Abascal respalda a ultras que boicotearon el minuto de silencio por la DANA
El líder de Vox, Santiago Abascal, ha salido en defensa de los seguidores ultras del Maccabi Tel Aviv que protagonizaron disturbios y boicotearon el minuto de silencio en recuerdo a las víctimas de la DANA en Valencia durante el partido de Europa League contra el Ajax en Ámsterdam. A través de sus redes sociales, Abascal ha declarado: «Todo mi apoyo a @geertwilderspvv en su demanda de deportación de todos los autores del pogromo contra los seguidores del Maccabi de Tel Aviv en Ámsterdam. El islamismo es una amenaza existencial para Occidente». La reacción no se ha hecho esperar y ha reabierto la brecha sobre a quién beneficia realmente el discurso de la ultraderecha española.
Qué pasó en Ámsterdam y por qué Abascal se pronuncia
El incidente se produjo tras el partido en el estadio Johan Cruyff. Los ultras del Maccabi Tel Aviv, que ya habían provocado disturbios y coreado consignas antipalestinas, boicotearon el minuto de silencio en honor a las víctimas de las inundaciones en Valencia. Según un vídeo difundido en redes, la afición del Maccabi y los ultras sionistas del equipo rompieron el silencio con cánticos. Según un participante, aprovechando el minuto de silencio, un sector de la grada se puso a cantar en inglés «Palestine will be Free» y «from the river to the sea», y los israelíes contestaron. Para algunos participantes, todo estaba organizado para montar una movida gorda contra los israelíes; para otros, la respuesta israelí fue la que rompió el homenaje.
Abascal no ha condenado ese boicot. Al contrario, ha respaldado la petición del ultraderechista neerlandés Geert Wilders, que calificó lo ocurrido como «una cacería de judíos» y pidió medidas enérgicas contra los grupos propalestina involucrados en los enfrentamientos posteriores al partido. El Ministerio de Asuntos Exteriores español condenó las agresiones a los aficionados del Maccabi y rechazó el antisemitismo «en cualquier lugar y bajo cualquier circunstancia», un gesto que algunos participantes leen como un intento de no desairar a Israel mientras el Gobierno mantiene su discurso pro palestino.
El debate sobre si Vox es disidencia o sistema
La posición de Abascal ha servido para que una parte del electorado crítico con el sistema vuelva a preguntarse qué representa Vox. Una corriente sostiene que un partido conservador, proamericano y proisraelí es de lo más sistémico que hay en Occidente, y que su papel de «disidencia» es puro marketing. Otros van más lejos y afirman que Vox es «disidencia controlada igual que lo fue Podemos», y que el eje izquierda-derecha ya no explica nada: «España es un narco estado corrupto hasta la médula, empezando por la corona y acabando por el último concejal de Villaconejos de Arriba».
En esa línea, hay quien recuerda que Vox carga de boquilla contra la Agenda 2030 y ahí acaba su «disidencia». El argumento que más se repite es que Abascal sirve a intereses ajenos a España: «VOX = ISRAEL», resume un mensaje. Y otro añade: «El muy mucho patriota español solo sirve a los intereses de Sión». La acusación no es nueva, pero el episodio del minuto de silencio le ha dado un envoltorio concreto: los ultras a los que defiende se mofaron de los muertos de Valencia.
El choque de víctimas: Valencia, Ámsterdam y el doble rasero
El punto más incómodo del asunto es que Abascal defiende a quienes faltaron al respeto a las víctimas españolas. «Si esos judíos del maccabi ultrajan la memoria de nuestros muertos, yo me cago en todos los suyos hijosdeperra», escribe un participante. La frase, con toda su crudeza, resume una indignación que trasciende ideologías: el minuto de silencio era por los muertos de la DANA, no por un conflicto importado. Y sin embargo, la conversación derivó hacia Oriente Medio.
Hay quien intenta separar los planos: «Los seguidores del Macabi son subnormales y el equipo debe ser sancionado. Los propalestinos directamente son unos proterroristas que deben ser encarcelados». Otros consideran que el episodio demuestra que a Vox «se la sudan los muertos en Valencia» y que solo utiliza la tragedia cuando le conviene. La discusión sobre el doble rasero se mezcla con la sospecha de que el Gobierno de Sánchez también juega esa carta: «Sánchez es pro Hamas», se llega a afirmar, en un intento de explicar la respuesta israelí como venganza por la posición española tras los atentados de octubre.
Qué se juega Vox con este respaldo
El cálculo electoral es incierto. Por un lado, Vox consolida su perfil proisraelí y se alinea con la ultraderecha europea, un bloque en el que Wilders es referencia. Por otro, asume el coste de defender a unos ultras que boicotearon un homenaje a víctimas españolas, un gesto que puede restar en un electorado patriota que no entiende de geopolítica pero sí de respeto a los muertos. La pregunta que sobrevuela es si ese electorado premia la coherencia ideológica o castiga la falta de empatía con lo propio.
La evolución del asunto dependerá de si el episodio se queda en anécdota de grada o se convierte en símbolo. De momento, ha servido para que algunos votantes de Vox empiecen a mirar con recelo el discurso del partido sobre «los enemigos de España». Y para que otros tantos reafirmen que el problema no es Vox, sino un sistema que ofrece las mismas caras cada ciclo electoral. Con estos mimbres, es probable que el debate se apague en unos días y vuelva a encenderse en el próximo partido con bandera israelí en la grada. Aunque, viendo cómo se las gastan, tampoco apostaría demasiado a que no haya otro episodio antes.