El dilema de España ante un ataque de Marruecos a Ceuta y Melilla
La hipótesis de un conflicto armado con Marruecos ha dejado de circular solo por los mentideros de política exterior. Marruecos lleva años comprando material militar estadounidense, ha reclamado aguas territoriales que España considera propias y ha utilizado las aduanas de Ceuta y Melilla como palanca de presión comercial. Sobre ese suelo, una encuesta planteada en términos de escenario bélico preguntaba qué debería hacer España ante una nueva marcha verde, esta vez menos pacífica. El resultado dibuja más grietas que certezas.
El precedente de Perejil y el escaparate armamentístico
El punto de partida es un historial de roces. El episodio de Perejil, la reclamación de aguas territoriales y el pulso en las aduanas de las dos ciudades autónomas perfilan un patrón que se repite cada cierto tiempo. Marruecos no es aliado de pleno derecho de la OTAN, pero figura entre los países socios de la Alianza y compra armamento estadounidense de forma sostenida. Ese doble papel —cliente de Washington y vecino con reclamaciones territoriales— es el nudo que nadie sabe desatar.
El artículo 5 y las plazas que quedarían fuera
Aquí empieza el primer desacuerdo serio. Una parte del análisis sostiene que Ceuta y Melilla no entran en la protección del artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, mientras que Canarias sí quedaría cubierta por su condición de territorio insular. La lectura contraria recuerda que las tres plazas son territorio español y, por tanto, europeo. De ese detalle depende que una crisis se quede en incidente fronterizo o escale a conflicto abierto con terceros países implicados.
Quién se alinearía con quién
Los escenarios que se barajan coinciden en lo esencial: Washington no dejaría de proteger a un socio comercial como Marruecos por una disputa territorial ajena a sus intereses directos. Hay quien añade a Francia e Israel en el lado marroquí, y a Argelia, Mauritania o el Frente Polisario en el español, cada uno con sus propias reivindicaciones territoriales. Ninguna de esas alianzas es gratuita. Todas llevan precio.
42 batallones frente a la brecha de percepción
El contraste militar es el terreno más resbaladizo. Frente a la confianza en que la fuerza aérea española podría neutralizar los aeropuertos marroquíes antes de que despegaran sus aviones, otras voces —con conocimiento directo de las Fuerzas Armadas— describen un ejército lastrado por estructuras burocráticas y mandos más cómodos con el expediente que con el terreno. Al otro lado de la frontera se atribuyen a Marruecos 42 batallones curtidos durante cuatro décadas de operaciones en Argelia y el Sáhara. La asimetría de percepciones es, quizá, más peligrosa que la de medios.
El coste económico y el factor interno
Todo conflicto hipotético choca con la aritmética. La balanza comercial entre España y Marruecos arroja saldo favorable a España, según los datos que manejan los analistas. Al mismo tiempo, en territorio español residiría al menos un millón de personas de origen marroquí, y el rey Mohammed VI controlaría en torno al 90% de la bolsa de su país, con más de veinte palacios en su haber. Cerrar la frontera, imponer un embargo o congelar inversiones suena contundente en un titular. Calcular el daño real de cada medida es otra cosa.
En el tramo final, la atención se desplazó a la investigación sobre una supuesta implicación marroquí en la trama de votos de Melilla y a los saltos masivos en la frontera de Ceuta. El análisis se atasca siempre en el mismo punto: nadie sabe qué haría Washington si dos de sus socios colisionan, y ninguna de las partes implicadas ha dado una respuesta pública que resista el escrutinio.