El hilo abre pidiendo nombres normales y acaba en Gottfried
Arranca el hilo y en cuatro mensajes ya está partido.
Godofredo1099 pide a los vascos que no son independentistas que pongan a sus hijos nombres que él considera normales y decentes.
Preñeitor le contesta que Lander no le parece feo y que será de los nombres más antiguos de Europa entera. Y ahí se lía todo.
Qué se ha sabido
Godofredo1099 no acepta la antigüedad. Según él, Lander lo inventó Sabino Arana, y lo data
tan reciente como el cinematógrafo de los hermanos Lumière. Para que no quede como opinión suelta,
auyador pega un enlace a un
artículo de Deia del 3 de abril de 2015 con Karmele, Iñaki, Unai, Jone y Joseba en el titular, y lo presenta como prueba de que no es un bulo.
El hilo también se llena de chistes con enlaces.
Furymundo cuelga la
voz de la Wikipedia sobre Odón, un municipio de Teruel, a cuenta del nombre que suelta sopelmar. Nadie explica el chiste y el chiste funciona igual.
Y aparecen los testimonios.
NEGRACIONISTA recuerda que a mediados de los 90, en BUP, un profesor de química —no de lengua— le dio una clase sobre por qué el vascuence sería un idioma inventado.
Alrold entra con un párrafo largo sobre el país multicultural y multiétnico y se le corta a mitad de frase.
Mocap cuenta que conoció a una vasca llamada Koro y que en el hotel no sabían si era mujer u hombre.
Dónde está la bronca
Dos frentes abiertos a la vez. El primero es el del origen:
Godofredo1099 sostiene que lo de Arana fue inventarse nombres desde cero para que los vascos no tuvieran nombres en español.
TAFKA Sanstalin le pone el espejo visigodo: si un visigodo llamado Walter levantara la cabeza y viera que hoy le llaman Gualterio. Godofredo responde que eso es una adaptación, no una invención, y vuelve con Leandro como ejemplo de versión aranista.
El segundo frente es el del gusto, y es el que más revuelve.
eL PERRO lo deja claro: a él no le parecen feos, le parecen falsos. Palabras inventadas hace nada, puestas en masa, cuando antes, dice, se llamaban todos Josantoño. Pero remata que, aun así, muchas le parecen masculinas y sonoras y quedan bien. Godofredo le contesta en su línea y el hilo pasa a discutir si el gusto arregla o no una invención.
Ahí entra la réplica más incómoda: Furymundo le dice a Godofredo que su propio nombre es alemán españolizado, Gottfried. El ataque se le gira. Y
Abu_lense responde a los que se ríen de los nombres vascos preguntando si entonces son partidarios de Borjamari, Juanlu o Cayetano.
Palimpsesto insiste en que quienes los eligen buscan sentirse especiales y suelta que se fía más de un perro vagabundo que de alguien llamado Cayetano.
frangelico zanja por la vía del chiste: dice que Izaskun le suena a marca de carretilla elevadora.
Aquí el hilo se parte en dos: los que atacan el origen y los que atacan el gusto ajeno.
Leffer se pierde del todo y pregunta que de qué van estos. Nadie le contesta.
Qué cambia respecto a antes
Es el primer tramo, así que no hay antes. Lo que hay es un arranque en tres capas: la petición inicial de nombres normales, la tesis de la invención reciente y, en medio, un montón de gente hablando de si los nombres suenan bien o mal. En 40 mensajes el asunto ya ha derivado a los visigodos, a Gottfried, a la plantilla del Bilbao —un participante la menciona de pasada y no vuelve— y a un municipio de Teruel.
El asunto nuevo que entra es la comparación con los nombres castellanos. Hasta este tramo la discusión iba de si los nombres vascos son viejos o inventados. Abu_lense y Palimpsesto la mueven al otro lado: si el criterio es el gusto, ellos también tienen a quién señalar.
Bonté va por ahí sin ambigüedad y despacha su propia lista de nombres vascos con un comentario de rechazo.
frangelico añade lo suyo sobre Arana y se queda tan ancho.
La anécdota del hotel
Mocap cuenta su experiencia con una mujer vasca llamada Koro, o Coro, y el lío del recepcionista al leer el nombre en el registro. Es el único mensaje del tramo que aporta un caso concreto de confusión en vez de una opinión. Alrededor, unos cuantos discutiendo si eso es un problema del nombre o del recepcionista. Nadie lo resuelve.