Mujeres que inventaron algo: del wifi a la fisión nuclear
Hedy Lamarr, estrella de Hollywood y belleza memorable, patentó junto al pianista George Antheil un sistema de salto de frecuencia que hoy se considera uno de los fundamentos del wifi y de otros protocolos de comunicación inalámbrica. No inventó el wifi, pero sin aquel mecanismo de espectro ensanchado —el frequency hopping— la historia de la conectividad sería otra. La pregunta que abrió el asunto era sencilla: ¿qué mujeres han inventado algo asombroso? La respuesta, a lo largo de más de mil días de conversación, ha ido mucho más allá de los dos o tres nombres de siempre.
Hedy Lamarr y el salto de frecuencia que no era wifi
La actriz austriaca, nacionalizada estadounidense, es el caso más citado. Su patente, registrada con Antheil, describía un sistema para evitar la interceptación de señales mediante saltos sincronizados de frecuencia. Hay quien sostiene que el wifi tal y como lo usamos hoy no bebe directamente de aquel diseño: el estándar primigenio 802.11 empleó FHSS, pero desde entonces el ensanchamiento de espectro se logra con OFDM, una técnica distinta. La patente de Lamarr tampoco tiene relación con la modulación por desplazamiento de fase, como a veces se repite. El nombre que sí aparece ligado a esa tecnología es el de John P. Costas, que derivó la teoría en su tesis y cuya contribución, junto a la de otras diez personas, se considera decisiva.
Agnes Pockels, la autodidacta que midió la tensión superficial
Menos conocida y probablemente más determinante para la ciencia básica. Agnes Pockels, sin formación universitaria, inventó el primer aparato para medir la tensión superficial y sentó las bases de la ciencia de superficies. Su historia es la de alguien que, desde una cocina, construyó instrumentos que luego usarían laboratorios de todo el mundo. En la misma lista aparecen Katharine Burr Blodgett, Lise Meitner —clave en la explicación de la fisión nuclear— y Ada Lovelace, que vio los fundamentos del algoritmo antes de que existiera la computación propiamente dicha.
Marie Curie y la disputa sobre el mérito compartido
Ningún nombre genera más división. Una parte de los intervinientes defiende que Pierre Curie llevaba más de una década investigando la radiactividad —término que aún no existía— y que había descubierto la piezoelectricidad con su hermano Jacques antes de que Marie llegara a su laboratorio. Otra parte recuerda que ambos compartieron el Nobel, que ella lo ganó después en solitario y que su hija Irène también lo obtuvo junto a su marido, además de morir de cáncer por la exposición al radio. La polémica sobre quién hizo qué sigue abierta, sin que ninguna de las dos versiones se haya impuesto.
Isabel la Católica y otras inventoras de naciones
La conversación derivó hacia terrenos menos científicos. Hay quien atribuye a Isabel I de Castilla la invención de la nación que antes fue imperio, primer caso en la historia según esa lectura. Otros matizan que quien realmente sostuvo la regencia fue Fernando y que Isabel, si pisaba la meseta en determinado momento, estaba muerta. La discusión sobre el matrimonio, sobre Maquiavelo y sobre el modelo de reina medieval frente al rey moderno ocupa varios tramos del intercambio.
El 1% y la brecha de reconocimiento
El dato más repetido, y también el más discutido: según un cálculo que circula en el debate, las mujeres suponen alrededor del 1% de los inventos y descubrimientos registrados. No hay consenso sobre si esa cifra refleja una capacidad distinta, una exclusión histórica del acceso a la formación y a las patentes, o una mezcla de ambas. Lo que sí aparece con claridad es que los nombres que se citan de memoria son siempre los mismos dos o tres, y que al tirar del hilo aparecen muchos más. Irene Valenzuela, experta en Swampland, o Hildegarda de Bingen, en otro registro completamente distinto, engrosan la lista.
La cifra que descoloca no es el 1%. Es que, después de más de mil días de discusión, los nombres que la mayoría sería capaz de recitar sin ayuda siguen siendo Marie Curie y, con suerte, Hedy Lamarr.