Máster en ICADE por 20.000 euros: ¿el precio lo dice todo?
¿Puede un máster en ICADE costar menos de la mitad que uno en IE y estar al mismo nivel? Esa es la pregunta que flota en el aire cuando un futuro alumno descubre que el máster de la Universidad Pontificia Comillas ronda los 20.000 euros, mientras que en IE Business School no bajan de 40.000. La diferencia es tan abrupta que, en cualquier mercado, el producto caro desaparecería. Pero esto son másters, no tomates.
El abismo de precios: 20.000 frente a 40.000 euros
El dato es tozudo: un máster en ICADE cuesta menos de 20.000 euros, según la consulta de un potencial alumno. En IE, el mínimo son 40.000. En IESE y ESADE, cifras similares. La primera reacción es pensar que el barato es peor. Hay quien sostiene que ICADE vende un producto de menor calidad, una especie de máster low cost que no abre las mismas puertas. El argumento se apoya en que las escuelas de negocios de pago (IE, IESE, ESADE) compiten en un segmento premium y su precio filtra a clientes con poder adquisitivo o empresas que financian. ICADE, en cambio, se percibe como una universidad tradicional con másters de relleno.
Selección y reputación: ¿dónde está el truco?
Pero la historia tiene matices. En carreras de grado, ICADE e ICAI son consideradas entre las mejores de España, especialmente en Derecho y Dirección de Empresas (E3) e Ingenierías. La selección de entrada es dura; un conocido se quedó fuera el año pasado. Sin embargo, para los másters, el proceso de admisión parece menos exigente, lo que alimenta la sospecha de que no están al mismo nivel. Otro sector del análisis va más allá: asegura que los másters, con o sin enchufe, no garantizan nada. Que sirven para que “el hijo de papi” luzca un título, pero que sin contactos el retorno es escaso. En ese caso, pagar 40.000 euros sería una inversión aún más dudosa.
El debate deja una conclusión incómoda: que el precio de un máster no siempre refleja su valor real, sino el poder de marca y la capacidad de captar empresas dispuestas a pagar la factura de sus empleados. Al final, el mercado de másters funciona como el de vinos: el precio no garantiza calidad, pero nadie se arriesga a catar el barato.