Milei gana las primarias y el dólar trepa de 615 a 730 pesos
Javier Milei ha ganado las elecciones primarias argentinas y el mercado no ha esperado a la cita definitiva de octubre para moverse. En los mismos días en que el libertario confirmaba su victoria, el dólar paralelo pasaba de
615 pesos el viernes a
725 el martes, y en la siguiente actualización se plantaba en
730. La inflación de agosto se estimaba por encima del
15% mensual, y ya hay quien habla abiertamente de otra hiperinflación, con previsiones que rondan el
200% anual. Sobre esa alfombra ardiente se ha montado el otro gran debate: qué es exactamente Milei.
Desde posiciones liberales se insiste en que se trata de un
radical liberal, no de un fascista ni de un integrista religioso, y que su encaje ideológico está más cerca del liberalismo clásico que del conservadurismo de misa. La discusión tiene su miga porque una de sus primeras medidas anunciadas, si llega al poder, es trasladar la embajada argentina en Israel de Tel Aviv a Jerusalén. Un gesto que no casa con la etiqueta de populista improvisado y sí con una hoja de ruta bastante definida.
¿Qué es Milei, liberal, ultraliberal o ultraderecha?
La etiqueta se ha convertido en campo de batalla. En televisión pública se le ha llamado
ultraliberal,
ultraconservador,
ultraderechista y
extrema derecha en menos de un minuto, según recoge el propio seguimiento del asunto. Para una parte del análisis, esa acumulación de adjetivos es la prueba de que el término se usa como arma y no como descripción.
Hay quien sostiene que, para cierto progresismo, extrema derecha es todo aquello que cuestione la inmigración descontrolada o pretenda reducir el tamaño del Estado, porque toca la mamandurria de unos y el relato de otros. En la orilla opuesta, otro bloque lo califica de
anarco-capitalista y considera un fenómeno notable que un perfil así gane unas elecciones en Argentina. Ni una cosa ni la otra resuelven la pregunta de fondo: qué hará con el poder.
El dólar que se dispara antes de contar los votos
Los números cuentan la película mejor que los adjetivos. La cotización del dólar pasó de 615 pesos el viernes a 725 el martes, y la actualización posterior la dejó en 730. En paralelo, la estimación de inflación para agosto superaba el 15% mensual y la previsión para el conjunto de 2023 se colocaba en el 200%, un terreno donde el término hiperinflación deja de ser una hipótesis de tertulia.
El detalle importa: el problema argentino no es solo que el peso valga poco, es que nadie se fía de él. Cuando alguien puede ahorrar, lo hace en dólares, dentro o fuera del país. Sin libertad cambiaria no hay forma seria de atraer inversión extranjera directa, y ese es el primer muro con el que choca cualquier plan de estabilización. El desglose completo de la escalada, cotización a cotización, deja un cuadro que explica por qué el mercado se movió antes que los políticos.
Dolarizar Argentina: la promesa que nadie sabe ejecutar
Milei sabe qué hay que hacer en Argentina. El problema es que nadie sabe cómo hacerlo. Levantar el cepo, eliminar los planes sociales y dolarizar la economía suena a receta cerrada, pero el tránsito entre el anuncio y la realidad es el que puede llevarse por delante a un gobierno. El cálculo más optimista asume que en quince años el país vuelve a ser una potencia; el pesimista no descarta una guerra civil por el camino.
Frente a la dolarización aparece la objeción clásica: entregas la política monetaria a la Reserva Federal y te conviertes en dependiente de quien imprime. Es el argumento que se repite cada vez que un país mira al dólar como ancla, y Argentina lleva décadas siendo el laboratorio de todos esos ensayos.
Milei, VOX y la Carta de Madrid
La victoria ha reabierto la discusión sobre los parecidos de familia en España. Milei figura entre los primeros firmantes de la
Carta de Madrid contra el socialismo, un documento que lo alinea con la órbita de VOX y de Santiago Abascal, aunque aquí el propio partido ha sido etiquetado de ultrafascista hasta hace cuatro días. La coherencia de las etiquetas, una vez más, brilla por su ausencia.
En el terreno económico, la segunda fuerza más votada, Patricia Bullrich, promete también levantar el cepo el primer día. Es decir, el programa duro no es patrimonio de un solo candidato: es lo que una parte relevante del electorado argentino ha decidido votar tras años de deterioro. La pregunta es si el sistema político y la calle aguantan el ajuste.
Lo que nadie ha resuelto
Queda el dato que descoloca a propios y extraños: hace 150 años Argentina era el primer país del mundo en renta per cápita. Hoy la discusión no es cómo volver a esa posición, sino si el experimento liberal sobrevive a los primeros meses sin que el país se rompa por dentro. Milei tiene el diagnóstico, tiene el mandato y no tiene el manual. Ahí se atasca todo, y ahí sigue la historia, sin desenlace y sin red.