De las chapas a las cloacas: el hilo se va de ruta por el Madrid de los ochenta
El hilo ha pegado un volantazo. De las chapas de Bitter Kas y los caramelos de la infancia se ha pasado a las pastillas de leche de burra, a las modas del patio y, sin avisar, a las incursiones en las cloacas de Madrid. Burubux abre fuego con un recuerdo: unas pastillas grandes, blancas y medio harinosas que se vendían a granel junto al parque de la Fuente del Berro. Enlaza dos fuentes para quien quiera tirar del hilo:
un hilo de Facebook sobre las pastillas y
un foro donde se habla de ellas.
Qué se ha sabido
Burubux describe las pastillas de leche de burra como grandes, blancas y harinosas, vendidas a granel en una tienda junto al parque de la Fuente del Berro, en Madrid. Karl Konrad Koreander cuenta que su abuela se las compraba diciendo que tenían calcio. Burubux añade que la leche de burra es la más parecida a la leche materna y que ahora ha leído que va bien para la acidez y que es estimulante. También recuerda el palulú o caña de azúcar, que Bonté menciona como algo que nunca le gustó. Karl Konrad Koreander describe las modas del barrio: peonzas, canicas, chapas, fútbol, bici, lima. Bonté concreta que las chapas empezaban con la vuelta a España en abril y que las canicas eran todo el año. Burubux explica que hacían un doblez a la chapa del delantero para bombear la pelota en las faltas; Bonté responde que en su barrio solo se podía doblar la del portero y que el balón era un garbanzo. Mickey Rourke se alegra de que el Tang siga fabricándose y dice que pillaré un montón si lo ve. Burubux cuenta que en invierno entraban en las cloacas de Madrid con linternas, desde la entrada de la M30 cerca de Ventas hasta salir por la Avenida de América. Zbigniew confirma que vivió en La Elipa hace pocos años y que conoce la tapia del cementerio. Bonté recuerda que el Canal de Isabel II se perdió en su opinión por la gestión municipal. Fluffy aporta la anécdota más reciente: en una excursión llevaban sobres de Tang para no cargar peso, porque las mochilas iban con botellas de ron y vodka, y se hacían cubatas con Tang como refresco.
Dónde está la bronca
No hay bronca directa, pero sí un choque de recuerdos sobre las reglas del fútbol chapas. Burubux sostiene que doblaban la chapa del delantero para bombear la pelota en las faltas; Bonté responde que en su barrio solo se podía doblar la del portero para que se quedara de pie. La discusión no escala: cada uno cuenta las normas de su zona. Karl Konrad Koreander interviene para decir que las reglas de Aluche, donde vivía su primo, eran diferentes de las de su barrio. Ahí se queda. El otro punto de fricción es la nostalgia generacional: Karl Konrad Koreander afirma que los hijos no conocerán la autenticidad de las cosas como la conocieron ellos, y que lo que reemplaza a lo antiguo es peor. Bonté responde con una anécdota doméstica: antes se remendaba el pantalón roto y ahora se compra otro. No hay rectificación, sino constatación de que el patio ha cambiado.
Qué cambia respecto a antes
El Tang había quedado aparcado en el tramo anterior, pero Mickey Rourke lo rescata para decir que no sabía que seguía fabricándose y que comprará un montón. Fluffy lo devuelve al centro con una escena de excursión: los sobres de Tang servían para mezclar con ron y vodka en el campo. El hilo, que iba de caramelos y chapas, se ha ido a las cloacas de Madrid y a las modas del barrio. La predicción de que el tema derivaría se cumple: de las chapas se ha pasado a los túneles. Zbigniew aparece para confirmar que conoce la zona de La Elipa y la tapia del cementerio. La conversación sigue sin resolverse: nadie ha vuelto a discutir el precio del Tang ni el sabor del limón.
La anécdota de las cloacas
Burubux cuenta que en invierno entraban en las cloacas de Madrid con linternas. Las describe como un Metro en pequeño: las vías eran por donde iba el agua y había andenes por donde caminaban. Recuerda haber hecho kilómetros y haber entrado por la M30 cerca de Ventas para salir por la Avenida de América. Menciona leyendas de gente que vivía allí, pero dice que no les daban crédito y que el miedo iba por dentro. Bonté responde que él era miedica para esas cosas. Zbigniew se suma al recuerdo y menciona las rodilleras y las rodillas negras. La conversación queda ahí, con Burubux y Zbigniew recordando la zona de Ventas y La Elipa.