Eugenia de Montoro: una decena de relaciones hasta la boda de 2017
¿Cuántas relaciones caben en la biografía pública de una duquesa? En el caso de Eugenia Martínez de Irujo, duquesa de Montoro, la respuesta se mide en nombres propios: del sevillano Luis González-Conde al empresario musical Narcís Rebollo, con quien se casó en 2017. Entre ambos, toreros, aristócratas, empresarios y un actor. Una de las hijas de la duquesa de Alba ha convertido su vida sentimental en un mapa de la España social de las últimas décadas, un muestrario que en su entorno se ha bautizado como
sorbómetro sentimental.
De Palacio de Dueñas al Palacio de Liria: los escenarios
Los escenarios importan, y aquí nunca fueron neutros. Los primeros romances se fraguaron en el
Palacio de Dueñas, en Sevilla, y en el
Palacio de Liria, en Madrid, dos de las residencias repartidas por la península de una de las casas nobiliarias con más patrimonio del país. Tenía 20 años cuando comenzó su relación con el sevillano
Luis González-Conde; aquel noviazgo duró dos años.
Después llegó un joven de La Moraleja,
Sergio Baigorri. El perfil se repetía: mismo entorno, mismo círculo, misma clase. Hay quien lee esa secuencia como un cálculo de ascenso dentro de la propia aristocracia; otros la ven como pura improvisación sentimental. El resultado, en cualquier caso, es un catálogo cerrado de pretendientes donde el apellido pesa más que el flechazo.
La etapa taurina: Fran Rivera y el Litri
El toreo ocupó un capítulo entero. Primero
Fran Rivera Ordóñez y después
Miguel Báez, el Litri, ambos en la década de 1990, cuando las figuras del toro llenaban portadas con un peso mediático hoy difícil de replicar. Con Fran Rivera tuvo a su única hija. La relación se rompió, volvió y acabó en un enlace que se presentó como punto final sin serlo.
Tras la ruptura definitiva con Rivera, regresó a un perfil conocido: un novio de familia acomodada.
Nicolás Vallejo-Nájera, Colate, encajaba en el molde. Duraron unos meses. Colate acabó casándose después con la cantante Paulina Rubio, con quien tuvo un hijo, Andrea Nicolás.
Gonzalo Miró y los años de mozalbetes
En
2005 llegó
Gonzalo Miró, entonces un veinteañero con tirón mediático. Fue la etapa de mayor exposición, con un cambio de imagen visible y una puesta en escena de pareja moderna. Más tarde, los nombres que trascendieron fueron dos: el veinteañero Enrique López e
Ignacio Ventosa, un empresario catalán treintañero de perfil discreto.
Conviene separar lo documentado de lo que circula sin prueba. Sobre esta etapa se han publicado toda clase de suposiciones, incluidos rumores nunca confirmados sobre la paternidad de algunos de los hijos de la duquesa de Alba. Sin resolución ni confirmación alguna, quedan donde deben: en el terreno de la especulación.
De Vicente Dalmáu a José Coronado
La duquesa intentó un perfil más formal.
Vicente Dalmáu, conde de Creixell y marqués de Murrieta, cumplía los requisitos: noble auténtico, atractivo y unos años más joven. La relación no cuajó, lastrada por un entorno de pretendientes y por la propia exposición pública. Después quedó vinculada al actor
José Coronado, en una etapa marcada por los rumores cruzados y las agendas incompatibles.
Narcís Rebollo y el desenlace de 2017
Con medio siglo y tras un recorrido que va del torero al empresario, Eugenia de Montoro cerró esa etapa con
Narcís Rebollo. La boda se celebró en
2017. Él es un empresario musical de su edad y bien posicionado en el sector. La finca familiar junto a Doñana, de
200 hectáreas y gestionada de forma rotatoria entre los hermanos, forma parte del mismo ecosistema patrimonial que sostiene el apellido.
El Palacio de Dueñas sigue funcionando como escaparate: en él se han celebrado eventos privados con artistas del sello del propio Rebollo, lo que da una idea de hasta qué punto vida pública y negocio se solapan en esta familia.
Por qué el famoseo se rinde ante un título nobiliario
La fascinación no es recíproca por casualidad. Los famosos sienten fascinación por la nobleza porque están más cerca que nadie de ser algo parecido, pero no lo son. Un título abre puertas que el dinero, por sí solo, no abre. De ahí que cada generación de duquesas encuentre candidatos dispuestos y que la puja por un enlace en un palacio histórico siga funcionando como escaparate y como activo de marca.
Con estos precedentes, la pregunta no es si Eugenia de Montoro eligió bien, sino cuánto de esa elección fue decisión y cuánto inercia de clase. La gestión del patrimonio inmobiliario tiene auditoría. La del sentimental, nunca.