China reescribe su mapa y devuelve a Vladivostok el nombre de Haishenwai
Diez días. Ese es el margen que separa el plan de paz de doce puntos que Pekín presentó el 24 de febrero, primer aniversario de la invasión rusa de Ucrania, del mapa mundial con el que el Ministerio de Recursos Naturales chino devolvió a Vladivostok su antiguo nombre:
Haishenwai, bahía de pepino de mar. En el mismo documento oficial, la isla de Sajalín vuelve a aparecer como
Kuyedao y la cordillera Stanovoy recupera la denominación de Cordillera Exterior Xing'an.
El plan de paz pide a las partes un alto el fuego y un diálogo para resolver el conflicto por vías políticas. No aclara, en cambio, si Moscú debería retirar sus tropas de la región de Donbás. La combinación de ambas señales —una diplomacia que evita nombrar la retirada y un mapa que reabre la herida territorial del siglo XIX— es lo que ha puesto el foco sobre el flanco más incómodo de la alianza entre Pekín y Moscú.
Qué cambia el nuevo mapa del Ministerio de Recursos Naturales
La nueva versión del mapamundi, publicada el
14 de febrero, recupera los nombres chinos de ocho ciudades y áreas ocupadas por el Imperio Ruso a finales del siglo XIX y principios del XX. No es un cambio de fronteras ni una reclamación formal, pero sí un gesto cargado de intención: la toponimia oficial es, en
China, una herramienta política de primer orden.
El detalle que desactiva parte de las críticas es que el documento no ha tocado los nombres en inglés. Vladivostok sigue siendo Vladivostok en la versión anglófona. Esa asimetría explica por qué el Kremlin no ha emitido todavía una queja formal: formalmente, el mapa no altera la denominación internacional de nada.
Los 1,7 millones de km² que Pekín no ha olvidado
El columnista Ou Hanzong sostenía el 20 de febrero que el pueblo chino perdió
1,7 millones de kilómetros cuadrados de territorio a manos del Imperio Ruso y de la Unión Soviética, mediante tratados desiguales firmados desde finales del siglo XIX. En esa cuenta entran lo que hoy es el Lejano Oriente ruso, Mongolia y algunas zonas de los actuales Kirguistán y Kazajistán.
Artículos de este tipo han circulado antes por internet, incluso en momentos de acercamiento económico con Moscú. La diferencia ahora es el soporte: no es una columna suelta, es un mapa de un ministerio. Recuperar los nombres antiguos, sostiene esta línea de opinión, mantiene vivo el recuerdo de lo perdido.
¿Por qué China no exige a Rusia que se retire de Donbás?
El comunicado dedica varios párrafos a culpar a la expansión de la OTAN del conflicto y a las sanciones occidentales de su escalada. «La seguridad de un país no debe lograrse a expensas de la de otro», reza el texto. El embajador chino ante la ONU, Dai Bing, añadió que el envío de armas no traerá la paz y solo prolongará el sufrimiento de la población civil.
El analista político hongkonés Simon Lau Sai-leung considera poco relevante pedir conversaciones de paz sin pedir la retirada. El motivo es doble: el presidente ruso,
Vladímir Putin, no piensa retirarse, y el ucraniano, Volodímir Zelenski, no se sentará a negociar mientras haya tropas rusas en Donbás. La Asamblea General de la ONU aprobó ese jueves su resolución no vinculante con 143 votos a favor, 7 en contra y 32 abstenciones, entre ellas la de China. Xi Jinping tenía previsto pronunciar un discurso el viernes. No lo hizo.
Siberia: la carta que Occidente guarda en el cajón
El debate sobre el alcance real de la maniobra china se divide. Una corriente sostiene que la prioridad de Pekín sigue siendo Taiwán y que su enemigo estratégico es Estados Unidos, con la guerra comercial y la memoria de la invasión japonesa como telón de fondo. Otra responde que Rusia es la única potencia que no ha descolonizado territorio chino, mientras que Occidente devolvió Hong Kong.
En contra pesa un argumento jurídico clásico: reabrir fronteras por la fuerza —o por la memoria— sienta un precedente que perjudica a cualquiera con reclamaciones pendientes, empezando por el propio Pekín en el mar de China Meridional. También se discute la demografía: se afirma que en Siberia no hay población china han, sino coreanos, manchúes y mestizos, lo que debilita la tesis de una minoría oprimida con derecho a intervención.
La cordillera Stanovoy, convertida ahora en Cordillera Exterior Xing'an, es una barrera natural que cae del lado chino y que da salida directa al Pacífico. A eso se suma el frente de las Kuriles y la reclamación japonesa. Mientras, en el plano comercial, la plataforma AliExpress dejó de vender drones de DJI y Autel a compradores rusos: al abrir la ficha del producto, el cliente ve un mensaje de artículo no encontrado.
El relato más repetido en los últimos años, el de una alianza sin fisuras contra Occidente, empieza a mostrar costuras. Un mapa no derriba un Gobierno, pero fija por escrito lo que un país piensa de su vecino. ¿Cuánto tiempo puede sostener Pekín esa doble contabilidad —alto el fuego para Rusia, nombres imperiales para su propio mapa— sin que ninguna de las dos partes pase factura?