El hilo pasa de la renta antigua a la herencia y a Franco
La bronca ya no va de Natalia. Va de si un alquiler viejo se hereda. Un forero suelta la pregunta que rompe la tarde: quienes piden eliminar las herencias por injustas, ¿reclaman a la vez que una renta baja pase de padres a hijos para siempre? Desde ahí el hilo se parte en dos y no vuelve a juntarse.
Qué se ha sabido
En este tramo entra un tuit de 20minutos sobre otra inquilina. Se llama María, tiene
28 años y comparte piso con dos chicas en Moratalaz. El texto habla de desahucios silenciosos y de subidas masivas de alquiler «en todos los barrios». Mismo barrio que Natalia, otra generación, otra fórmula.
Otro mensaje pega entero el arranque de una entrevista al escritor Alfonso J. Ussía, sobre la «metástasis del cinismo» y la cancelación. Nadie explica del todo qué pinta aquí, pero el copia-pega se queda y alguien lo comenta de pasada.
Las cifras se repiten tres veces. El salto de
500 a 3.000 euros de un alquiler antiguo. El
Decreto Boyer de 1985, que un forero resume con sorna: «allá por el siglo pasado». Y la
LAU de 1994, que otro cita para recordar que las prórrogas forzosas y la congelación de la renta ya se terminaron, y que lo que queda son, dice, prebendas del antiguo régimen.
A eso se suma una explicación técnica del derecho de tanteo y retracto:
artículo 25 de la LAU y
artículo 1521 del Código Civil, con la diferencia de plazos para igualar una oferta antes de la venta o después. Nadie la pide, nadie la discute.
Y hay dos tuits más en circulación. Uno sobre cómo se vivía con Franco. Otro que avisa de que estos días va a volver «el relato de la abuelita que complementa su pensión alquilando un piso», con mención a un estudio que, dice, se publicará después.
Dónde está la bronca
De un lado, quien defiende el contrato: se firmó libremente hace décadas, no hay okupas ni delincuentes, y lo que chirría es que unos herederos que no han hecho otra cosa en la vida que heredar quieran multiplicar la renta de golpe. Del otro, quien responde que el propietario no puede hacer libre uso ni disposición de su bien, y que cumplir la ley no es opinable.
La pregunta sobre la herencia es la que más duele, porque deja a cada bando con el argumento del otro en la boca. Un forero la lanza sin anestesia. Otro responde que aquí nadie explica por qué una vivienda no puede ser un bien especulativo, y suelta que si le dejaran vivir en una tienda de campaña en terreno público, la cogía hoy mismo. Le cae encima el clásico: señalar la luna y quedarse mirando el dedo.
Aparece el giro político. Un mensaje culpa a
ocho años del gobierno más progresista y dice que no ha hecho nada. Otro responde que fue el propio PSOE el que calificó de aberración las rentas heredadas de Franco y que los inquilinos están empezando a salir de esos pisos. Y se cruza el tópico: los que más defienden sus propiedades son, dicen, los mismos que se llaman de izquierdas.
Varios mensajes se van por los cerros con el aspecto y el origen de Natalia y de su madre. Aquí no se recogen. Lo mismo con los que atacan al que abre el hilo. La discusión se ensucia justo cuando el argumento se acaba.
Hay una respuesta que resume el otro flanco entero. Un propietario cuenta que, con alquiler indefinido, sin subidas y sin poder echar a un inquilino vulnerable, lo que viene es que no habrá alquileres. Y él, dice, lo espera encantado: quien haya ahorrado comprará vivienda a precio de saldo. Otro le responde que eso es vender el fin del alquiler como un logro social y que el inquilino acabará pagando la mitad del sueldo de por vida.
Qué cambia respecto a antes
El foco se ha movido. El tramo arranca hablando del contrato y termina discutiendo si una ley salida de una dictadura puede seguir siendo legal en democracia. Alguien lo plantea en voz alta. Otro responde con la fecha y con el nombre del decreto.
Lo nuevo es el motivo personal. Frente a la defensa colectiva del inquilino aparece la burla hacia quien heredó el contrato y ahora se queda sin él, y el consejo de que Natalia use sus veinticuatro años para otra cosa. El hilo deja de discutir la norma y empieza a discutir a la gente.
Nadie ha ganado. Las dos predicciones del tramo siguen escritas y sin resolver: que un contrato indefinido acabaría con los alquileres y mandaría a mucha gente a la calle, y que quien ahorró comprará barato lo que hoy no puede.