Lo que va de Page a Sánchez (Mayte Alcaraz en El Debate)

Lo que va de Page a Sánchez (Mayte Alcaraz en El Debate)
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

Emiliano García-Page ha gestionado la emergencia del accidente ferroviario de Urda con presencia institucional y trato a las víctimas, mientras Pedro Sánchez no se había puesto en contacto con él cinco días después del siniestro. La diferencia de comportamiento entre ambos dirigentes socialistas se ha hecho evidente en la peor circunstancia posible.

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Emiliano García-Page ha gestionado la emergencia del accidente ferroviario de Urda con presencia institucional y trato a las víctimas, mientras Pedro Sánchez no se había puesto en contacto con él cinco días después del siniestro. La diferencia de comportamiento entre ambos dirigentes socialistas se ha hecho evidente en la peor circunstancia posible.

El accidente del AVE Madrid-Sevilla ocurrido el miércoles 28 de octubre de 2026, cuando un tren de Renfe chocó con un Iryo que también se dirigía a Andalucía, dejó al menos 69 cadáveres y más de cien heridos sobre la vía. La tragedia situó a Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha, en el centro de la gestión autonómica de la emergencia. Y ahí, en el Puesto de Mando Avanzado de Urda, el barón socialista ha mostrado un comportamiento que contrasta con el de su jefe de filas.

La gestión de la emergencia en Urda

Page presidió todas las reuniones de emergencia convocadas tras el siniestro. Respondió a los periodistas con prudencia y rigor. Atendió a cuantas autoridades acudieron al lugar: los Reyes, el presidente del Gobierno y el jefe de la oposición. También a Óscar Puente, ministro de Transportes, con quien mantiene un enfrentamiento público y que le ha criticado en redes sociales en repetidas ocasiones. Allí estaba Page, estrechando la mano del ministro. Como debe ser, a pesar de los pesares.

El presidente castellanomanchego habló con las víctimas. Las escuchó, respondió a sus dudas, empatizó con su sufrimiento. Mostró un mínimo de sensibilidad ante quienes acababan de perder a familiares o habían resultado heridos. Parece de Perogrullo subrayar lo que debería ser una obligación para un político responsable, pero en la España actual ya no lo es.

Alberto Núñez Feijóo subrayó que Page le acompañó y le informó al detalle de las tareas de rescate. El líder del PP y el presidente castellanomanchego comparten buena sintonía desde que ambos sufrieron por sus cargos regionales la gestión de la pandemia. La diferencia con Sánchez resulta difícil de obviar: cinco días después de la masacre, el presidente del Gobierno no se había puesto en contacto con Page ni le había trasladado información sobre la tragedia.

Un historial de desencuentros con Ferraz

La trayectoria de Page en los últimos años ha estado marcada por una línea gruesa que le separa de sus compañeros del Gobierno. Recurrió la ley de amnistía ante el Tribunal Constitucional. Mostró su desacuerdo absoluto con los pactos de Sánchez con independentistas. Censuró públicamente la gestión del Ejecutivo tras la entrada masiva de inmigrantes en Ceuta.

Es verdad que muchas veces el dirigente territorial ha sido merecedor de la crítica por su capacidad para nadar y guardar la ropa respecto al sanchismo. Se ha dedicado en ocasiones a dar pellizcos de monja al líder para contentar a su parroquia ante las decisiones de Moncloa, sin descuidar el apoyo cerrado de sus diputados a Ferraz cada vez que el partido tocaba a rebato. Pero también es justo recordar que esa línea gruesa le separaba irreconciliablemente de sus compañeros del Gobierno.

Junto al fallecido Javier Lambán se cansó de criticar con aspereza las cesiones de su secretario general, temeroso de que esa toxicidad contaminara sus bazas electorales. En los últimos meses demandó que Sánchez convocara elecciones generales antes de las autonómicas del próximo año, para que el generalato sufriera las consecuencias del desgaste antes que la infantería. Así ha sido finalmente.

La metáfora de Urda

Verle ahora en Urda atendiendo a Sánchez, el mismo que le ha despreciado en el partido y silenciado en los Comités Federales, es toda una metáfora del antagonismo de ambos. Por muy uniformados que vayan con un chaleco oficial. Los Comités Federales se han convertido en un apaciguado redil de tiernos corderitos, pero Page ha demostrado que otro PSOE es posible.

El socialista toledano es un político listo, con gran olfato, y conoce a las mil maravillas la tierra del Quijote, donde se aprecia a los políticos que ponen el interés público por delante de sus siglas. Su comportamiento en la tragedia de Urda ha dignificado su cargo y ha demostrado que todavía la política puede ejercerse desde la humanidad, la empatía y la altura de Estado.

La diferencia abismal entre la vocación por el bien común, con todas las equivocaciones que se quieran, y la mezquindad hecha carne. Eso es lo que va de Page a Sánchez. La tragedia ha dejado al menos 69 muertos y más de cien heridos, y ha expuesto dos formas opuestas de entender el cargo público.

