El Ebro sube un 3% en tres días mientras media España tirita
El frío de diciembre no es noticia. Lo es que el pantano del Ebro haya ganado más de un 3% de agua en tres días y se acerque ya a la media de los últimos diez años, cuando el año anterior llegaba a estas fechas en chasis. La misma semana en que Zaragoza amanece con 6 de máxima y 1 de mínima, Reinosa se levanta nevada y la vertiente norte del Pirineo acumula 120 centímetros en 48 horas, el campo del norte de la meseta lleva dos años sin poder pasar por el barro. Agua y hielo, el mismo temporal.
Cuánta nieve ha caído y dónde
Los datos que se manejan en el seguimiento del episodio son de los que se recuerdan:
120 centímetros acumulados en la vertiente norte del Pirineo en 48 horas, con aviso de que va a seguir nevando. En la cornisa cantábrica la precipitación entra del norte, tras hacerlo el día anterior del noroeste, y a final del día amaina en Cantabria mientras arrecia en Asturias y León. Reinosa ha amanecido nevada. En la montaña palentina, Barruelo, también.
La consecuencia hídrica es la parte que menos se comenta. El pantano del Ebro ha subido
más de un 3% en tres días y se acerca a la media de los últimos diez años, según el seguimiento de los embalses de la cuenca. El año pasado, por estas fechas, estaba en chasis. Y aún queda lo que suelte la nieve de alrededor cuando se derrita.
El termómetro que no cuadra con el relato
Hay un pulso abierto sobre si este frío es normal. Un bloque de opiniones sostiene que no hay nada extraordinario:
5 o 6 grados en diciembre, un bajo cero en mitad del mes, se ha visto siempre. Otro recuerda que en un pueblo de Teruel, hace 30 años, hubo que guardar el coche en cochera porque al amanecer el termómetro bajó a
-15, y que en la franja 2000-2012 era habitual volver de una cena de empresa a las tantas y coger el coche a -4 o -5. En Murcia, en cambio, se esperaban 12 de máxima y se subraya que eso no se veía desde hacía muchos años.
El contraste se agrava cuando se mira al sur. Mientras medio país tirita, en el Mediterráneo se advierte de un temporal de lluvia que un meteorólogo ha calificado de «apocalipsis», con acumulaciones que podrían superar en dos semanas lo que llueve en un año entero y peores que las de la DANA de Valencia. La misma Península, dos catástrofes opuestas.
Por qué el frío de diciembre se ha convertido en un asunto político
El episodio ha reabierto la discusión sobre el cambio climático con una lógica circular que ya cansa. Hace cuatro días había sequía y calentamiento global; ahora, ola de frío. Quien niega el fenómeno lo usa como prueba de que todo es un negocio:
terrorismo climático, lo llaman, con la ironía de que los registros existen y cualquiera puede mirarlos. Quien lo defiende responde que un invierno frío no contradice una tendencia de fondo, y que precisamente la alteración del régimen de precipitaciones es lo que produce sequías e inundaciones en el mismo año.
El detalle que descoloca es que ambos bandos tienen razón en algo. Los registros de los ochenta muestran inviernos más duros, sí. Y los de la última década muestran un patrón de precipitaciones más errático, también. Lo que no hay es un solo dato que explique por qué el pantano del Ebro sube un 3% en tres días mientras el campo del norte lleva dos años sin poder pasar.
Con estos mimbres, lo razonable es esperar que el episodio se resuelva en agua, no en titulares. La nieve del Pirineo acabará en el Ebro, el temporal mediterráneo descargará donde le toque y el termómetro volverá a lo que toca en enero. Lo que no volverá es la sensación de que algo se ha descolocado: un país que discute si hace frío en diciembre mientras el embalse que abastece media cuenca sube tres puntos en 72 horas.