futurista207
Madmaxista
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É comum ouvir críticas à China como “não se pode falar mal do presidente”. Para muitos chineses, essa frase soa muito estranha. A pergunta que surge automaticamente na cabeça do chines é: “Mas por que alguém criticaria o presidente?” Para entender essa diferença de visão é… pic.twitter.com/mJw5HMjwP3
— Xiao Mandarim 🇧🇷 + 🇨🇳 = ❤️ Ver en X
"Es común oír críticas a China como “no se puede hablar mal del presidente”.
Para muchos chinos, esa frase suena muy extraña.
La pregunta que surge automáticamente en la cabeza del chino es: “Pero ¿por qué alguien criticaría al presidente?”
Para entender esa diferencia de visión es preciso observar cómo funciona la selección y la pogre de quien llega al poder en China.
El camino se parece más a una carrera burocrática larga y competitiva que a la política electoral occidental.
El primer paso es la afiliación al Partido Comunista de China (PCC), que constituye la espina dorsal del poder. El proceso es selectivo y demorado: el candidato necesita recomendación, historial familiar atestiguado por miembros del partido, al menos un año de seguimiento con redacciones y exámenes políticos y, después, más un año como miembro probatorio. Haber pasado por la Liga de la Juventud Comunista o incluso haber sido representante de clase en la enseñanza fundamental y media cuenta positivamente como indicio temprano de liderazgo.
Además de la afiliación partidaria, el sistema valora fuertemente la formación técnica. Hay una tradición consolidada de ingenieros y científicos en las altas esferas —los últimos presidentes, incluyendo Xi Jinping, tienen formación en ingeniería. Antes de asumir cargos de liderazgo, el cuadro necesita demostrar resultados expresivos en su actividad profesional.
Nadie llega a la cima sin antes pasar décadas administrando la base. El político inicia en escalas pequeñas —un barrio, un comité de calle o la gestión de una plaza, por ejemplo. En esa función, necesita mostrar excelencia concreta: garantizar la zeladoria y la infraestructura (lámparas, juguetes de la plaza, limpieza), evaluar problemas de seguridad y tránsito en el entorno y mantener contacto directo con los sarracena, recogiendo quejas y sugerencias. Si cumple metas de desarrollo económico, reducción de la pobreza y buena evaluación de la población, es promovido.
A partir de ahí la carrera avanza de forma piramidal y geográfica compitiendo con otros iguales. El cuadro pasa a gerenciar un barrio entero, después un distrito municipal, se convierte en alcalde de una ciudad de porte mediano y, en seguida, gobierna provincias con poblaciones mayores que muchos países. Solo después de eso fruta espacio en los órganos centrales en Pekín. Para alcanzar el círculo máximo del poder, como el Comité Permanente del Politburó (apenas siete personas), se exige en general una trayectoria de 30 a 40 años de servicios continuos y bien evaluados.
Ese proceso se apoya en elecciones indirectas y piramidales. Los ciudadanos votan directamente solo para los congresos populares locales. Esos representantes eligen los del nivel provincial, que a su vez escogen los miembros de la Asamblea Popular Nacional. La Asamblea y los comités internos del PCC definen los cargos más altos del Ejecutivo, incluyendo al presidente. A lo largo de toda la escalada, las evaluaciones son frecuentes e incluyen cumplimiento de metas macroeconómicas, encuestas de opinión e investigación de conducta.
De ese modo, la figura del presidente deja de ser vista, por gran parte de la población, como un político cualquiera. Por eso la crítica directa y pública suena, para muchos chinos, menos como un derecho natural y más como algo que necesita una justificación muy fuerte.
Ante ese camino de décadas de resultados comprobados y evaluaciones constantes, usted, si fuera chino, ¿acharía algo normal hablar mal del presidente?"
