Netflix estrena la tercera versión de la tragedia de los Andes
¿Hacía falta una tercera película sobre los supervivientes de los Andes? La pregunta recorre la conversación desde que Netflix incorporó a su catálogo
La sociedad de la nieve, la adaptación que J.A. Bayona firma a partir del libro de P. P. Reid. No es la primera vez que ese material llega a la pantalla: la historia ya se había rodado en **1976** y en **1993**. Buena parte del público reconoce el relato —y el final— antes de que arranque el metraje, y eso condiciona todo lo que viene después. Tres adaptaciones para un solo libro es, como mínimo, un indicio de que la historia funciona.
Una misma historia llevada al cine tres veces
El libro de P. P. Reid ha alimentado ya tres adaptaciones. La primera, de **1976**, se tituló
Survive! en inglés y llegó a España como
Los supervivientes de los Andes. La segunda, en **1993**, fue
Viven (
Alive), con **Ethan Hawke** en el reparto. La tercera es la de Bayona, que aterriza en Netflix después de su paso por las salas de cine.
La queja más repetida es la del calco. No estaríamos ante un remake al uso, se argumenta, sino ante tres versiones del mismo material que cuentan lo mismo punto por punto, con más o menos medios y mejores o peores actores. La comparación se vuelve dura con la cinta de los noventa: estos días hay quien la despacha como un telefilme al lado de la nueva. Lo que sí cambia entre versiones es el idioma y el reparto, y ahí la producción reciente se lleva los elogios. Hay incluso quien bromea con que la industria repite el relato cada cierto tiempo para no perder los derechos de explotación, como si fuera una franquicia.
¿Por qué se dice que esta versión no tiene agenda?
Una de las ideas que más circula es que el filme se libra de la etiqueta de producto con mensaje por una razón sencilla: es una historia real, reciente y con supervivientes vivos. Cuando el relato está tan pegado a los hechos, el margen para reinterpretarlo es mínimo. A eso se suma que el grueso de la acción son hombres aislados en un entorno hostil, un escenario poco propicio para injertar tramas paralelas.
No todos compran ese argumento. Hay quien señala que la propia película incluye un pasaje sobre el consentimiento en un contexto —un grupo de jóvenes educados en colegios religiosos a comienzos de los setenta— donde ese debate no ocupaba ningún lugar central. Para otra parte del público es un detalle menor que no empaña el conjunto. La discusión, en cualquier caso, se mueve entre la sospecha y el aplauso, y la fidelidad al libro es lo que buena parte valora por encima de todo.
Reparto en español y el escollo del canibalismo
Uno de los puntos en los que casi todo el mundo coincide es el idioma. La película está rodada en español y sus protagonistas son actores uruguayos y argentinos, algo que se subraya como acierto frente a entregas anteriores con reparto anglosajón. La elección, sin embargo, también le granjeó a la cinta un rechazo previo por su origen, según coinciden varios comentarios.
El otro asunto delicado es el tema central de la supervivencia: la alimentación a base de los cuerpos de los fallecidos. Es el punto que cualquier adaptación debe resolver sin caer en el morbo, y aquí la discusión se parte entre quienes creen que se trata con sobriedad y quienes opinan que se recrea más de lo necesario. Para muchos, la segunda mitad, a partir del alud, es donde la película crece de verdad.
¿Competirá por el Óscar?
El tramo final de la conversación mira a la temporada de premios. La cinta suena como candidata a llevarse la estatuilla a mejor película internacional, aunque el resultado no estaba cerrado cuando se escribían estos mensajes. Hay quien lo da por hecho y quien avisa de que la competencia es dura. Para los más escépticos, el interés por los premios es la única razón por la que esta tercera versión existe.
El detalle irónico que se repite es el papel de Netflix. La plataforma, cuestionada a menudo por el tipo de contenido que produce o compra, aparece aquí respaldando un filme de reparto homogéneo y factura clásica. Que el debate se centre en si eso es mérito o excepción dice bastante del momento.
La deriva: del cine a la hostilidad identitaria
No toda la conversación se queda en la pantalla. En varios tramos el intercambio se desliza hacia comentarios hostiles sobre la inmigración y las relaciones entre personas de distinto origen, con generalizaciones despectivas hacia colectivos y hacia las mujeres que se relacionan con migrantes. Esos mensajes no se apoyan en ningún dato y funcionan como desahogo, no como análisis.
Lo llamativo es que el asunto del idioma y del reparto, que debería ser motivo de orgullo, acabe mezclado con esa bronca. La película se rodó en la lengua y con los acentos de quienes vivieron la tragedia. Ese es el dato.
Al final, la pregunta que nadie resuelve no es si Bayona lo hizo mejor o peor que los anteriores. Es cuánto tardará alguien en volver a contar la misma historia con otros actores y otro presupuesto. El libro de Reid lleva medio siglo aguantando;
el nicho, en cambio, se agota.