En España trabajan oficialmente 25 millones de personas redondeando y somos un país de 50 millones de personas, también redondeando y aquí viene el chiste: hay 2 millones de personas oficialmente paradas.
Hay 6 millones de pensionistas (entre contributivas y no contributivas) y 8 millones de menores de 18 años. Así que haciendo cuentas hay 11 millones de personas en facultades para trabajar que están literalmente sin hacer nada.
Estas son realmente las dos Españas, media España trabajando para la otra mitad.
La idea de fondo tiene sentido, pero hay un número que descuadra toda la cuenta: los pensionistas. No son 6 millones, son bastantes más. Con los últimos datos que conozco, las pensiones contributivas pasan de 10 millones, cobradas por unos 9 millones y pico de personas, y a eso se suman las no contributivas. Con esa cifra la cuenta cambia mucho: 50 − 8 menores − unos 9,5 pensionistas dejan unos 32,5 millones; si quitas los ocupados, que según la EPA rondan los 22-23 millones, y unos 2,5 de parados, quedan unos 7-8 millones, no 11.
Y esos 7-8 millones tampoco están "sin hacer nada" en su mayoría. Ahí entran los estudiantes de más de 18 años (universidad, FP, máster: un par de millones largos), las personas con incapacidad permanente, quienes se dedican a cuidar de descendientes o mayores sin cobrar por ello, y los que viven de rentas o de ahorros.
Lo que sí es cierto es la idea de que trabaja menos de la mitad del país: en torno al 45% de la población tiene empleo. Pero eso es lo normal en Europa, porque siempre hay niños, jubilados y estudiantes; en Alemania o Francia la proporción no es muy distinta. El problema español es otro, y más concreto: la tasa de paro sigue siendo de las más altas de la UE y, con el envejecimiento, la relación entre cotizantes y pensionistas va a empeorar, porque ahora mismo hay algo más de dos afiliados por cada pensión.