El Karolinska liga los antioxidantes a más vasos sanguíneos en el tumor
Unos microtumores de pulmón cultivados en laboratorio a partir de células de pacientes —organoides, en jerga— empezaron a fabricar vasos sanguíneos nuevos después de recibir antioxidantes. No era lo previsto. El hallazgo, firmado por el Instituto Karolinska y publicado en
The Journal of Clinical Investigation el 31 de agosto de 2023, sacude una idea que se daba por sentada: la de que la
vitamina C nos protege. Aquí protege al tumor.
Qué encontró exactamente el estudio sueco
El equipo concentró su trabajo en tumores de pulmón, aunque también analizó muestras humanas de mama y riñón y ratones de laboratorio. La pieza clave es una proteína llamada
BACH1, que se regula de forma parecida a
HIF-1α, el mecanismo que en 2019 mereció el Nobel de Fisiología o Medicina y permite a las células adaptarse a los cambios de oxígeno. Según la investigación, ambas trabajan juntas en el tumor.
Cuando BACH1 se activaba —por ingestión de antioxidantes o por sobreexpresión del gen—, los tumores producían más vasos sanguíneos nuevos. Ese riego extra no es inocente: los nuevos vasos nutren al tumor y pueden ayudarlo a crecer y propagarse, señaló el profesor
Martin Bergö, vicepresidente del Karolinska. Los ensayos se hicieron sobre organoides, microtumores cultivados de pacientes reales.
Por qué sorprende: el antioxidante que alimenta el tumor
Hasta ahora los antioxidantes se presentaban como neutralizadores de los radicales libres de oxígeno, casi sinónimo de protección. La investigación invierte el relato: activan un mecanismo que facilita la angiogénesis, es decir, la formación de vasos dentro del cáncer. Lo resumió el profesor
Martin Bergö: «antes se pensaba que los antioxidantes tenían un efecto protector».
La paradoja tiene lectura clínica. Los pacientes cuyos tumores presentan niveles elevados de BACH1 serían, según el estudio, los que más se beneficiarían de la terapia antiangiogénica, una vía cuyos ensayos clínicos no habían dado los resultados esperados.
Las megadosis de vitamina C y el legado de Linus Pauling
El hallazgo enciende un debate con dogmas propios. Hay quien sostiene haber tomado
3.000 mg diarios de ácido ascórbico durante 15 años y atribuye a esa rutina una lista de mejoras que va del pelo al rendimiento deportivo, con el Nobel Linus Pauling como bandera. Frente a eso, hay quien considera suficiente una dosis de
0,5 o 1 gramo.
Frente a eso, la evidencia que circula no es tan optimista. La
Mayo Clinic recuerda que el interés por las dosis altas de vitamina C como tratamiento oncológico se remonta a los años setenta y que los estudios iniciales resultaron defectuosos. Y un análisis de aleatorización mendeliana publicado en
BMC Medicine se propuso aclarar la dirección causal entre vitamina C circulante y riesgo de cáncer.
¿Natural o sintética? Lo que se discute sobre las formas
Otra línea del asunto es la distinción entre vitaminas naturales y de síntesis. Se sostiene que ciertas formas sintéticas —el ejemplo que se cita es la vitamina K3 frente a la K2— no equivalen a las naturales y que buena parte del personal sanitario ni repara en la diferencia. La biodisponibilidad, argumentan, no es lo mismo que la concentración en sangre: no todas las formas de un mismo nutriente se comportan igual.
Conviene separar el matiz farmacológico del titular alarmista. La idea que gana peso no es que la vitamina C sea mala, sino que abusar de ella, sobre todo vía suplementos, no sale gratis.
El azúcar, los escáneres y otras contradicciones
La conversación deriva hacia otras sospechas. Se argumenta que el azúcar alimenta al tumor y se señala una supuesta contradicción: los TAC usan contraste azucarado para que el tumor aparezca mejor en las imágenes, mientras se resta importancia a la dieta. También abunda la desconfianza hacia quién patrocina los estudios y hacia las instituciones que los firman.
Aquí el dato corta el ruido. El trabajo del Karolinska declara financiación de la Sociedad Sueca del Cáncer, el Consejo Sueco de Investigación y las fundaciones Sjöberg y Knut y Alice Wallenberg, entre otras, y afirma que no se han reportado conflictos de interés.
Y llega el detalle incómodo. El mismo mecanismo que advierte del riesgo abre la puerta a un tratamiento más preciso: los tumores con BACH1 elevado son los que mejor responden a los inhibidores de la angiogénesis. La vitamina C enciende la alarma y, a la vez, señala el interruptor.