La propuesta de mover a los 'improductivos' a Galicia y Castilla-La Mancha choca con el orgullo local
La idea suena en los foros de economía con crudeza: aprovechar que más de la mitad de la vivienda vacía del país se concentra en Galicia y Castilla-La Mancha para redirigir allí a la población considerada improductiva. La iniciativa, que incluye filtros migratorios y restricciones a la compra de extranjeros, ha desatado una reacción visceral entre los habitantes de esas comunidades.
Los tres ejes del plan
El esquema se articula en tres patas: expulsar a los inmigrantes que no generen un saldo positivo para la Seguridad Social, prohibir la compra de vivienda a extracomunitarios con menos de diez años de cotización, y ofrecer ayudas para que los improductivos se trasladen a zonas con alta tasa de vacancia. En paralelo, se propone limitar la compra para alquiler por parte de no nacionales.
El rechazo territorial: 'CLM ni tocarla'
La reacción desde las regiones señaladas ha sido inmediata y airada. Vecinos de Toledo, Albacete y Guadalajara –esta última ya convertida en dormitorio de Madrid– defienden su tierra como intocable. El argumento resuena: no se trata de que falte espacio, sino de que la identidad y el mercado local no aceptan una reubicación forzada de población que consideran indeseada.
La polémica refleja la tensión entre un enfoque tecnocrático de la vivienda vacía y la realidad social de unos territorios que no están dispuestos a ser el vertedero demográfico del país. Mientras tanto, el precio del alquiler en ciudades como Valencia –1.400 euros– sigue apretando, y la búsqueda de soluciones radicales se intensifica.