Geert Wilders gana Holanda con 35 escaños y busca coalición
¿Basta con ganar unas
elecciones para cambiar la política de un país? El PVV de Geert Wilders se impuso en las elecciones de Países Bajos con
35 escaños, 18 más que en 2021, según los resultados preliminares, muy por delante de sus dos rivales en una carrera a tres que se esperaba ajustada. Los últimos sondeos antes del voto le daban 28. El veterano político de 60 años celebró el resultado entre vítores y pidió a las demás formaciones sentarse a negociar: «el votante ha hablado. Estamos hartos y vamos a asegurarnos de que el holandés vuelva a ser lo primero». El Parlamento neerlandés reparte
150 escaños, así que la aritmética manda.
Qué ha pasado en las elecciones de Países Bajos
El PVV, formación de derecha euroescéptica y crítica con la inmigración, se convierte en el primer partido del país y abre la puerta al primer primer ministro nuevo en 13 años. Wilders llega al resultado tras una carrera política que arranca en 1998 y con un programa que incluye
prohibir mezquitas, el Corán y las escuelas islámicas, además de un referéndum sobre la permanencia en la Unión Europea. También se declara amigo de Israel y ha defendido que las embajadas se trasladen a Jerusalén.
El triunfo llegó después de que un sondeo de la radiotelevisión estatal lo situara en cabeza por un solo escaño, algo que en su propio entorno nadie esperaba esa misma mañana. En la noche electoral, el líder del PVV cargó contra lo que llamó «tsunami del asilo» y tendió la mano a otras fuerzas para gobernar. La pelota, ahora, está en los despachos.
Por qué el voto agrario ha sido clave
El otro nombre de la jornada es el partido de los agricultores, que, según un cálculo que circula en el debate,
pasa de 1 a 7 escaños y multiplica por siete su presencia. Detrás del vuelco está el malestar del campo: una parte del sector sostiene que las normas europeas sobre huella de carbono están forzando el cierre de explotaciones agrícolas y ganaderas, y que la política medioambiental se ha aplicado sin medir su coste económico. Las medidas concretas que, según ese mismo relato, reclaman esas familias figurarían en el programa de Wilders, que se habría comprometido a dárselas.
Es el ejemplo de manual de cómo una normativa pensada para un objetivo global se convierte en un problema local de caja. Quien pierde la explotación no vota verde: vota a quien le prometa no cerrarla.
¿Puede gobernar Wilders con 35 escaños de 150?
No en solitario. Con 150 escaños en la Cámara, 35 dan para liderar el relato, no para aprobar leyes sin socios, y los pactos neerlandeses suelen tardar meses. Hay quien anticipa un gobierno de coalición con medidas migratorias más suaves de lo prometido, y quien recuerda el precedente italiano: la llegada al poder de Giorgia Meloni no desmontó la política europea de asilo, y las iniciativas más ambiciosas quedaron en
cosmética por los límites de Bruselas.
El Nexit exige referéndum y una negociación que nadie ha detallado. En contra juega la propia estructura económica del país, integrada en el mercado único. A favor, el argumento de que sin mayoría suficiente el programa se quedará a medio camino. La tercera vía que se comenta es más terrenal: usar el resultado como moneda de cambio para arrancar concesiones en asilo y en el presupuesto europeo.
El nombre del primer ministro que no salió de las urnas
En Países Bajos el jefe de gobierno no se vota directamente, y en las horas siguientes al recuento circuló el nombre de
Dick Schoof, ex jefe de los servicios de inteligencia, como candidato preferido para encabezar el gabinete. Una analista neerlandesa lo llamó «Mr. Deepstate» en un mensaje difundido en redes y advirtió de que el escenario era malo para quien esperaba un giro de guion. El episodio resume la desconfianza de una parte del electorado: se vota cambio y el sillón acaba en manos de un perfil técnico.
Conviene ser prudente. Se trata de un nombre en fase de propuesta, con la investidura todavía por delante, y nada garantiza que llegue al final del proceso.
La economía holandesa que no depende del resultado
Holanda es pequeña en territorio y pesada en balanza comercial. Buena parte de su negocio es la logística y la reexportación: importa producto, lo envasa, lo reetiqueta y lo vuelve a sacar al mundo, lo que explica que se le atribuya ser uno de los primeros exportadores agrícolas del planeta. Salir del mercado único rompería ese modelo, y ahí es donde el discurso choca con la caja registradora. El país cuenta además con activos industriales de peso en semiconductores, con ASML como referencia, según se señaló en el debate.
A ese cálculo se suma otro más incómodo: hay residentes extranjeros, jubilados incluidos, que cobran prestaciones del sistema neerlandés —se mencionan cifras en torno a 960 euros para casados y 1.400 para solteros— mientras el coste de sostenerlas se discute en cada campaña. No es un asunto nuevo, pero explica por qué el votante mira la factura además del discurso.
El reflejo español
En España el resultado se leyó como parte de una ola que recorre Europa: Italia, Finlandia, Hungría y ahora Países Bajos. Frente a esa lectura, otra corriente sostiene que estos gobiernos cambian menos de lo que prometen porque el marco europeo ata las manos, y que la prueba estará en los primeros presupuestos. También se discute el efecto de la inmigración sobre los salarios bajos, argumento que se usa tanto para pedir controles como para exigir mejores condiciones en agricultura o hostelería.
Y una advertencia que se repite: si el electorado premia a quien promete cerrar la puerta y la puerta sigue abierta, el desgaste no lo paga Bruselas, lo paga el que prometió.
Ganar y gobernar son dos verbos distintos. Wilders tiene los titulares, la primera posición y una lista de deseos que depende de otros. Los holandeses, mientras, seguirán pagando sus pensiones y manteniendo sus diques, que funcionan sin mayoría parlamentaria.