La OTAN creció al este sin que ningún tratado lo prohibiera
Ningún documento citado en el debate impide que la
OTAN sume nuevos miembros. El compromiso que Moscú invoca desde hace años —que Occidente no avanzaría «ni una pulgada al este»— no aparece en ningún texto ratificado, y esa ausencia explica buena parte del pulso actual. Lo que sí se firmó en 1990 fue el Acuerdo Dos más Cuatro:
solo obligaba a no desplegar tropas de la Alianza en el territorio de la antigua Alemania Oriental, una cláusula que se ha venido cumpliendo. El Acta de Cooperación OTAN-Rusia de 1997 va en la dirección contraria: reconoce la soberanía de cada firmante y su libertad para aliarse con quien quiera.
Según esta lectura, la ampliación no fue un incumplimiento de contrato. Fue una decisión política. Y ahí empieza la discusión de verdad.
Qué firmó el acuerdo 2+4 de 1990 y qué dejó fuera
El Acuerdo Dos más Cuatro, suscrito por las dos Alemanias y las cuatro potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial, cerró la reunificación alemana. Su contenido militar se limita a la restricción de despliegues en el este del país.
Nada sobre futuras ampliaciones. Quien sostiene la tesis contraria recurre a las conversaciones de pasillo previas a la firma, a los
chascarrillos entre negociadores, para defender que existió un pacto verbal que nunca llegó al papel.
El problema de ese argumento es que un pacto verbal, cuando se convierte en doctrina, deja de ser verbal. Y en 1997 había una ocasión perfecta para dejarlo por escrito.
El argumento que Yeltsin nunca invocó ante Clinton
Las transcripciones de las conversaciones entre Borís Yeltsin y Bill Clinton recogen a un presidente ruso intentando convencer a su homólogo estadounidense de que frenara la expansión de la Alianza.
En ningún momento cita un acuerdo informal de 1990. Si ese compromiso hubiera existido, era el argumento definitivo, y no lo usó. Quien rebate la tesis del pacto añade que Mijaíl Gorbachov desmintió también su existencia. La parte contraria responde con otra pregunta: por qué entonces Yeltsin insistía tanto. El desglose de esos diálogos está disponible en el análisis de referencia, y ahí se aprecia el tono exacto de la negociación.
Minsk, Merkel y el bulo del engaño
Los acuerdos de Minsk se firmaron en dos tandas: septiembre de 2014 el primero y febrero de 2015 el segundo, con trece puntos. No había cláusula que le prohibiera a Ucrania rearmarse. Años después, unas declaraciones de Angela Merkel en las que describía Minsk como
un intento de prevenir la guerra fueron difundidas en medios rusos como una confesión: la canciller habría admitido que todo fue una treta para ganar tiempo. El texto dice lo que dice, y una interpretación forzada no es una cita.
Por qué los países vecinos entran en la OTAN
Suecia y Finlandia han entrado en la Alianza, y un participante sostiene que Moldavia y Georgia entrarán a medio plazo. Un participante sostiene que casi todos los Estados que estuvieron bajo el paraguas de Rusia o la URSS en algún momento de su historia quieren entrar en la OTAN y en la UE. Una corriente lo explica por seguridad pura; otra, por interés económico y por los fondos que llegan de Bruselas. Ahí aparece un dato incómodo para el relato más idealista:
entre 2004 y 2019 salieron de Polonia 160.000 millones de euros hacia empresas ubicadas en Países Bajos, Reino Unido, Luxemburgo y Alemania mediante ingeniería fiscal, según un cálculo aportado por un participante en el debate. Adhesión y negocio no son incompatibles.
La objeción de fondo es otra: si Moscú habla abiertamente de su derecho a un «área de influencia», los vecinos se protegen de lo que consideran una soberanía recortada. La contrarréplica sostiene que la Alianza también ha intervenido donde le ha convenido.
Cuba, Turquía e Italia: la doble vara de medir
La crisis de los misiles de Cuba puso al mundo a un paso de la guerra nuclear, y se habla mucho menos de los misiles estadounidenses instalados años antes en Italia y Turquía, que fueron moneda de cambio en la retirada. Según una versión expuesta en el debate, el paralelismo se repite con el muro de Berlín: la URSS llegó a plantear una Alemania unificada y neutral, y la respuesta fue la OTAN. Son los episodios que cada bando selecciona para montar su relato.
Nadie va a resolver aquí si la culpa fue de un papel que no se firmó o de una política que sí se aplicó. Lo probable, a la vista de cómo se han cerrado todos los capítulos anteriores, es que la ampliación siga avanzando a golpe de solicitudes voluntarias y que Moscú siga invocando un compromiso que solo existe en las conversaciones. Aunque siempre puede aparecer un documento que descoloque a ambos bandos.