Ceuta, la frontera donde la izquierda radical ensaya su discurso
¿Por qué la izquierda radical consigue movilizar a sus bases en Ceuta y la derecha no? La pregunta recorre estos días cualquier análisis del tablero político español. Un contingente de activistas ha viajado a la ciudad autónoma con un lema explícito: «desobedecer y resistir». El motivo que esgrimen es lo que describen como «violencia sin precedentes contra las personas refugiadas».
La llegada no ha sido homogénea. A un grupo de extrema derecha se le echó del puerto en cuanto pisó la ciudad, según el relato que circula sobre los hechos. Al otro, sostienen quienes siguen el caso, nadie lo ha movido de allí.
¿Por qué la izquierda se moviliza en Ceuta y la derecha no?
El asunto se lee en clave de capacidad organizativa. Hay quien sostiene que la izquierda radical conserva redes de activismo, financiación y logística que le permiten plantar a decenas de personas en una ciudad de 84.000 habitantes en cuestión de horas. El argumento contrario apunta a que esa movilización responde a una agenda política ajena a Ceuta, y que el coste lo paga la ciudadanía local: se llega a afirmar que los vecinos quedaron encerrados en sus casas y privados de sus derechos mientras duró el dispositivo.
Conviene separar lo que es dato de lo que es consigna. Que un grupo fue expulsado del puerto es un hecho relatado. Que la ciudad entera estuviera confinada es una afirmación que solo sostienen algunos de los que siguen el conflicto.
Quién tiene competencia para actuar en la frontera
Aquí aparece el punto técnico que suele perderse entre consignas. Ni el presidente de Ceuta ni las instituciones locales tienen competencia alguna para expulsar a nadie de la ciudad, y el conflicto no se plantea como un problema exclusivamente local. La frontera, el control migratorio y la seguridad son competencias estatales. Cualquier convocatoria que se celebre en la ciudad, por tanto, se inscribe en un pulso que se decide en Madrid, no en la plaza.
El trasfondo económico de una ciudad fronteriza
Ceuta vive de lo que atraviesa su frontera: comercio, porteo, turismo de paso y transferencias del Estado. Cada episodio de tensión en el perímetro se traduce en horas de actividad perdida y en un golpe directo al comercio. Ese es el marco en el que se discute la conveniencia de montar una protesta y también el que explica por qué la ciudadanía mira el calendario de movilizaciones con más interés del que parece.
El resultado, por ahora, es el de siempre: unos llegan para hacerse la foto y otros se quedan a pagar la factura de la foto.