Radical chic (Gabriel Albiac en El Debate)

Radical chic (Gabriel Albiac en El Debate)
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

El artículo de Gabriel Albiac en El Debate usa el término «radical chic» de Tom Wolfe para describir la fascinación de jóvenes privilegiados por la rebeldía y el lumpen. Albiac recuerda que Marx y Engels ya advirtieron en el siglo XIX de que ese lumpen-proletariado es venal y reaccionario.

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El artículo de Gabriel Albiac en El Debate usa el término «radical chic» de Tom Wolfe para describir la fascinación de jóvenes privilegiados por la rebeldía y el lumpen. Albiac recuerda que Marx y Engels ya advirtieron en el siglo XIX de que ese lumpen-proletariado es venal y reaccionario.

La fascinación de las clases acomodadas por los márgenes sociales tiene nombre desde hace más de medio siglo. Tom Wolfe lo bautizó como «radical chic» a finales de los años sesenta, y Gabriel Albiac lo recupera en un artículo publicado en El Debate para analizar la ocupación de la Puerta del Sol de Madrid. La tesis es incómoda: los jóvenes campistas que se instalaron en la plaza tenían domicilios a los que volver a ducharse cada mañana. Cedieron sus andrajos a quienes de verdad no tienen repliegue.

La nostalgia del fango y su tradición literaria

Albiac rastrea esa atracción por lo bajo hasta Émile Augier, autor francés del XIX hoy olvidado que en 1855 acuñó la expresión «nostalgie de la boue», nostalgia del fango. La fórmula pervive mientras su autor se desvanece. Baudelaire le dedicó versos intensos y Fitzgerald líneas delicadas. La idea de fondo es aristotélica: todo cuerpo busca retornar a su lugar natural, y el fango, al fin, lo logra. Está esculpido en el Génesis, 3,19. En literatura funciona. En la vida, cuando llega el frío, molesta bastante.

El artículo señala el desajuste entre la estética de la rebeldía y sus consecuencias materiales. Los campistas de Sol se replegaron a sus casas. Los vagabundos desesperados que heredaron los andrajos no tienen adónde ir. La fábula termina cuando el termómetro baja.

Marx y Engels ya desconfiaban del lumpen

El texto recurre a dos citas para desmontar la romantización del forajido. Karl Marx, en 1848, escribió que el lumpen-proletariado es «ese producto pasivo de la putrefacción de las clases inferiores» y que sus condiciones de vida lo llevan «más bien a venderse a la reacción». Friedrich Engels, en 1870, fue más duro: lo llamó «esa hez de individuos corrompidos de todas las clases» y «de todos los aliados posibles, el peor», una categoría «absolutamente venal e impúdica».

Albiac ahorra las fórmulas de Vladimir Uliánov por crueldad excesiva. El mensaje es claro: quienes pretenden hacer la revolución con quienes solo quieren saquear escaparates se equivocan de aliado. El llamamiento expropiatorio de la noche de Halloween fracasó, y el autor lo atribuye a una razón elemental: no se saquea una ciudad moderna con aviso previo. La sorpresa es la única ventaja del salteador.

El fracaso del asalto anunciado

La fusión entre hijos de la vida amable y carteristas de oficio quedó para otro día. Albiac ironiza sobre la pretensión de que quienes nada tienen que perder sueñan con la revolución. No tienen tiempo ni sosiego para tan grandes palabras. Quieren llevarse gratis lo que los escaparates exhiben como deseable e inalcanzable. Lo demás es burla.

El artículo cierra con una recomendación literaria: el relato de Tom Wolfe que da nombre al fenómeno, escrito hacia el final de los años sesenta, donde privilegiados se sueñan bandoleros. Albiac lo describe como ácido e hilarante, y añade que parece escrito ahora. La fábula ha terminado. Queda el frío y la nostalgia del fango, que está muy bien cuando espera un baño de agua caliente al volver a casa.

