Eric Finch
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Lo que va de Page a Sánchez
02/11/2026Mayte Alcaraz-El Debate
- Verle en Urda atendiendo al mismo que le ha despreciado en el partido y silenciado en los Comités Federales, es toda una metáfora del antagonismo de ambos, por muy uniformados que vayan con un chaleco oficial
Sin embargo, lo mejor de su presidencia estaba, desgraciadamente –por las penosas circunstancias–, por llegar. Ha sido evidente en las duras, en las muy duras, cuando es más difícil dar la talla. Desde que el AVE Madrid-Sevilla chocara el pasado miércoles con un Iryo, también camino de Andalucía, dejando sobre la vía al menos 69 cadáveres y más de cien heridos y un tufo de incompetencia dolosa del ministro Puente y de Pedro Sánchez, Page no ha hecho otra cosa que dignificar su cargo y demostrar que todavía la política puede ejercerse desde la humanidad, la empatía y la altura de Estado. Como responsable regional, ha presidido todas las reuniones de emergencia, respondido con prudencia y rigor a los periodistas y atendido, con la institucionalidad que requiere su estatus, a cuantas autoridades han acudido al lugar del siniestro: desde los Reyes, al presidente del Gobierno y al jefe de la oposición. Sin olvidar que incluso tuvo que hacer lo propio con Óscar Puente, que le ha humillado en redes de todas las formas posibles. Allí estaba Page en el Puesto de Mando Avanzado en la zona cero de la tragedia, estrechando la mano del tuitero ministro. Como debe ser, a pesar de los pesares.
Parece de Perogrullo subrayar lo que debería ser una obligación para un político responsable, pero en la España sanchista ya no lo es. Hasta el propio Alberto Núñez Feijóo, con el que el castellanomanchego comparte buena sintonía desde que ambos sufrieron por sus cargos regionales la falsa «cogobernanza» sanchista de la esa época en el 2020 de la que yo le hablo, se encargó de subrayar que Page le acompañó e informó al detalle de las tareas de rescate, a diferencia de Pedro Sánchez que, cinco días después de la masacre, ni siquiera se ha puesto en contacto con él ni le ha trasladado la información sobre esta tragedia nacional. Pero no es solo este perfil de lealtad política la que es de destacar: Page se ha dedicado a hablar con todas las víctimas, a escucharlas, a responder sobre sus dudas, a empatizar con su sufrimiento, a trasladarles calor, consideración, respeto y abrigo, a mostrarles un mínimo de sensibilidad. A demostrar que es bien nacido. Justo lo que no ha hecho el jefe del Ejecutivo y su enfant terrible.
Y es que el socialista toledano es un político listo, con gran olfato y conoce a las mil maravillas la tierra del Quijote, donde se aprecia a los políticos que ponen el interés público por delante de sus siglas. Junto al fallecido Javier Lambán se ha cansado de criticar con aspereza las cesiones antipatrióticas de su secretario general, temeroso de que esa toxicidad contaminara sus bazas electorales. En los últimos meses no ha parado de demandar que Sánchez convocara generales antes de las autonómicas del próximo año, para que el generalato sufriera las consecuencias del oprobio que ha sembrado, antes que la infantería. Así ha sido finalmente. Verle ahora en Urda atendiendo a Sánchez, el mismo que le ha despreciado en el partido y silenciado en los Comités Federales, hoy convertidos en un apaciguado redil de tiernos corderitos, es toda una metáfora del antagonismo de ambos, por muy uniformados que vayan con un chaleco oficial. Una metáfora de la diferencia abismal entre la vocación, con todas las equivocaciones que se quieran, por el bien común y la mezquindad hecha carne.
