Vox rescata a Fernando Paz, el historiador que cuestionó los juicios de Núremberg
¿Qué lleva a un partido a recuperar a una figura pública que ya tuvo que apartar por sus polémicas declaraciones? Esa es la pregunta que planea sobre la reciente decisión de Vox de volver a promocionar al historiador Fernando Paz, a quien en 2019 retiró como cabeza de lista al Congreso por Albacete tras conocerse que ponía en duda los juicios de Núremberg y defendía las terapias de conversión para homosexuales. Ahora, según publica El País, Paz ha sido reintegrado en los canales oficiales del partido: participó en el campus juvenil de la familia europea de Vox, figura como profesor en una escuela de formación vinculada a la formación y desde diciembre es patrono de honor de una organización españolista cofundada por Santiago Abascal.
Un historial que vuelve a primera plana
La comunidad judía española ya había acusado a Paz de negacionismo del Holocausto. Su regreso no ha pasado desapercibido: mientras unos lo celebran como un acierto para «desmontar bulos históricos», otros recuerdan que el propio partido lo apartó hace apenas cinco años. La controversia se aviva con datos paralelos: según se ha señalado, la ley Gallardón de 2015 concedió la nacionalidad española a más de 72.000 descendientes de judíos sefardíes, un proceso que cerró en octubre de 2019 con más de 153.000 solicitudes. Este dato es utilizado por algunos para argumentar que la crítica a Paz sería selectiva, aunque el debate deriva rápidamente hacia ataques personales y descalificaciones.
Las contradicciones del relato
Lo curioso del asunto es que, entre quienes defienden a Paz, hay quien sostiene que el partido al que votan está «propiedad de Israel y los judíos americanos», una contradicción que no parece incomodar a nadie. Otros directamente niegan que Paz sea antisemita o negacionista, pese a las acusaciones documentadas. Mientras, los críticos lamentan que Vox vuelva a abrazar a alguien que debería ser lastre, no activo.
El regreso de Fernando Paz es, en definitiva, una apuesta que Vox lanza a su base más ideológica. Pero la jugada tiene riesgos: reaviva un perfil que ya costó votos y que choca con la necesidad de moderación que algunas corrientes del partido reclaman. Veremos si esta vez el pegamento aguanta o si, como en 2019, acaba desintegrándose en contradicciones.