El dólar blue cae por debajo del oficial: el fin de la brecha cambiaria
El dólar blue arranca la jornada por debajo del dólar oficial: se vende a 1040. La noticia, difundida en redes, ha desatado un debate sobre si el fin de la brecha cambiaria certifica el éxito del plan económico de Milei o es solo un espejismo temporal. El mercado paralelo, que durante años marcó el pulso real de la economía argentina, cotiza ahora por debajo del tipo oficial, una anomalía que muchos califican de histórica y que otros atribuyen a la manipulación del tipo oficial.
El dato que rompe el relato
Durante años, el dólar blue fue el termómetro de la desconfianza. Su cotización reflejaba el valor que los argentinos daban a su moneda cuando el Gobierno fijaba un tipo oficial artificialmente bajo. Ahora, ese mismo mercado paralelo se vende a
1040, por debajo del oficial. La brecha cambiaria, ese diferencial que llegó a superar el 100%, se ha cerrado. Para los defensores del Gobierno, es la prueba de que el ajuste funciona:
«ya no hace falta cepo alguno», sostienen. Para los escépticos, el tipo oficial sigue fijado artificialmente y la paridad solo refleja que el blue se ha desplomado por falta de demanda.
El crawling peg, la devaluación continua del peso, sigue en pie. Hay quien argumenta que, si se elimina, la inflación podría desplomarse hasta el 0%. Otros advierten de que sin ese mecanismo el tipo oficial se apreciaría en términos reales y la competitividad exportadora se resentiría. La discusión no es menor: Argentina lleva décadas alternando entre tipos fijos que revientan y flotaciones que se descontrolan.
¿Qué ha pasado con el dólar blue?
El blue ha dejado de ser el refugio de los ahorradores. Con el oficial por encima, comprar en el mercado paralelo carece de sentido. La demanda se ha secado. Ese es el mecanismo que explica la paridad: no es que el peso se haya fortalecido, es que el blue ha perdido su función. Quienes operaban en la informalidad ahora encuentran mejor precio en el mercado formal, lo que reduce la presión sobre el paralelo.
La consecuencia inmediata es que el Gobierno puede presumir de haber unificado el tipo de cambio sin una devaluación traumática. La consecuencia a medio plazo es menos clara. Si el oficial se mantiene por encima del blue, el Banco Central debe sostener esa cotización con reservas. Y las reservas, en Argentina, siempre han sido un recurso finito.
El ajuste que nadie quiere reconocer
El debate deriva rápidamente hacia el gasto público. La motosierra, el recorte indiscriminado que Milei aplicó nada más llegar, ha reducido el déficit. Los defensores del plan lo presentan como la prueba de que el problema argentino nunca fue la falta de recursos, sino el exceso de gasto.
«Decían que no había dinero, pero hay dinero en cuanto dejan de robarlo», resume una de las frases más repetidas, atribuida a Bukele.
Los críticos señalan que el ajuste ha tenido un coste social. La pobreza, que el Gobierno recibió en torno al
49%, se ha mantenido en niveles similares, según las cifras que maneja el oficialismo. El argumento de que el país se encamina hacia una reducción sostenida de la pobreza choca con la lentitud de la mejora. Los salarios reales tardan en recuperarse y el consumo interno sigue deprimido.
La sombra del FMI y el regreso de los inversores
El siguiente capítulo se juega en Washington. Hay quien sostiene que el cepo podría levantarse en el primer trimestre de
2025 si se aceleran los fondos del FMI y Argentina recupera el grado de inversión. Es una apuesta arriesgada. El FMI no ha desembolsado aún el grueso del programa y las condiciones siguen siendo exigentes.
Mientras tanto, el mercado celebra la caída del riesgo país. Argentina pagaría menos por su deuda que hace un año, un cambio que algunos califican de alucinante. La comparación con España se cuela en la conversación: si el país reduce su prima de riesgo por debajo de la española, el símbolo sería difícil de digerir para más de uno.
El modelo que divide a los economistas
El experimento argentino no tiene precedentes recientes. Un Gobierno que aplica un programa liberal en un país con décadas de intervencionismo a cuestas. La eliminación de impuestos a la importación, la desregulación del taxi o la intención de usar inteligencia artificial para reducir el Estado son piezas de un mismo puzle. Los defensores lo ven como una vacuna contra el populismo: una vez que los argentinos comprueben que funciona, votarán lo mismo aunque Milei se vaya.
Los críticos advierten de que el modelo depende de la estabilidad política. Argentina tiene elecciones en
2025 y el peronismo sigue siendo una fuerza competitiva. Si el ajuste no se traduce en mejoras visibles antes de los comicios, el giro podría revertirse. La historia argentina está llena de reformas que empezaron con entusiasmo y acabaron en el olvido.
El dólar blue por debajo del oficial es un dato. Lo que no está claro es si certifica el fin de la brecha o solo el fin de la demanda de blue. Con el crawling peg en pie y las reservas bajo vigilancia, la paridad cambiaria es un equilibrio frágil. El mercado puede tardar poco en ponerlo a prueba.