Musk repite un gesto que se compara con el saludo nazi en la investidura de Trump
Elon Musk lo volvió a hacer. Durante el desfile presidencial de la investidura de Donald Trump, el dueño de X y Tesla se llevó la mano al pecho y estiró el brazo derecho en dos ocasiones. El gesto, comparado por algunos con el
Sieg Heil de la Alemania de los años treinta, desató un incendio en redes sociales. La Cadena SER lo calificó como «lo que parece un saludo fascista». Las risas y los memes no tardaron en llegar: desde el «magia» hasta el «tremendo troll», pasando por quien recordó al Dr. Strangelove de Kubrick. La escena, breve, se convirtió en el símbolo de una investidura que ya venía cargada de simbolismo.
¿Qué hizo exactamente Elon Musk en el desfile?
El gesto fue interpretado por una parte de los observadores como un saludo nazi: golpe en el pecho con la mano derecha y extensión del brazo hacia adelante. No una, sino dos veces. La comparación con el saludo nazi fue inmediata. «El golpe en el pecho y después estirar el brazo derecho es el Sieg Heil 100%», sostiene una corriente de análisis que no ve margen a la interpretación. Otros, en cambio, lo atribuyen a un espasmo, a un tic nervioso o a una simple broma. «Ha sido magia», ironizaba uno de los mensajes más repetidos. La discusión se inflamó en cuestión de minutos.
La escena no fue aislada. Ocurrió en el marco de un desfile presidencial, con Trump recién investido, y con Musk en un papel protagonista. El contexto amplificó cada fotograma. Los medios generalistas se hicieron eco de inmediato, y el asunto saltó de las redes a los titulares. La pregunta que sobrevoló el debate: ¿fue un error, una provocación calculada o una señal?
La defensa: «Es una troleada para que los progres rabien»
Una parte del análisis sostiene que Musk no hizo un saludo nazi, sino una parodia. «Es una troleada para que los progres rabien muy fuerte por redes sociales», resume una de las posturas más repetidas. La teoría del troll encaja con el historial del empresario: provocar, medir la reacción y capitalizar la atención. Para esta corriente, el gesto no es una declaración ideológica, sino un ejercicio de cinismo digital. «Si no dice Heil Hitler a la vez que hace el gesto, no sería el saludo nazi oficial», apunta otro mensaje, buscando el matiz técnico.
La defensa se apoya también en la comparación con gestos de la izquierda. «Los rojos están todo el puto día con el puñito haciéndolo todo serios y no pasa nada», se argumenta. La doble vara de medir se convierte en el escudo perfecto. Para esta corriente, la indignación selectiva es el verdadero problema, no el brazo de Musk.
La acusación: «Es el Sieg Heil, no un saludo random»
La otra mitad del debate no acepta matices. «Musk no ha hecho un saludo nazi en general, ha hecho el Sieg Heil», sentencia una de las voces más citadas. La distinción no es baladí: el Sieg Heil es el saludo oficial del partido nazi, no una variante informal. El golpe en el pecho antes de extender el brazo es la secuencia exacta que se usaba en los mítines de Núremberg. Para esta corriente, no hay espacio para la broma.
El contexto histórico se invoca con frecuencia. «Esos espasmos eran tremendamente comunes en Alemania en los años 30, luego no sé qué pasó pero se curaron», ironiza un mensaje que mezcla sarcasmo y advertencia. La memoria del siglo XX se convierte en argumento. La pregunta implícita: ¿hasta dónde se puede normalizar un gesto antes de que deje de ser una broma?
El negocio detrás del ruido
Más allá del simbolismo, el episodio tiene una lectura económica. Musk controla X, Tesla y Starlink, y su influencia sobre la opinión pública es un activo. Cada provocación genera atención, y la atención se monetiza. «Se va a forrar a costa de los propios americanos que lo han votado», apunta una de las lecturas más repetidas. La indignación ajena es, para esta corriente, parte del modelo de negocio.
La investidura de Trump abre un ciclo de políticas que afectan a aranceles, energía y regulación. Musk, como aliado del nuevo presidente, tiene intereses directos en esos frentes. El gesto, sea broma o señal, desvía la atención de lo sustancial: los nombramientos, los decretos y el rumbo económico. «Nos va a hacer cachitos a los europeos y se los va a dar de comer», bromea un mensaje que mezcla humor y preocupación.
La grieta que no se cierra
El debate no se resolvió. Unos vieron un espasmo, otros una declaración. La Cadena SER tituló «lo que parece un saludo fascista»; en redes, el gesto se convirtió en meme, en bandera y en arma arrojadiza. La polarización hizo el resto: cada bando encontró en el episodio la confirmación de lo que ya pensaba.
Queda la escena. Un hombre en un desfile presidencial, la mano en el pecho, el brazo extendido. Dos veces. Y una pregunta que planea sobre todo lo demás: ¿fue una broma pesada o el inicio de algo más? Con Musk, nunca se sabe. Esa es, precisamente, su mejor activo.