Marruecos y la incompetencia de Napoleón

Marruecos y la incompetencia de Napoleón
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

La política exterior española hacia Marruecos parece navegar entre concesiones y gestos contradictorios, generando tensiones diplomáticas y dejando en el aire la explicación de la estrategia seguida. La relación entre España y Marruecos atraviesa un momento de particular complejidad, marcado por decisiones que generan fricciones y una aparente falta de coherencia estratégica.

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La política exterior española hacia Marruecos parece navegar entre concesiones y gestos contradictorios, generando tensiones diplomáticas y dejando en el aire la explicación de la estrategia seguida.

El delicado equilibrio diplomático

La relación entre España y Marruecos atraviesa un momento de particular complejidad, marcado por decisiones que generan fricciones y una aparente falta de coherencia estratégica. Uno de los puntos álgidos recientes ha sido la concesión de la nacionalidad española a los saharauis nacidos antes de 1977. Este movimiento, que busca reconocer a una parte de la población del antiguo Sáhara Español, ha sido interpretado por Rabat como una afrenta directa, un gesto que choca frontalmente con la postura marroquí sobre la región.

Esta situación se produce en un contexto donde España ha dado un giro a su posición histórica en el Sáhara Occidental, reconociendo la iniciativa de autonomía marroquí. Si bien la lógica de integrar el territorio bajo soberanía marroquí podría ser defendida, la ausencia de contrapartidas claras para España ha sido objeto de debate. La posibilidad de haber negociado un acuerdo integral, que incluyera la españolidad de Ceuta, Melilla y los islotes adyacentes a cambio del reconocimiento del Sahara, parece haberse desvanecido, dejando a España en una posición percibida como de desventaja.

La sombra de Argelia y la importancia de la presencia real

La tensa relación con Marruecos se ve complicada por la dinámica geopolítica regional, especialmente por el enfrentamiento histórico entre Marruecos y Argelia. La próxima Reunión de Alto Nivel con Argelia, la primera en dieciséis años, prevista para finales de octubre de 2026, se perfila como un evento diplomático crucial. Este encuentro se produce en un momento de alta tensión entre ambos países magrebíes, y su éxito o fracaso podría tener repercusiones significativas en la estabilidad del Norte de África y en la propia política exterior española.

En este escenario, la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla adquiere una relevancia especial. Estos territorios, históricamente puntos de fricción, requieren una atención diplomática cuidadosa, especialmente ante la posibilidad de que Marruecos reaccione de forma contundente, como ya ocurrió hace diecinueve años cuando llamaron a consultas a su embajadora tras una visita de los Reyes eméritos. La ausencia de una relación tan estrecha entre los actuales monarcas como la que existía entre Mohamed VI y Juan Carlos I subraya la necesidad de gestos firmes y diplomacia activa para mantener la calma y el respeto mutuo.

Datos clave
  • Octubre de 2026: próxima Reunión de Alto Nivel con Argelia.
  • 19 años: tiempo transcurrido desde la última visita de los Reyes a Ceuta y Melilla.
  • 1977: año límite para el nacimiento de saharauis que pueden optar a la nacionalidad española.
  • 30 de julio: fecha de la invasión de Ceuta por parte de Marruecos.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

Eric Finch

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Jovenlandia y la gestión del ministro de Asuntos Exteriores​

13/09/2026

Ramón Pérez-Maura-El Debate
  • Después de tensionar a Rabat con la nacionalidad de los saharauis, lo siguiente en el radar es la Reunión de Alto Nivel –es decir, la cumbre bilateral– en Madrid con Argelia a finales de octubre. Una cita que no se da desde hace dieciséis años
Sospecho que la gestión de nuestro todavía ministro de Asuntos Exteriores en el caso de Jovenlandia es mejorable. Lo que allí estamos viendo pone de manifiesto tanto su falta de acierto profesional como la falta de atribuciones en esa carpeta de su ministerio que lleva personalmente Pedro Sánchez. Recuérdese que la famosa carta reconociendo España la posición de Jovenlandia en el Sahara la aprobó directamente Moncloa después de recibirla y sin consultar al ministro. Ni a las Cortes. Ni informar al Rey.

Todos somos plenamente conscientes de la posición de España ante nuestro vecino, pero seguimos sin tener una explicación clara de a qué se debe esa posición. Casi todos asumimos que es por el pinchazo de Pegasus en su móvil, pero me decía esta semana quien tiene razones para saberlo, que no le parece probable un burdo chantaje porque si Jovenlandia siguiera esa vía, España podría responder con las mismas armas contra el Rey de Jovenlandia. Y me decía que el CNI tiene mucha munición.

La cuestión es que por una parte España mantiene una posición ante el país que invadió Ceuta el 30 de julio y por otra le ofende un día sí y otro también. Es decir, los ceutíes son carne de cañón. Por ellos no se mueve un dedo. Pero en otras materias a Jovenlandia se le pone firme. El jueves pasado se aprobó la nacionalidad española para los saharauis nacidos antes de 1977. Patada en la entrepierna de Jovenlandia. Y eso lleva a otra reflexión. Sánchez dio un cambio radical a la posición histórica de España en el Sahara. Personalmente siempre he creído que lo lógico era que ese territorio terminase bajo soberanía ingenieros. Pero no gratis.

Lo que España debería haber hecho –de no tener un traidor en Moncloa y un incompetente en Santa Cruz– es firmar un tratado con Jovenlandia por el que se reconociera la ingeniero del Sahara a cambio de que Jovenlandia aceptase la españolidad de Ceuta, Melilla y sus islotes y peñones adyacentes. Pues no. Jovenlandia se llevó todo a cambio de nada. No paramos de mejorar.

Después de tensionar a Rabat con la nacionalidad de los saharauis, lo siguiente en el radar es la Reunión de Alto Nivel –es decir, la cumbre bilateral– en Madrid con Argelia a finales de octubre. Una cita que no se da desde hace dieciséis años. Es bien sabido el enfrentamiento constante entre ambos países joven. Es un repruebo infinito. Y de hecho el origen de la oleada turística de Ceuta puede estar en la visita de Sánchez a Argel durante unas horas el 20 de julio.

Y para completar estos desencuentros el ministro debería estar dedicado en cuerpo y alma a calmar las aguas de cara a la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla. Ya se sabe que eso es siempre una causa de choque, pero ahora más que nunca es imprescindible la presencia del Rey. Por las razones que sea, la relación de Felipe VI y Mohamed VI no es tan estrecha como la que tuvo el ingenieros con Juan Carlos I. Todos recordamos verlos llorar juntos ante el féretro de Hassán II. Pero es imprescindible el gesto de la visita del Rey. Y Jovenlandia puede llamar a consultas a su embajadora, cosa que ya hizo cuando Don Juan Carlos y Doña Sofía visitaron Ceuta y Melilla hace 19 años. Pero cosa que Sánchez no hace ni cuando un ministro tras otro reivindica la ingeniero de las plazas españolas en el Norte de áfrica. Ni cuando lo hacen ante su Rey. Comprendan que no me queda más remedio que insistir: no paramos de mejorar.
 

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