300.000 millones de Rusia confiscados: los acuerdos que nadie firmó
Hay una cifra que reaparece cada vez que se discute el dinero ruso atrapado en Occidente:
300.000 millones confiscados solo en la Unión Europea, según la información que se cita en este asunto, y que acabarían en manos de Ucrania. Detrás asoma una fecha concreta:
diciembre de 2017, cuando la administración de Donald Trump desclasificó un paquete de documentos que, según la lectura dominante en esta discusión, probarían que a Mijaíl Gorbachov se le dieron garantías verbales sobre la OTAN que después no se cumplieron.
El pulso no es nuevo. Lo que se dirime es si occidente ha convertido el incumplimiento de acuerdos en método, si eso es una anomalía o si es, sencillamente, lo que las potencias han hecho siempre. La respuesta cambia según a quién se pregunte.
¿Qué dicen los documentos desclasificados sobre Gorbachov?
El National Security Archive de la Universidad George Washington publicó en diciembre de 2017 un lote de documentos estadounidenses, soviéticos, alemanes, británicos y franceses. En ellos aparece la reunión del
9 de febrero de 1990 entre el secretario de Estado James Baker y Gorbachov, con la famosa fórmula de que la OTAN no avanzaría «ni una pulgada hacia el este». Según esta lectura, no fue un desliz aislado, sino una cascada de garantías sobre seguridad soviética.
La réplica es que aquello
nunca existió como compromiso formal. El propio Gorbachov lo habría reconocido, y no hay texto firmado que lo recoja. La discusión sobre promesas verbales contra papel sellado es, en realidad, la espina dorsal de todo el asunto.
300.000 millones confiscados: qué se ha bloqueado y adónde va
El dinero del Estado ruso y de empresarios rusos bloqueado en la UE es el punto que más ampolla levanta. La información citada apunta a
300.000 millones incautados y a un destino: financiar a Ucrania. Quien defiende la medida sostiene que confiscar propiedades del enemigo en territorio propio es lo que ha ocurrido en cada conflicto de la historia. Quien la rechaza responde con una pregunta incómoda:
¿por qué nunca se han confiscado así los activos estadounidenses en Europa, con la lista de intervenciones militares que arrastra Washington?
Ahí el debate se encona. Unos hablan de robo; otros, de respuesta proporcionada a una invasión. Ninguna de las dos partes mueve ficha.
El Memorando de Budapest: la legalidad que se exige y la que se ignora
El contraargumento más repetido es que Rusia tampoco es un dechado de virtudes. El
Memorando de Budapest es la pieza central: Ucrania cedió a Rusia, según los datos que se manejan aquí,
5.000 bombas nucleares, 176 misiles balísticos intercontinentales y 44 bombarderos de largo alcance a cambio de garantías de seguridad e integridad territorial.
La defensa rusa es que la deposición del presidente Yanukovich en 2014 rompió el marco. La contrarréplica es tajante: un cambio de gobierno en Kiev no altera un tratado internacional. Y vuelta a empezar.
De Minsk a las revoluciones de colores: quién incumplió qué
Los acuerdos de Minsk se citan como prueba de que esta vez sí hubo papel. La acusación desde un lado es que se firmaron con el mismo resultado. La respuesta desde el otro es que el texto obligaba a
retirar a los mercenarios extranjeros del Dombás y que eso nunca se hizo.
En paralelo, la lista de agravios se amplía: la
Revolución Naranja, el cambio de poder con Poroshenko, los movimientos en Georgia, la destrucción de Yugoslavia. La acusación de fondo es que la OTAN impulsó cambios de régimen en la Europa del Este. La negación también es de fondo: se sostiene que los gobiernos cayeron por su propio descrédito interno.
Europa, los tratados y la memoria corta
Aparece entonces el argumento histórico, y es el más incómodo.
El Tratado de Troyes de 1420, los acuerdos entre Carlos V y Francisco I que el rey francés ignoró al salir de prisión, las
Colinas Negras cedidas a los sioux y recuperadas en cuanto se encontró oro. La tesis es que las potencias europeas firmaron y rompieron a conveniencia durante siglos, y que solo el respeto escrupuloso a la palabra dada las habría mantenido encerradas en su continente.
Se añade un matiz económico: Ucrania lleva más de un siglo siendo el granero de Europa, algo que ya interesaba a Alemania en los años treinta y cuarenta. De ahí que se discuta con acritud quién controla el trigo.
Dónde se atasca el cálculo
Con estos mimbres, el caso de Cuba se trae a colación como precedente de acuerdo verbal: misiles fuera de Turquía a cambio de misiles fuera de la isla, sin firma alguna. Unos ven ahí la prueba de que lo no escrito también obliga; otros, la de que solo el papel aguanta. La conversación termina donde empezó: en si una garantía sin rúbrica vale algo. Y nadie mueve.