131 plazas MIR de Familia sin cubrir y déficit del 10% en 2028
En 2023 se ofertaron
119 plazas más de Medicina de Familia que el año anterior y, aun así, quedaron
131 sin cubrir. La cifra no se veía desde 2014, cuando quedaron desiertas 108. La especialidad con más oferta del sistema es también la que acumula más vacantes y la que más residentes abandona. Dos años seguidos ha hecho falta abrir un plazo extraordinario para intentar rellenar huecos que nadie quería: en 2022 quedaron 93 plazas sin asignar y se registraron 29 renuncias.
Por qué sobran plazas que nadie quiere
El informe del Colegio de Médicos (
OMC) señala cuatro causas: la carga asistencial en primaria, las condiciones laborales de los residentes, el sistema de elección de plazas y las renuncias. Sobre el papel, hay vocación de sobra. En la práctica, se la come el día a día.
Clara quería Familia. Preguntó a varios médicos y la respuesta fue que ni se le ocurriera optar por ella. Le atormentaba tener cinco minutos por paciente y que todo quedara en papeles. «Atender a 50 personas al día es una locura», resume. Acabó en Alergología.
Vicente Baos se jubiló tras 39 años de consulta y ha visto pasar a generaciones de estudiantes. Su diagnóstico va sin anestesia: «No hay vocación que aguante esto, aumentar las plazas de Medicina de Familia es una medida absolutamente vacía si no va acompañada de algo más». Miguel Moreno, residente y miembro de la Asociación MIR, coincide: el problema no se arregla solo ampliando plazas, sino consiguiendo contratar. Y quien eligió Traumatología lo dice sin rodeos: Familia tiene mala calidad de vida y mucho papeleo, y la mitad de los pacientes son bajas laborales y recetas electrónicas.
El 25% de las plazas MIR abandonadas son de Familia
Desde el curso 17/18 se han abandonado
892 plazas MIR. De ellas, 225 pertenecen a Medicina de Familia y Comunitaria: una de cada cuatro. La media ronda las 45 renuncias anuales. Para la convocatoria 23-24 se ofertaron
2.492 plazas de Familia, 37 más, y el déficit proyectado por el propio Gobierno supera el 10% hacia 2028. El aumento de plazas, sin tocar contrato ni organización, se comporta como una tirita sobre una herida sin desinfectar.
¿Cuántos pacientes ve al día un médico de familia?
Quien está dentro pone números. Un médico calcula entre
40 y 50 pacientes al día contando la atención telefónica, de 6 a 15 en las guardias de entre semana y de 14 a 30 las de fin de semana. Otro apunta que las primeras visitas se estiran a media hora cuando el paciente va al grano y no a contar su vida. Y hay quien recuerda cuando un médico despachaba 100 personas en dos horas, con el aviso de que aquello también era un despropósito.
No todos aceptan el cuadro de la saturación. Otra corriente sostiene que las consultas se bloquean, que las agendas se cierran y que buena parte del tiempo se va en trámites y recetas, no en enfermos. La espera de 13 días para una molestia de oído que relata un paciente alimenta esa sospecha. El desacuerdo real es cuánto hay de volumen y cuánto de gestión.
La nómina que no cuadra con las horas
El dinero también pesa. En la sanidad pública, se argumenta, todas las especialidades cobran lo mismo y Familia compensa con guardias y dispersión geográfica. Un médico describe su último mes trabajado en España: doble turno por falta de personal en primaria y urgencias,
300 y pico horas en el mes y dos nóminas, una de primaria de unos 2.100 euros y otra de hospital de unos 3.000 tras cubrir todos los fines de semana, puentes y navidades. El primer pago llegó incompleto: 300 euros, a la espera de que volviera la contable de vacaciones.
Una propuesta que aparece en el debate no es abrir más facultades, sino pagar más. Duplicar el sueldo, se sostiene, haría atractiva una especialidad hoy evitada. Enfrente pesa el argumento de que faltan médicos y presupuesto, y que sin dinero no hay ni lo uno ni lo otro.
El péndulo: ¿faltan médicos o van a sobrar?
Hay quien niega la escasez. El cálculo: en 2033-2035 se jubilarán unos
4.500 médicos al año, mientras acabarán el MIR unos 9.000 residentes si no se frena el aumento de plazas. Con esas cifras, en una década sobrarían facultativos y muchos trabajarían solo los meses de verano. Contra esa previsión juega el envejecimiento de la población, que dispara la demanda de consulta. Y en medio, un detalle incómodo: hay destinos que ofrecen contrato fijo desde el primer día y siguen sin cubrir la plaza porque están lejos de Madrid o Barcelona.
Entre los dos escenarios —que falten o que sobren— queda la pregunta que ningún informe responde con números: si el nudo es de plazas, de sueldo o de un modelo que ha convertido la consulta en un mostrador de recetas y volantes. ¿Cuántas plazas habría que abrir para que alguien quiera ocuparlas?