Milei gana un tercio de los votos y el bloque contrario suma el 65%
Un tercio de los votos. Con ese resultado, Javier Milei se coloca en condiciones de disputar la presidencia de Argentina y confirma que su programa —cerrar el banco central, meter mano a la economía, deshacerse del peso y clausurar la agenda de género— ha dejado de ser una ocurrencia televisiva. Frente a él, el bloque que en el debate se etiqueta como estatus quo socialista reúne el
65% de los sufragios. La aritmética no da para ganar, pero tampoco para olvidar. Y la pregunta que sobrevuela todo el asunto es incómoda: qué se vota cuando lo que hay enfrente lleva décadas gestionando el desastre.
Qué propone Milei: cerrar el banco central y dolarizar
El núcleo de su programa económico cabe en dos frases: eliminar el banco central y sustituir el peso por el
dólar. Tampoco es una novedad regional. El Salvador, Ecuador y Panamá ya operan dolarizados, y en el caso salvadoreño la dolarización es anterior a Bukele: él no la cambió, y el experimento posterior del bitcoin no va bien por ahora. Frente al peso argentino, el dólar o el euro son
oro con incrustaciones, resume una de las intervenciones más citadas del asunto.
El problema es que dolarizar no es un interruptor. Implica renunciar a la política monetaria y atarse a lo que decida otra institución. Hay quien sostiene que Argentina ya no tiene nada que perder en ese terreno porque su moneda lleva años destruyendo salarios, y hay quien responde que entregar la última palanca de política económica sin reservas suficientes convierte el ajuste en una caída libre.
La ley de detección de cardiopatías congénitas que rechazó
Una de las polémicas más repetidas es su respuesta a un periodista sobre su voto contrario a una ley para la detección temprana de cardiopatías congénitas. Su defensa, según lo que se le atribuye, es que no apoyará una norma que obligue a practicar pruebas a todas las embarazadas en hospitales públicos: quiere que sean voluntarias y financiar la demanda —que el paciente elija y no el proveedor— para no engordar estructuras controladas políticamente.
Los datos que manejan sus críticos son estos: la afección aparece en
1 de cada 400 fetos y es grave en el 20% de los casos, lo que equivale a 1 de cada 2.000. Contra ese argumento choca la radiografía del sistema sanitario que describen algunos participantes: guantes que se reesterilizan varias veces, quirófanos con azulejos desprendiéndose y hospitales que no cubren la medicación básica. La discusión real no es la ley, sino si un Estado así puede obligarse a nada nuevo.
Cuánto pesa de verdad el voto liberal en Argentina
Aquí está el dato que descoloca. Si del 30% de votos obtenidos una quinta parte acaba aceptando ideas liberales moderadas, el suelo ideológico pasaría del
3% al 6%: el doble en un solo ciclo, según el cálculo que plantea un participante. En España, la población con ideas liberales moderadas no llega al 10%. Es decir, Milei puede perder todas las votaciones parlamentarias y aun así haber movido la ventana de lo decible más que cualquier partido institucional en veinte años.
Convertibilidad, Menem y el fantasma de los noventa
El precedente pesa como una losa. La convertibilidad sirvió para sostener un modelo de relaciones preferentes con Estados Unidos que acabó explotando y dejó al país en manos del FMI, según los testimonios de quienes afirman haber vivido aquel ciclo. De ahí el miedo recurrente: que el ajuste liberal se convierta en otra fantasía tropical que estalle y deje a los ciudadanos pagando la factura durante medio siglo.
Hay quien sostiene que el país ya está en ese suelo, con
un 50% de pobreza y una inflación por encima del 100%, y que empeorar es técnicamente difícil. Y quien responde que ese mismo argumento es el que ha permitido encadenar gobierno tras gobierno sin cambiar nada.
El espejo español: camareros a 1.000 euros
La comparación con España aparece una y otra vez, casi siempre desde la amargura. Se argumenta que el liberalismo destruyó lo heredado y dejó un país de camareros e ingenieros cobrando 1.000 euros al mes, aunque desde esa misma crítica se replica que precisamente los países que hoy se citan como ejemplo —Corea, Japón, Singapur, la propia España hasta 1978— se industrializaron protegidos antes de abrirse. La conclusión que se extrae: el libre comercio se abraza cuando ya tienes algo que vender.
Queda la cuestión que nadie cierra. Con un tercio de los votos, un programa que rompe el tabú monetario y una oposición que suma el 65%, el resultado no está escrito. Y la factura, sea quien sea el que la firme, se paga igual.