Olona registra Caminando Juntos y se queda sin Vox
Macarena Olona ha inscrito en el Ministerio del Interior una nueva formación, Caminando Juntos, el primer paso formal para poder concurrir a las elecciones generales del 23-J. Lo ha hecho después de haber renunciado a presentarse a las autonómicas y municipales, un movimiento que ella misma justificó con una frase que resume su estrategia: «Dije que no concurriría a las autonómicas y municipales. Nadie podría atribuirme un batacazo. Cumplido». La abogada del Estado, que fue la cara más reconocible de Vox en el Congreso, vuelve así a la primera línea por su cuenta.
El anuncio ha caído como un jarro de agua fría entre quienes la votaron y entre quienes la detestan. No hay término medio. La reacción mayoritaria ha sido de desconcierto: un partido con un nombre que suena a grupo de catequesis, a ONG de barrio o a marca de ropa deportiva. Y la pregunta que sobrevuela todo es la misma: ¿a quién representa exactamente Macarena Olona?
El nombre del partido, objeto de mofa inmediata
Caminando Juntos. La elección no ha pasado desapercibida. En las primeras horas, las comparaciones se han multiplicado: desde el grupo de confirmación de un colegio hasta una asociación perruna, pasando por un colectivo juvenil-ecologista o una fundación con el mismo nombre. La búsqueda rápida en Google Play o en el registro de asociaciones devuelve varias entidades que ya usan esa denominación, lo que ha alimentado las burlas sobre la originalidad del proyecto.
Hay quien sostiene que el nombre es lo de menos y que lo importante es el capital político acumulado por Olona en sus años de escaño. En contra pesa un argumento difícil de rebatir: fuera de la burbuja política, nadie asocia ese nombre a nada. Y menos aún a un proyecto con posibilidades reales de obtener representación.
¿Tiene Olona espacio electoral propio?
La duda no es menor. La derecha la considera una tránsfuga sin principios; la izquierda, la encarnación de todo lo que detesta. Ese doble rechazo deja un nicho difícil de definir: votantes desencantados de Vox que no se sienten cómodos con el PP, o simplemente seguidores personalistas de una figura concreta. La historia reciente de España está llena de partidos que nacieron con ese mismo perfil y murieron con menos votos que firmas para constituirse.
El precedente de otras aventuras electorales de perfil similar es demoledor. Proyectos liderados por figuras mediáticas, con presencia constante en prensa y redes, acabaron con resultados que no llegaban ni a media docena de votos contados. La diferencia entre tener audiencia y tener electorado es la misma que entre ser trending topic y ser elegido.
El sistema electoral y el cálculo de escaños
La ley D'Hont vuelve a estar en el centro del debate. Con una circunscripción provincial y un umbral del 3% en cada una, un partido pequeño necesita concentrar votos en territorios concretos para rascar un escaño. Caminando Juntos no tiene estructura territorial conocida, ni cuadros, ni financiación declarada. Presentarse a las generales sin nada de eso es, como poco, un ejercicio de fe.
Hay quien calcula que el objetivo real no es ganar escaños, sino restar votos a Vox en circunscripciones ajustadas. Ese cálculo, si se confirma, convertiría a Olona en un instrumento útil para la izquierda sin que ella lo reconozca. Es la paradoja clásica del voto útil: el que se presenta para dividir acaba dividiendo a los suyos.
Quién paga la campaña y con qué estructura
La pregunta económica es la que nadie responde. Un partido nuevo necesita avales, sede, personal y una campaña que, en elecciones generales, cuesta millones. No hay información pública sobre quién financia Caminando Juntos, ni sobre si existe una estructura mínima detrás. La inscripción en el Ministerio del Interior es solo el primer trámite; el resto es una incógnita.
El paralelismo con otras formaciones de perfil personalista es inevitable. Partidos que se presentaron con gran despliegue mediático y acabaron disueltos por falta de votos y de financiación. La diferencia es que Olona tiene algo que aquellos no tenían: un nombre reconocible y una base de seguidores fieles en redes. Si eso basta para algo, está por ver.
El calendario electoral y la fecha del 23-J
El 23 de julio es la fecha fijada para las elecciones generales. Registrar un partido a tiempo es imprescindible para concurrir, pero no suficiente. Hay que presentar candidaturas, avales y documentación en los plazos legales. Olona ha cumplido el primer paso; los siguientes son más exigentes y menos mediáticos.
La pregunta que queda en el aire es la de siempre: ¿para qué? ¿Para influir, para vengarse de Vox, para negociar un puesto o simplemente para seguir en el candelero? Nadie lo sabe. Ni ella lo ha aclarado. Y esa ambigüedad, que en política a veces funciona, aquí se parece demasiado a la falta de plan.