El sueño europeo de Ucrania se topa con la guerra y la despoblación
Eligieron Bruselas y la OTAN, y esa decisión tenía un precio que nadie explicó en las plazas durante las protestas. A la fecha de esta discusión, Ucrania sigue en guerra, con el país partido por el Dniéper y una economía que requerirá, para su reconstrucción, una cantidad de mano de obra que ya no existe entre su población. El giro hacia Occidente se consumó, pero el resultado dista del folleto prometido.
El espejismo de la integración
El argumento central de los críticos con la deriva atlántica de Ucrania es que se confundió el deseo con la realidad. La UE y la OTAN no ofrecían una red de seguridad, sino un marco de exigencias y una nueva frontera geopolítica. Quienes advirtieron de ese desajuste señalan que el nacionalismo ucraniano, con su herencia de Galitzia y las referencias simbólicas al batallón Azov, se ha encontrado atrapado entre su propia retórica y los compromisos occidentales.
El factor demográfico como factura
La factura más citada es la demográfica. Entre los que han huido, los que han muerto y los que no volverán, el país se enfrenta a un vacío imposible de cubrir con los nacimientos actuales. Las proyecciones que circulan en los análisis más crudos hablan de la necesidad de atraer millones de trabajadores extranjeros para reconstruir infraestructuras y mantener una economía funcional. Eso implicaría un cambio de composición social que ningún movimiento nacionalista, ucraniano ni de ningún otro sitio, ha sabido digerir.
La comparación con lo ocurrido en otras sociedades periféricas de la UE no es casual: el mismo patrón de discurso identitario que promete proteger al “hombre nativo” acaba firmando la importación de mano de obra como única vía de supervivencia económica. La ironía no requiere comentario.
Si la guerra se congela o se pierde, la reconstrucción dibujará un país distinto al que diseñaron quienes soñaron con Europa. Y entonces, la adhesión se habrá cumplido de la manera más perversa: cambiando el país para siempre. Pero esa es una predicción con reservas; el desenlace depende de la próxima década, no de esta tarde.