagra: 318 pasajeros sin agua ni aire
Cuatro trenes de alta velocidad quedaron detenidos en la comarca toledana de La Sagra y unos 1.000 pasajeros pasaron la noche sin luz, sin aire acondicionado y sin agua, según los tuits citados en el debate. Uno de los convoyes, con 318 personas a bordo, permaneció inmóvil hasta que fue remolcado a las 7 de la mañana. Una mujer de 84 años tuvo que ser trasladada al hospital de Toledo por una insuficiencia respiratoria. La pregunta que se plantea es por qué no se desplegó un operativo de rescate en doce horas.
El ministro de Transportes, Óscar Puente, ha convertido la gestión ferroviaria en un ejercicio de fe, ironizan algunos participantes. Sus declaraciones sobre que la libertad de moverse en coche a cualquier parte no existe han envejecido como la leche en un vagón sin refrigeración, según comentan. Mientras tanto, los trenes siguen parándose y los pasajeros siguen tirando de móvil para avisar a sus familias de que siguen vivos. La edad de oro del tren en España, ironizan algunos, se parece demasiado a la del Transiberiano en hora punta.
La noche que Renfe no supo gestionar
Los hechos son tozudos. Un AVE Madrid-Málaga y varios Ouigo quedaron bloqueados en un tramo vallado de alta velocidad, sin escapatoria posible. Los pasajeros no podían bajar a la vía, no había andén, no había pueblo a menos de varios kilómetros. Según los mensajes del hilo, la empresa no activó un operativo de rescate: ni autobuses, ni trenes diésel de auxilio, ni siquiera una botella de agua. Los bomberos y la policía brillaron por su ausencia. La única solución fue esperar a que una máquina remolcadora llegara al amanecer.
Hay quien sostiene que la causa fue un enganche de catenaria, un fallo recurrente que se repite con demasiada frecuencia. Otros apuntan a caídas en las subestaciones de tracción. Lo cierto es que Renfe y Adif no han explicado con claridad qué ocurrió ni por qué no se desplegó un plan de contingencia, según se desprende del material. La sensación de abandono fue total. «Corre el aire por la noche, así que no se quéjen», escribió alguien con retranca. La solidaridad no era el fuerte.
El sálvese quien pueda como política de transporte
La gestión de la crisis dejó en evidencia algo más profundo: la falta de previsión. En La Sagra hay talleres enormes y se podría tener una locomotora diésel de guardia, sostienen algunos participantes. No se hizo. Los trenes de la serie 730 pueden circular con gasoil en tramos sin catenaria, pero nadie los envió, según los mensajes. La excusa de la complejidad técnica no cuela cuando el problema se repite. El resultado es un servicio que promete alta velocidad y entrega noches en vela.
El malestar no se limita a los pasajeros. Hay quien ve en esto una muestra de la degradación general del país. «Que en menos de 5 años pillar un tren haya pasado de ser una cosa normal a lanzar una moneda al aire para si llegas o no a tu destino es la mayor prueba de la degradación absoluta de España», resume una opinión recurrente. La ironía se mezcla con la resignación: «No tendrás nada, y serás feliz», parafraseando el eslogan que algunos atribuyen al Foro de Davos.
Óscar Puente y la libertad de moverse en coche
El ministro Óscar Puente declaró que «¿Libertad para ir en coche a cualquier parte? Ese derecho no existe». La frase, pronunciada en otro contexto, se ha convertido en un meme involuntario, según los comentarios. Si la libertad de moverse en tren implica pasar la noche sin agua en un vagón, quizá el ministro debería replantearse su escala de prioridades, ironizan algunos. La oposición pide su dimisión, pero el Gobierno mira hacia otro lado, según se afirma en el hilo.
La gestión de Puente al frente de Transportes acumula incidentes, según los participantes. Desde el accidente en el túnel que incomunicó Atocha con Chamartín hasta los constantes fallos en las infraestructuras, la sensación es la de un ministerio que va a remolque de los acontecimientos. La pregunta que planea es si alguien dimitirá. La respuesta, por ahora, es no.
La próxima vez que un tren se quede varado en mitad de la nada, los pasajeros harían bien en llevar agua, comida y una linterna. Porque el rescate, si llega, lo hará con la misma puntualidad que el AVE. Y mientras tanto, el ministro seguirá explicando que la libertad no existe. Al menos, no para los 318 que pasaron la noche en La Sagra.