El café se dispara un 70% y anticipa una escalada en el precio de venta al público
El grano de café se encareció más de un 70% en 2024 y marcó su mayor cotización desde abril de 1977: 229,34 céntimos de dólar (287,74 céntimos de euro) por libra. El detonante que se cita es la combinación de un dólar fuerte y el bloqueo del Canal de Suez. La cifra no es un récord cualquiera. Es el precio de una materia prima que, según se recuerda en el análisis, es el producto más transportado del planeta después del petróleo. Y cuando el grano se mueve así, la pregunta deja de ser qué pasa en la lonja y pasa a ser cuánto de eso llega a la barra del bar.
Qué ha pasado con el precio del café en 2024
El encarecimiento supera el 70% en el año y sitúa la libra en 229,34 céntimos de dólar. La referencia de 1977 no es retórica: es el último precedente de una cotización tan alta. Los factores que se apuntan son dos, el dólar fuerte y el bloqueo del Canal de Suez, aunque el debate añade un tercero que no aparece en el titular: los fondos de inversión comprando tierras de cultivo desde antes de la pandemia, con la vista puesta en la alta rentabilidad y en la facilidad para manipular el sector primario.
La cadena de transmisión no es inmediata. El precio de la materia prima tarda en reflejarse en el lineal y en la carta. Pero el rastro ya se ve en productos hermanos: el cacao subió hace algo más de medio año y lleva dos meses reflejándose en el supermercado, con la advertencia de que en origen el salto fue brutal y la subida aún no ha terminado de trasladarse. El café va por los mismos derroteros.
Del grano a la taza: cuánto puede subir el café en el bar
El traslado al consumidor es la parte que nadie firma. Hay quien sostiene que el precio final no se encarecerá mucho porque la industria optará por rellenar el producto con sustancias químicas sintéticas antes que subir la etiqueta. Es una tesis incómoda y sin verificar, pero explica por qué el consumidor puede notar menos de lo que sugiere el 70% de la materia prima.
En el otro extremo está el cálculo de barra. Hay quien afirma que el café solo ya se sitúa en 1,50 euros en algunas ciudades, y la previsión que circula es que un cortado llegue a 2 euros en el bar del polígono. La comparación con Portugal es recurrente: 80 céntimos por un expreso que, según la descripción, parece de Nápoles. La misma sustancia, precios que no parecen del mismo producto.
Por qué se habla de especulación con los alimentos
El argumento que más peso tiene en la conversación no es el climático, sino el financiero. Los fondos llevan comprando inmensas cantidades de tierras de cultivo desde antes de la pandemia. La razón que se les atribuye es doble: altas rentabilidades y manipulación sencilla del sector primario. El producto manufacturado sería más difícil de manipular por el número de actores que intervienen, proveedores, energía y fabricación. Donde se pueda especular, se especulará.
La lectura histórica refuerza esa sospecha. Durante la posguerra, la especulación en productos de alimentación era más fuerte porque era lo más consumido y necesario, el estraperlo. El sector primario, salvo el petróleo, no interesa cuando el secundario y el terciario son más golosos. Pero cuando el terciario está seco de deuda, se exprime lo que queda. De ahí el intento, se argumenta, de aniquilar las explotaciones particulares que podrían comerciar por sí mismas y mandar a tomar por el viento a las cooperativas actuales.
El clima, el comodín que aparece en todas las subidas
El cambio climático se cita como motivo: mucho calor, mucha lluvia, heladas y todo sucedió cuando más perjudicaba a la cosecha, más las complicaciones en la cadena de suministro, rutas bloqueadas y huelgas en puertos. La respuesta escéptica es inmediata: otra vez el sospechoso habitual como culpable de la subida de lo que sea, alimentos, impuestos o lo que haga falta. No forma parte de un plan, dicen los que lo dicen. El tono irónico no oculta que la explicación climática y la financiera no son excluyentes.
El café como lujo: achicoria, contrabando y otras salidas
La conversación deriva hacia la resignación y el ingenio. Se recupera la achicoria como sucedáneo, se recuerda el contrabando desde Portugal, se menciona la infusión de jengibre y hasta el poleo. La conclusión más repetida es que el café no es necesario para el ser humano y que lo mejor sería dejarlo, si acaso uno el domingo. Otra cosa es que alguien lo cumpla.
El chocolate entra en la misma ecuación. Hay quien afirma que compraba una tableta de chocolate negro al 70% a 2,90 euros y la ha visto a 4,95 desde Navidades. La subida del cacao ya está en el lineal y la del café va por el mismo camino. La pregunta que queda es si el consumidor español notará la diferencia, acostumbrado al torrefacto y a un sabor a requemado que, según la descripción más dura, hace irrelevante el precio del grano bueno. En países donde se toma café normal, el desconsuelo será otro.
El análisis se atasca justo ahí: en si el traslado al precio final será proporcional, cosmético o directamente invisible por la vía de sustituir materia prima. Con el grano en máximos de 1977 y los fondos comprando tierra, la respuesta no está en la lonja.