Aerolíneas Argentinas a sus empleados: la privatización silenciosa
Regalar una empresa deficitaria sale más barato que liquidarla. Esa es la lógica que se atribuye a Milei en el debate sobre
Aerolíneas Argentinas: traspasar la compañía a su plantilla, poner a los trabajadores como propietarios y dejar que sean ellos quienes decidan si recortan, venden o se hunden. La operación no consta cerrada en ninguna parte —lo que se analiza es la propuesta que se le atribuye—, pero ha bastado para reabrir el pleito sobre quién paga el agujero de la aerolínea de bandera argentina.
El plan que se atribuye a Milei
El planteamiento que circula es una privatización sin subasta y sin comprador: los empleados reciben la propiedad, con la empresa tal y como está, deuda incluida. Quien no acepte la parte que le toca, sostienen los partidarios del plan, no tiene derecho a voto ni a queja posterior, y su porción se pondría en el mercado o se repartiría entre el resto. Es
la trampa ideal, resume una de las lecturas más repetidas: si la plantilla purga lo que hay que purgar, el Estado gana una empresa saneada; si no, se hunde y el coste político lo asume otro.
La defensa esgrimida tiene tres patas. La primera, que la compañía deja de depender de la caja pública cada año. La segunda, que la conflictividad laboral deja de ser un problema de Gobierno y pasa a ser un problema interno. La tercera, y no la menor, sostienen los partidarios del plan: no podrá reprochársele al Ejecutivo haber entregado la compañía a un tercero cuando son los propios trabajadores quienes la reciben. En contra juega el estado real del activo. Hay quien duda incluso de que la compañía tenga un solo avión en propiedad, porque lo habitual en el sector es operar con aparatos alquilados, y recuerda que las rutas no rentables las cubre LADE, una aerolínea militar con una decena de aviones y cuatro o cinco destinos patagónicos y de Tierra del Fuego. Con LADE no se sustituye a Aerolíneas: se parchea un mapa.
12.200 empleados y la pregunta que nadie quiere contestar: ¿quién sobra?
Isela Costantini, cuando presidió la compañía, contó en un programa de televisión que al llegar se encontró con un «exceso» de plantilla: «Son 12.200 y un poquito más». El problema de convertir eso en cooperativa es aritmético y humano a la vez. Un ajuste tendría que votarlo la asamblea de los propios afectados, y ningún consenso es posible cuando todos coinciden en que sobra gente pero cada uno sabe que el que sobra es el vecino de pasillo. Esa decisión solo la puede tomar una autoridad externa.
¿Cuánto cobra un piloto de Aerolíneas Argentinas?
La comparación que se maneja en los mentideros sitúa el salario de un piloto de Aerolíneas Argentinas por encima del de uno de las aerolíneas noruegas, y en torno al doble del que cobra un comandante español según los escalafones publicados en medios del sector. El dato se difundió con las cifras en dólares, aunque sin verificación independiente. Si se confirma, explica bastante de por qué la plantilla defiende el statu quo con uñas y dientes: el puesto no es solo un empleo, es una posición privilegiada dentro del mercado laboral aéreo.
Los pasajeros que faltan: 11 millones frente a los 40 de Colombia
Los críticos del modelo esgrimen estas cifras. Entre 2015 y 2019 volaron en avión por Argentina 53,8 millones de pasajeros, el mayor registro desde que existen datos, en 2001, según los registros oficiales que cita el debate. Durante la etapa de desregulación de Menem, con menos habitantes, se pasó de 6 a 13 millones de viajeros, un 110% más. Y hoy el país apenas mueve 11 millones anuales. Chile, con un tercio de la población, mueve unos 20 millones. Colombia, con población similar, ronda los 40. Perú, más pobre y con menos habitantes, anda por los 20. Con esos ratios, Argentina debería estar entre 50 y 60 millones y no baja de la mitad.
El precedente ruso y el fantasma de la venta rápida
El aviso más repetido es histórico, según un participante: Yeltsin entregó empresas a trabajadores y, a su juicio, el resultado fue destrucción industrial y apropiación por capital extranjero. Algo parecido se cuenta de un grupo de médicos que compró acciones de su propia clínica para no depender de las aseguradoras; cuando llegó una empresa grande del sector, la mayoría vendió su parte y cuatro ilusiones quedaron de recuerdo. Las cooperativas, sentencia la versión más pesimista, acaban a palos.
Queda un detalle que suele pasarse por alto: la propia compañía llegó a presentar cuentas de cierre con 32 millones de dólares de beneficio y sin fondos públicos, según titulares que circulan sobre el ejercicio de 2023. La cifra se usa como refutación del desastre, pero no dice nada del pasivo acumulado ni de la plantilla sobrante.
[Cierre] Si el traspaso prospera, lo más probable no es una cooperativa boyante, sino una empresa que en pocos meses busca comprador mientras se pelea en asamblea quién se va. Darlo por sentado sería un error: la misma plantilla que hoy rechaza el regalo puede descubrir que el comprador externo es peor. Y si el traspaso no llega a firmarse, Milei habrá ganado igual, porque sostener Aerolíneas Argentinas ya no lo defiende nadie en público.