En el imperio romano ningún emperador decreto ninguna patidifusez desde nuestro punto de vista debido a el desconocimiento?
Ninguno. Faltaría más. Da la casualidad de que los romanos tuvieron su cuota de iluminados de despacho, y algunos son célebres precisamente por eso.
Diocleciano y el Edicto de Precios Máximos (301 d.C.). El artista congeló por ley el precio de absolutamente todo: trigo, vino, aceite, salarios, hasta el calzado y el porte de una mula. Para que se cumpliera, penas de multa y -si se insistía- la gloria. Mahoma y la montaña al revés: si el precio de mercado no coincidía con el decreto, el mercader escondía el género. Escasez y mercado […], ya en el Bajo Imperio. Nada que no hubiésemos visto mil setecientos años después.
La moneda. Desde Nerón, cada crisis imperial se resolvió raspando plata del denario. Hasta llegar al antoniniano de Aureliano, que tenía más estaño que un pote de linimento. Una inflación galopante durante el siglo III, con producto barato del resto: comercio interior segarro y vuelta al trueque y al pago en especie. Ahí da igual cuánto devalúes: el pueblo acaba fiándose más del grano que de la efigie.
Domiciano y las viñas (92 d.C.). Creyó que la solución al exceso de vino y al abandono del trigo era ordenar arrancar la mitad de los viñedos de las provincias. Se cumplió de aquella manera, y poco después ya se estaban reponiendo porque el invento asfixiaba a las Hispanias y a la Galia. Regulación del alcohol y suelos, cortesía del visto bueno del Emperador.
La annona y sus derivados. Reparto de grano subvencionado a la plebe de Roma maridado con latifundios esclavistas y mano de obra barata. Eficiencia: el arrendatario libre desaparecido, sustituido por el
colonus legalmente atado a la tierra por disposición imperial. Atar de norma a un campesino al terruño por carta.
Los Severos y la burocracia. Más ministerios, más tasas, más licencias, más curiales obligados a financiar la recaudación de su bolsillo. Resultado, los curiales huyendo de la curia cual el que cruza la frontera de Hacienda en enero.
Y ojo, todo esto salía del Senado o del consistorio del emperador, gente que en su vida había sondeado el precio del rincón de un huerto. Lo más llamativo es que un ronin cualquiera, un estoico, lo vio venir casi todo antes de que se declarara el decreto. Lo normal.
(adjunto visible para usuarios registrados)