Datos clave
  • El accidente del AVE Madrid-Sevilla del 28 de octubre de 2026 dejó al menos 69 muertos y más de cien heridos.
  • Page presidió todas las reuniones de emergencia y atendió en Urda a los Reyes, a Sánchez y a Feijóo.
  • Sánchez no se puso en contacto con Page ni le trasladó información sobre la tragedia cinco días después del siniestro.
  • Page recurrió la ley de amnistía ante el Tribunal Constitucional y criticó los pactos con independentistas.
  • Feijóo confirmó que Page le acompañó e informó al detalle de las tareas de rescate.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

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Lo que va de Page a Sánchez​

02/11/2026

Mayte Alcaraz-El Debate
  • Verle en Urda atendiendo al mismo que le ha despreciado en el partido y silenciado en los Comités Federales, es toda una metáfora del antagonismo de ambos, por muy uniformados que vayan con un chaleco oficial
Que otro PSOE es posible lo está demostrando estos días el presidente castellanomanchego, Emiliano García-Page. El barón autonómico se ha convertido durante los últimos años en la antítesis, en la némesis de Pedro Sánchez. Y en estas jornadas devastadoras, tras el accidente de Urda, ha demostrado que, no solo con su discurso, sino también con sus actos, con su presencia de ánimo, con su institucionalidad y humanidad, es la más evidente refutación del comportamiento de su jefe de filas. Es verdad que muchas veces el dirigente territorial ha sido merecedor de la crítica –esta columna es un ejemplo de ello– por su capacidad para nadar y guardar la ropa respecto al sanchismo, al haberse dedicado en muchas ocasiones a dar pellizcos de monja al líder, para contentar a su parroquia ante las barrabasadas monclovitas, pero sin descuidar el apoyo cerrado de sus fruta a Ferraz, cada vez que el partido tocaba a rebato. Pero también es justo recordar que en los últimos años el responsable autonómico sí trazó una línea gruesa que le separaba irreconciliablemente de sus compañeros del Gobierno, empezando por su recurso ante el TC de la ley de amnistía y siguiendo por sus mensajes de desacuerdo absoluto con los pactos de Sánchez con filoterroristas e independentistas y, finalmente, por su censura pública a la gestión sanchista tras la entrada masiva de forasteros en Ceuta.

Sin embargo, lo mejor de su presidencia estaba, desgraciadamente –por las penosas circunstancias–, por llegar. Ha sido evidente en las duras, en las muy duras, cuando es más difícil dar la talla. Desde que el AVE Madrid-Sevilla chocara el pasado miércoles con un Iryo, también camino de Andalucía, dejando sobre la vía al menos 69 cadáveres y más de cien heridos y un tufo de incompetencia dolosa del ministro Puente y de Pedro Sánchez, Page no ha hecho otra cosa que dignificar su cargo y demostrar que todavía la política puede ejercerse desde la humanidad, la empatía y la altura de Estado. Como responsable regional, ha presidido todas las reuniones de emergencia, respondido con prudencia y rigor a los periodistas y atendido, con la institucionalidad que requiere su estatus, a cuantas autoridades han acudido al lugar del siniestro: desde los Reyes, al presidente del Gobierno y al jefe de la oposición. Sin olvidar que incluso tuvo que hacer lo propio con Óscar Puente, que le ha humillado en redes de todas las formas posibles. Allí estaba Page en el Puesto de Mando Avanzado en la zona cero de la tragedia, estrechando la mano del tuitero ministro. Como debe ser, a pesar de los pesares.

Parece de Perogrullo subrayar lo que debería ser una obligación para un político responsable, pero en la España sanchista ya no lo es. Hasta el propio Alberto Núñez Feijóo, con el que el castellanomanchego comparte buena sintonía desde que ambos sufrieron por sus cargos regionales la falsa «cogobernanza» sanchista de la esa época en el 2020 de la que yo le hablo, se encargó de subrayar que Page le acompañó e informó al detalle de las tareas de rescate, a diferencia de Pedro Sánchez que, cinco días después de la masacre, ni siquiera se ha puesto en contacto con él ni le ha trasladado la información sobre esta tragedia nacional. Pero no es solo este perfil de lealtad política la que es de destacar: Page se ha dedicado a hablar con todas las víctimas, a escucharlas, a responder sobre sus dudas, a empatizar con su sufrimiento, a trasladarles calor, consideración, respeto y abrigo, a mostrarles un mínimo de sensibilidad. A demostrar que es bien nacido. Justo lo que no ha hecho el jefe del Ejecutivo y su enfant terrible.

Y es que el socialista toledano es un político listo, con gran olfato y conoce a las mil maravillas la tierra del Quijote, donde se aprecia a los políticos que ponen el interés público por delante de sus siglas. Junto al fallecido Javier Lambán se ha cansado de criticar con aspereza las cesiones antipatrióticas de su secretario general, temeroso de que esa toxicidad contaminara sus bazas electorales. En los últimos meses no ha parado de demandar que Sánchez convocara generales antes de las autonómicas del próximo año, para que el generalato sufriera las consecuencias del oprobio que ha sembrado, antes que la infantería. Así ha sido finalmente. Verle ahora en Urda atendiendo a Sánchez, el mismo que le ha despreciado en el partido y silenciado en los Comités Federales, hoy convertidos en un apaciguado redil de tiernos corderitos, es toda una metáfora del antagonismo de ambos, por muy uniformados que vayan con un chaleco oficial. Una metáfora de la diferencia abismal entre la vocación, con todas las equivocaciones que se quieran, por el bien común y la mezquindad hecha carne.
 

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