Datos clave
  • Tom Wolfe acuñó el término «radical chic» en un relato de finales de los años sesenta sobre privilegiados que se sueñan bandoleros.
  • Émile Augier dio en 1855 la etiqueta «nostalgie de la boue» (nostalgia del fango), de la que pervive su nombre.
  • Karl Marx escribió en 1848 que el lumpen-proletariado tiende «a venderse a la reacción».
  • Friedrich Engels lo calificó en 1870 como «de todos los aliados posibles, el peor» y «absolutamente venal e impúdica».
  • El llamamiento expropiatorio de la noche de Halloween en la Puerta del Sol de Madrid fracasó, según el artículo, por anunciarse con antelación.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

Eric Finch

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Radical chic​

02/11/2026

Gabriel Albiac-El Debate
  • Los jóvenes campistas de la Puerta del Sol madrileña se han ido replegando hacia los mismos domicilios en los cuales se retiraban a ducharse cada mañana. Ellos los tienen: aunque sean demasiado caros, demasiado angostos. Cedieron sus efímeros andrajos campistas a la persistente legión de la miseria. Ella no tiene repliegue
Fracasó el llamamiento expropiatorio de la noche de Halloween. Era fácil preverlo. No se saquea una ciudad moderna con aviso previo. Eso lo sabe hasta un niño. Sólo en la estricta sorpresa cifra el salteador de escaparates su éxito. La fusión de descendientes de la vida amable con carteristas será para otro día. No, los que nada tienen que perder no sueñan –digan lo que digan algunos clásicos del siglo diecinueve– con la revolución. No tienen tiempo ni sosiego meditativo para tan grandes palabras. Anhelan llevarse gratis lo que esos escaparates les exhiben como infinitamente deseable. Y aún más infinitamente inadquirible. Lo demás es burla.

Es exaltante amar a un forajido. Toda la historia de la literatura está empapada de esa hipnosis, a la cual un autor del XIX francés, hoy olvidado, Émile Augier, diera en 1855 la etiqueta merced sólo a la cual pervive su nombre: nostalgie de la boue, «nostalgia del fango». A esa fascinación dedica Baudelaire algunos de sus más intensos versos. O Fitzgerald sus líneas más delicadas: ¿quién podría olvidar la sucinta cuchillada, casi póstuma, de La década perdida? Esa nostalgia del fango… Puesto que fango somos. Como un mágico retorno de aquella sutil poética en la cual está entramada la física de Aristóteles: todo cuerpo busca desesperadamente retornar a su lugar natural. Y, al fin, lo logra. Variaciones sobre un mismo tema, cuya formulación marmórea está esculpida en Génesis, 3,19. Fango al fango. Está muy bien en literatura. Y es francamente molesto en la vida.

Queridos niños de Sol, todo eso es poesía. Hay otras cosas. Menos literarias. Escritas sólo con propósito docente.

–Ésta, por ejemplo: «El lumpen-proletariado, ese producto pasivo de la putrefacción de las clases inferiores de la vieja sociedad, puede verse arrastrado en el movimiento de una revolución proletaria; pero sus condiciones de vida lo llevarán más bien a venderse a la reacción».

–O esta otra: «El lumpen-proletariado, esa hez de individuos corrompidos de todas las clases, que tiene su cuartel general en las grandes ciudades, es, de todos los aliados posibles, el peor. Es una especie absolutamente venal e impúdica».

Lo primero, queridos aprendices de insurrecto, lo escribió Karl Marx en 1848. De lo segundo, fue autor Friedrich Engels en 1870. Las fórmulas de Vladimir Uliánov, os las ahorro. Son demasiado crueles.

Los jóvenes campistas de la Puerta del Sol madrileña se han ido replegando hacia los mismos domicilios en los cuales se retiraban a ducharse cada mañana. Ellos los tienen: aunque sean demasiado caros, demasiado angostos. Cedieron sus efímeros andrajos campistas a la persistente legión de la miseria. Ella no tiene repliegue. Vagabundos desesperados quedan bien en literatura. Convivir con ellos, cuando llega el frío invierno, es otra cosa. La fábula ha terminado. La nostalgia del fango está muy bien, cuando a uno lo espera un buen baño de agua caliente al que volver cada mañana.

Hay un relato de Tom Wolfe, hacia el final de los sesenta, tan ácido como hilarante: habla de privilegiados que se sueñan bandoleros. Quienes sean de espíritu lo bastante recio podrán dar con él. Leerlo, incluso. Se llama Radical chic. Parece escrito ahora. Es amargo. Es lo que hay.
 

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