Alerta en el móvil por la DANA: sonó con los permisos denegados
¿Por qué ha pitado tu móvil a la vez que el de todos los que tenías al lado? El aviso llegó firmado por la Agencia de Seguridad y Emergencias 112 (ASEM 112) y situaba la Comunidad de Madrid en el nivel 1 del Plan de Inundaciones (INUNCAM) por riesgo extremo de tormentas. El texto era explícito: no coger el coche si no era estrictamente necesario y permanecer en casa atento a las actualizaciones. El pitido sonó en teléfonos y tablets, también con el terminal en silencio, según varios usuarios.
¿Qué es Es-Alert y por qué suena aunque tengas los permisos denegados?
Según el sistema Es-Alert que se cita en el hilo, el aviso se reparte entre todos los dispositivos que están dentro de un área determinada. No hace falta haber instalado nada ni haber aceptado nada. De ahí el desconcierto de quien llevaba meses con las notificaciones domadas.
La letra pequeña es la que más ha escocido.
Hay quien tenía todos los permisos de este tipo de avisos denegados y comprobó que el móvil pitó igual. Otros se toparon con una aplicación, Alertas de emergencia, que antes no estaba y que no se puede quitar ni desactivar. Incluso aparecen casos de terminales sin cuenta de Google asociada que recibieron el mensaje sin problemas. Las salidas que se comparten pasan por el modo avión, apagar el aparato o funcionar con sistemas alternativos: un teléfono con LineageOS y servicios de Google fuera no registró nada.
«Alerta presidencial»: el nombre que ha descolocado a los usuarios
En pantalla el mensaje aparece como «Alerta presidencial»; en inglés, «PRESIDENTIAL ALERT». La etiqueta ha liado más que el propio ruido. El aviso lo emitió la Agencia de Seguridad y Emergencias 112 de la Comunidad de Madrid, cuyo Gobierno preside Isabel Díaz Ayuso, no el Ejecutivo central. Una parte del personal lo leyó como una intromisión del Gobierno en su teléfono; otra directamente preguntó por qué no se llama alerta estatal, gubernamental o alerta a secas. La comparación con el sistema estadounidense planea en varios comentarios, entre el cachondeo y la desconfianza.
La DANA que justificó el aviso: 69 mm en Navalcarnero
El episodio de lluvias intensas era real y el balance no admite bromas:
un muerto en Toledo y dos desaparecidos en Madrid, tras caer un coche al río Alberche en Aldea del Fresno. La red Meteoclimatic registró
un máximo de 69 mm en Navalcarnero. Ahí arranca el desencuentro.
Se sostiene que los medios habían anticipado lo nunca visto y que la precipitación final no estuvo a la altura del relato; en contra pesa el argumento de que un plan de inundaciones se activa precisamente cuando el escenario es grave, y que una alerta no se juzga por la lluvia que acaba cayendo sino por la que podía haber caído. Las cifras del episodio, con víctimas y desaparecidos, están fuera de discusión. La discusión es otra: cuánta alarma cabe en un aviso sin convertirlo en ruido de fondo.
El susto al volante y el coste de alarmar a demasiada gente
El pitido llegó sin aviso previo y a la misma hora en toda la región. Algunos terminales registraron incluso dos avisos seguidos. Se argumenta que el sobresalto puede provocar justo lo contrario de lo que busca: un conductor que se lleva la mano al bolsillo y desvía la vista, un ataque de ansiedad, una casa entera en pie de guerra. Entre las bromas del hilo circula la estampa de quien salió corriendo a buscar a los suyos cuando el escenario razonable era no moverse del domicilio. Nadie discute la utilidad de un aviso masivo ante un riesgo real; lo que se discute es el diseño, la hora y el volumen.
Fundas Faraday, pruebas anunciadas y teorías sin respaldo
En Barcelona la prueba del mismo mensaje estaba anunciada para el
14 de septiembre a las 12:00, y en otras provincias ya se había ensayado meses antes. En Madrid llegó por sorpresa. Esa asimetría alimenta la sospecha. Circulan las derivadas habituales: que si es un ensayo general de confinamientos climáticos, que si forma parte de un apagón informativo, que si la alerta mide cuánta gente obedece. Son conjeturas sin ninguna prueba detrás.
Más prosaico es el recurso técnico que se comparte: la funda Faraday, una bolsa que aísla el dispositivo de los campos electromagnéticos y que debe su nombre al físico Michael Faraday, que la ideó en
1836. Y más ruidoso el plan de quien piensa dejar el teléfono en la ventana, pitando, hasta que se le agote la batería, para que se enteren los vecinos.
La próxima vez que el móvil pite a mediodía, la duda será la misma: si es un aviso que salva vidas o un aviso que solo interrumpe la siesta. Nadie ha encontrado la manera de que suene cuando toca y deje de sonar cuando no toca. Y hasta entonces, la funda Faraday se vende sola.