Espinosa, la apisonadora de VOX en el Debate a Siete de RTVE
El Debate a Siete de RTVE tuvo un vencedor claro para buena parte de quienes siguieron la cita: Iván Espinosa de los Monteros.
Domina la oratoria, rebate enlazando las palabras de su contrincante y no se descompone. El elogio, sin embargo, se agrieta al mirar lo que quedó fuera del atril: la formación no entró en varios de los asuntos que su propio electorado consideraba irrenunciables. Ahí arranca la grieta.
Espinosa arrasa en el Debate a Siete
Lo más repetido durante toda la noche fue una comparación de nivel. El portavoz de VOX juega en otra liga, se sostiene: podría ocupar el pupitre de cualquier otro partido y los destrozaría igual. Frente a él, los demás portavoces se quedaron en lo previsible, y el contraste favoreció al de VOX.
No hubo un golpe bajo, ni una salida de tono, ni un titubeo visible. Los que esperaban un estallido de nervios se encontraron con un orador tranquilo, que administró el tiempo sin perder la compostura. En un formato donde los minutos son oro, conservar la calma vale más que cualquier soflama. Y hay quien lo señala directamente como futuro líder de la formación.
La estrategia de no morder el anzuelo
Uno de los puntos más comentados fue, precisamente, lo que no se dijo. Durante toda la cita, las acusaciones de fascismo dirigidas al partido quedaron sin respuesta. Lejos de leerse como un descuido, se interpreta como una decisión deliberada:
no entrar al trapo y dejar que el adversario se retratara solo.
La apuesta salió redonda, según esta lectura. Quien buscaba provocar una respuesta airada se topó con un muro. El resultado fue un portavoz sereno frente a rivales que, en palabras de varios seguidores, tampoco estuvieron brillantes.
El pasaporte covid que Espinosa no mencionó
Aquí llega la primera factura. Una parte de la audiencia esperaba que el portavoz sacara a relucir el pasaporte covid y las restricciones sanitarias, y que exigiera al PP una rectificación por haberlas respaldado en su día. No lo hizo. El reproche cae directo:
si el partido presume de haber detectado antes que nadie el abuso, ¿por qué lo dejó pasar?
Para los más críticos, ese silencio desdibuja la línea roja que la formación dice defender. Hay quien sostiene que el tema se considera incómodo y que, sin él, el discurso queda a medias. Otros defienden que un cara a cara con siete formaciones no da para desarrollarlo todo y que las propuestas están en el programa.
Ceuta y Melilla: rehacer las vallas y frenar embarcaciones
Sí hubo propuestas en materia de fronteras. Se le atribuye el anuncio de reconstruir las vallas de Ceuta y Melilla para hacerlas infranqueables y de detener las embarcaciones con Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y con el Ejército. Es el terreno donde más cómodo se movió y el que más aplausos recogió.
La letra pequeña, en cambio, no llegó a la mesa. Cuánto cuesta levantar esas infraestructuras, cómo se financia y qué encaje tiene con la política migratoria común son preguntas que quedaron sin respuesta en el plató. El titular fue contundente; el presupuesto, una incógnita.
Un cara a cara nacional con partidos de una sola región
El propio formato se llevó lo suyo. El Debate a Siete metió en la misma mesa a formaciones que solo concurren en su comunidad: PNV, Bildu y ERC ocuparon minutos de un espacio emitido en todo el país. La queja es sencilla: a un votante de Murcia, Andalucía o Madrid no le eligen esos partidos, así que su intervención resta tiempo a los aspirantes de verdad.
No es un detalle menor cuando el minutaje es el bien más escaso. A eso se sumó otro reproche: que el candidato del PP no acuda al debate de TV1 a cuatro días de las elecciones se considera incomprensible, porque deja al líder de VOX el terreno libre.
La trayectoria que no pasa todos los filtros
La otra cara del entusiasmo es la desconfianza. Hay quien recuerda la trayectoria profesional del portavoz —de consultora en consultora, con el desplome de Arthur Andersen de por medio— para rebajar el himno. Y quien apunta que en VOX solo dos perfiles manejaban de verdad la economía, uno de ellos Rubén Manso, según esa versión apartado del proyecto.
De ahí sale la conclusión más incómoda para sus admiradores: el aval es discursivo, no programático. Es el único salvable del partido, conceden algunos; el programa detallado, una promesa pendiente de desarrollo. Nadie termina de ponerse de acuerdo sobre si eso basta.
Qué puede pasar con ese tirón
Con estos mimbres, es plausible que el empuje del portavoz se traduzca en votos, sobre todo entre quien valora el temple antes que el detalle. También es plausible lo contrario: que un electorado exigente eche en falta las respuestas que no llegaron y pase factura al silencio. El nivel general del formato ayuda a que cualquiera que diga un par de cosas sensatas arrolle.
De momento, el asunto queda abierto. Faltan por ver los efectos reales de un cara a cara que encumbró a un orador y dejó, de paso, la lista de lo que su partido prefirió no tocar. La papeleta lo dirá.