Alvise lanza una acusación sin pruebas sobre diputados y hoteles
¿Se ha publicado ya o no? Esa es la pregunta que sobrevuela el último mensaje de Alvise Pérez, que ha puesto sobre la mesa una acusación sin pruebas sobre supuestas prácticas sexuales de diputados en hoteles cercanos al Congreso. El mensaje, difundido en redes, menciona explícitamente a Milhouse y a dos establecimientos de la calle Echegaray. La reacción no se ha hecho esperar: desde el escepticismo más absoluto hasta la exigencia de que se publique todo lo que se sepa.
El origen: un tuit sin fuente verificable
El detonante es un mensaje en el que se pregunta si se ha publicado ya lo de las trabajadoras sexuales que, supuestamente, habrían sido llamadas por un tal Milhouse a las 3 de la madrugada. La acusación va más allá y asegura que diputados casados del PSOE y de ambos partidos de la oposición se llevaban a estas mujeres los días de pleno al Hotel Urban y al Gran Hotel Inglés, ambos en la c/ Echegaray 8. No hay una sola prueba aportada. Ni un nombre, ni una fecha, ni un documento.
La primera reacción es de manual: «¿Y de fuente... Alpiste?», resume un participante. La acusación, tal como llega, no tiene recorrido mediático. Nadie se atreve a publicarla sin arriesgarse a una querella. El propio emisor del mensaje original no aporta nada más que la pregunta.
El silencio de los medios y el miedo a la querella
La discusión deriva rápidamente hacia por qué este tipo de acusaciones no ven la luz en prensa. La respuesta que se impone es la jurídica: publicar según qué cosas sin pruebas es jugarse los tribunales. «Eso no lo publica ni dios... a ver quién es el guapo que se enguarra publicando la basura que sube el capullo este», sentencia otro mensaje. La autoría de la filtración, además, no ayuda: el emisor tiene un historial de enfrentamientos con los medios y con el poder.
El foco se desplaza entonces hacia la credibilidad de las fuentes. Se menciona a Cristina Fallarás, que en los últimos días ha difundido testimonios anónimos sobre presuntos comportamientos sexuales de diputados. La comparación es inevitable: si se da credibilidad a unos testimonios sin verificar, ¿por qué no a este? La respuesta que se impone es que ninguno de los dos tiene respaldo probatorio.
El círculo de Madrid: todos saben todo
Más allá del caso concreto, el debate destapa una percepción extendida: en Madrid, el mundo político y el empresarial comparten restaurantes, fiestas y locales de alterne. «Todos saben todo en Madrid, es un círculo muy pequeño», resume un mensaje. Se citan hoteles concretos, se habla de espionaje y de chantaje. Se recuerda que a Julio Anguita intentaron espiarle sin éxito para sacarle trapos sucios. La conclusión que se extrae es que la hipocresía es el denominador común.
La conversación también aborda el uso de los servicios secretos para monitorizar a los políticos y la facilidad con la que se les puede chantajear. «Si te metes a político tu vida tiene que ser ejemplar», sentencia un participante. Otro añade que a la gente de a pie también se le encontrarían cosas, pero que sus trapos sucios no interesan a nadie.
El trasfondo: la doble moral y el caso Errejón
El hilo no se entiende sin el contexto del caso Errejón, que planea sobre toda la conversación. Se mencionan las denuncias por presunto acoso, los testimonios anónimos y la investigación judicial en curso. La pregunta que flota es por qué unos casos salen y otros no. «Lo que están demostrando con los testimonios de los últimos días es claro: tener diversidad en los gustos sexuales solo vale si eres mujer de nacimiento o por cambio administrativo», ironiza un mensaje.
La discusión deriva hacia la hipocresía de quienes exigen ejemplaridad y luego se ven envueltos en escándalos. Se critica a los partidos que piden la abolición de la prostitución y el porno mientras sus diputados, presuntamente, hacen uso de esos servicios. La conclusión es amarga: el sistema protege a unos y señala a otros según convenga.
Al final, la pregunta sigue sin respuesta. ¿Se ha publicado ya? No. ¿Se publicará? Con estas fuentes, ni de broma. Y mientras tanto, el personal sigue esperando sangre, besos negros y decapitaciones. Cada cual que saque sus conclusiones.