La población española crecerá por inmigración hasta 2028
España tiene una cita con los 50 millones de habitantes. La pregunta ya no es si se alcanzará, sino cuándo y a costa de qué. Los datos sobre la mesa dibujan un crecimiento demográfico que depende casi por completo de la inmigración, mientras Portugal, con otra política fiscal, ni siquiera sube.
Qué dicen las previsiones oficiales
Hasta 2023, cifras cerradas. Desde 2024, escenarios. La AIREF y el INE coinciden en lo esencial: cualquier aumento de población en España viene marcado por el saldo migratorio. El instituto estadístico, en su serie 2020-2070, mantiene un escenario de crecimiento sostenido; la autoridad fiscal pronostica que España sumará habitantes mientras Portugal se estanca. La diferencia entre ambos países no es el tamaño inicial, sino la política de acogida y la fiscalidad.
Portugal, el espejo incómodo
El debate no se queda en las cifras. Un sector del análisis sostiene que el país vecino atrae un perfil migratorio distinto: profesionales cualificados y nómadas fiscales seducidos por una tarifa plana del 20% y por la exención de impuestos para rentas de origen extranjero. El ejemplo que circula es el de un ingeniero con 80.000€ de salario bruto: en Portugal cobra 3.700€ al mes; en España, 2.600€. La conclusión para algunos es directa: España importa volumen, Portugal importa talento.
La réplica no se hace esperar. Quienes miran el PIB per cápita recuerdan que Portugal tiene salarios hasta un 40% inferiores a los españoles y que más de una cuarta parte de su masa laboral ha tenido que emigrar. Traer nómadas fiscales sin industria que los sostenga tampoco es un modelo, apuntan.
El precio de crecer
Mientras, en España el eje político se ha desplazado hacia la vivienda y el modelo de población: crecer a base de mano de obra de baja cualificación o encoger hasta convertirse en un país caro y estable al estilo nórdico. La horquilla de llegada a los 50 millones –2026 según la estimación más citada, ya superados según la más pesimista– sirve de termómetro de esa tensión. La presión sobre el alojamiento, el desarraigo social y la sostenibilidad de los servicios públicos son los costes que se citan como reverso.
La previsión a 2028 es clara: más población, más demanda de vivienda, más tensión social. Pero si algo enseña la comparación con Portugal es que la inmigración no es neutra. Puede engordar el censo y vaciar el Estado de bienestar al mismo tiempo. O puede financiar pensiones a quien todavía cotiza. El dato no decide; el diseño del modelo, sí.