Patatas congeladas más baratas que frescas: la paradoja del Mercadona
En Mercadona, una malla de patatas frescas para freír cuesta 3,90 €, mientras que la bolsa de patatas congeladas prefritas se vende a 3,10 €. La lógica diría que el producto procesado debería ser más caro, pero ocurre lo contrario. La explicación no es mágica: responde a la logística del desperdicio, los márgenes de la sección de frescos y la estrategia de precios del gigante valenciano.
¿Por qué las congeladas son más baratas?
El argumento principal es la vida útil. Las patatas frescas se estropean en días; las congeladas duran meses. El supermercado asume que un porcentaje de la fruta y verdura fresca terminará en la basura, y ese coste se traslada al precio. Las congeladas, en cambio, no generan merma. Además, la patata congelada suele proceder de excedentes de producción o de países con costes más bajos (Holanda, Egipto), y su procesado industrial (pelado, cortado, precocido) permite aprovechar calibres que no llegarían a fresco.
Varios análisis apuntan a que la patata fresca de Mercadona incluye un margen extra para cubrir las pérdidas de toda la sección. No es casualidad que fruterías de barrio vendan el kilo a 0,29 €: ellas pueden permitirse márgenes más ajustados porque rotan rápido y tienen menos gastos de estructura.
La calidad como variable
Algunos defienden que la patata congelada es de menor calidad, con aditivos como goma xantana y gasificantes, y que para un frito crujiente la fresca es insuperable. Otros señalan que la congelada, al estar prefrita, resulta más cómoda y consistente en freidoras de aire. El debate sobre el sabor es subjetivo, pero el precio no miente: por 80 céntimos menos, el consumidor se ahorra el pelado y el corte.
Alternativas para no pagar de más
Mercadona no es la única opción. En almacenes se encuentran sacos de 20 kg de patata portuguesa a 9 € (0,45 €/kg). Fruterías gestionadas por pakistaníes ofrecen el kilo a 0,29 €, y en supermercados de origen francés se consiguen 10 kg por 3,80 €. La diferencia es abismal: hasta seis veces menos que el precio de la malla de Mercadona. La pregunta que queda en el aire es si el consumidor paga por la comodidad de la compra única o si el imperio Roig está aprovechando su posición dominante para inflar los frescos.
Lo que el dato no dice
La paradoja de precios esconde una realidad incómoda: mientras en Berlín regalan patatas por exceso de producción, en España se pagan precios de lujo. Hasta que el consumidor no compare y vote con su cartera, la brecha seguirá ahí.
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