El precio entra en el hilo: «3,90 el kilo» de sardinas congeladas
Tres días y el hilo cambia de eje. El precio, ese dato que no aparecía por ninguna parte, entra de golpe:
3,90 euros el kilo. Y con el precio entra la etiqueta. Sin antioxidantes, sin sal añadida, según lo que lee un participante. La cifra no se discute. Nadie la compara con la lata.
Qué se ha sabido
El precio lo suelta Disminuido el
25 de septiembre, contestando a quien preguntaba a cuánto las cobran: 3,90 el kilo. Ahí se queda, sin réplica y sin desglose.
Ese mismo día, ultraputa pide foto de ingredientes, mar de procedencia y registro sanitario. Se lo pide a quien defiende el producto. Y un rato después es él quien vuelve con lo que ha leído en el envase:
sin antioxidantes ni sal. Le sirve para decir que no está tan mal, aunque el origen le tumba la compra: dice que es del norte y que evita el pescado de esa zona.
Sobre el mar, las hipótesis siguen cruzándose. Hic Sunt Dracones apunta que el
FAO 34 incluye Marruecos, si es que el área es esa. Pero Zbigniew responde que, viendo la etiqueta, parece que de ahí no viene. singermorning va más lejos y sostiene que casi toda la sardina venía de allí y que este año la puerta a las exportaciones a la UE se ha cerrado bastante porque se están quedando sin stock.
La nota optimista la pone «Esta democracia es falsa»: las suyas eran portuguesas,
bien ricas, y ha picado varias veces con las del Lidl este verano. Compra recomendable al 100%, dice. El mismo forero suelta el otro precio del hilo: en Madrid, las sardinas frescas se han llegado a ver a
9 y 10 euros el kilo.
Y sinosuke, que las probó fritas hace tiempo y les sacó un regustillo a rancio, deja abierta una puerta: puede que Lidl haya cambiado de proveedor o que el método de congelación haya mejorado y ya estén mejor. En la misma frase cuenta que las sardinillas en lata, tanto del Lidl como del Mercadona, cada vez le parecen peores. Abre la lata y se encuentra piezas blandurrias o resecas.
Dónde está la bronca
El choque ya no es solo sabor contra sabor. Es sabor contra etiqueta. Rocky Balboa lo dice sin rodeos: el origen le da casi igual, lo que le preocupa es el sabor, y su experiencia es que la grasa sabe a rancia al congelarla. Casi prefiere una de lata. Ultraputa, en cambio, se pelea con lo que lleva dentro: si un pescado congelado trae antioxidantes, sal o aromas, no lo compra. Cuando comprueba que este no los trae, cambia de motivo y se pasa al norte.
En medio, Tubiegah zanja el asunto: menuda tontería, lleva toda la vida comprando sardinas y congelándolas sin problema. BogadeAriete se queda en el término medio: se puede, pero pierden mucho sabor. Y singermorning le compra el argumento a sinosuke sin más pruebas: de él se fía.
El que más ha cambiado de tono es sinosuke. Empieza con el rancio, sigue con la lata y acaba concediendo que igual el producto ha mejorado. Nadie le quita la razón. Nadie se la da.
Qué cambia respecto a antes
Que el precio existe. Que el envase se lee. Que la procedencia deja de ser la única pregunta incómoda, porque hay etiqueta que mirar y quien la mira. Y que entra un asunto nuevo: el pescado del norte, con un forero diciendo que evita esa zona por el anisakis. De momento, sin que nadie aporte prueba de nada.
También cambia el papel de la lata. Ya no es solo la rival cómoda: las sardinillas en lata del Lidl y del Mercadona salen malparadas en el mismo tramo. Y aparece un método que no había salido todavía, la sardina cruda en salmuera.
Calle, horno o salmuera: dónde se preparan
La sartén de casa es el otro frente. Zbigniew las hace en la calle o en el campo, y aclara que él no vive en un piso. Alguien pregunta si no atufan toda la casa. «Esta democracia es falsa» responde que las sardinas son para hacerlas al aire libre y que, si no se puede, al horno también están buenas. Tubiegah va por ahí: al horno te ahorras olores.
Disminuido cuenta que en su provincia ya hay extractor de humo y no sabe si llegará alguna vez a toda España. singermorning, entre medias, concede que las congeladas se salvan, pero que con frescas otras preparaciones son un manjar.
En la esquina opuesta, Вагнера dice que las come crudas: en sal, con una proporción de 80 y 20 de azúcar, entre 8, 12 y 24 horas según le parezca, y luego con aceite de oliva. Menciona la recomendación de las autoridades sanitarias sobre congelar antes. Del origen del pescado, ni una palabra.