Ciclistas veteranos y cerveza: la distopía de las terrazas
¿Qué pasa cuando un grupo de hombres y mujeres de más de sesenta años, enfundados en maillots de miles de euros, se sienta en una terraza a beber cerveza hasta las trancas antes de volver a casa? La escena, descrita como una distopía por quien abrió el asunto, ha derivado en un cruce de acusaciones sobre seguridad vial, edad, dinero y postureo. El dato que sobrevuela: en España, cada año resultan heridos más de 5.000 ciclistas en accidentes de tráfico, alrededor de 500 a 600 son hospitalizados y cerca de 100 fallecen. La cifra no distingue entre el que sale solo con una bicicleta de hace 25 años y el que se disfraza de profesional para hacer 30 kilómetros con parada de cañas.
El perfil del ciclista que indigna: sesentones, lycra y cerveza
El estereotipo que se dibuja en la discusión es nítido: grupos numerosos de personas mayores, con bicicletas de gama alta, que hacen una ruta corta y terminan en un bar bebiendo alcohol antes de ponerse al volante o sobre la bici. Se les acusa de tener
visión y reflejos mermados y de exponerse y exponer a otros en carreteras compartidas con coches y camiones. La acusación no es unánime: varios mensajes sostienen que esa cerveza es la de después de la ruta, no la de antes, y que la salida se ha completado horas atrás. La polémica, por tanto, no es solo sobre el alcohol, sino sobre la presunción de que un mayor no puede estar en forma.
El negocio de las bicicletas eléctricas y el postureo del carbono
Una parte del descontento apunta al desembolso. Se describe a veteranos con bicicletas eléctricas que cuestan una fortuna adelantando a ciclistas más jóvenes en puertos de montaña. La escena se califica de distópica. Frente a eso, hay quien defiende que la bici eléctrica ha dado una segunda vida a personas que, por edad o salud, no podrían seguir saliendo. El ciclismo amateur se presenta así como un campo de batalla donde se mezclan la salud, la ostentación y la capacidad económica. La pregunta de fondo: ¿es postureo o es necesidad?
El ciclista antisocial frente a la grupeta ruidosa
Frente al grupo que grita y ríe en la terraza, emerge la figura del ciclista solitario. Un participante de 47 años afirma que hace 60 kilómetros en un par de horas y que pasa de grupeta: «ni tengo ganas de aguantar a gente, ni seguir horarios de nadie, ni competir con nadie». Reivindica el cicloturismo como forma de paz mental, lejos del ruido y de las fotos. Otro asegura que sale por donde no se encuentra a nadie y a horas en las que ya han salido los grupos. Es la cara opuesta del mismo deporte: el que busca silencio frente al que busca barra libre.
El conflicto con los conductores y la guerra de la carretera
La discusión deriva hacia la convivencia vial. Se mencionan puertos de montaña donde coinciden ciclistas con bicicletas eléctricas y conductores que van a degüello. Alguien advierte de que solo es cuestión de tiempo que ocurra una desgracia y que entonces se culpará a todos los conductores. En paralelo, se relata la experiencia de quien va al trabajo en bici y tarda entre 6 y 8 minutos frente a los 15 o 20 en coche, con el añadido de la zona azul y los golpes en el aparcamiento. La bici se reivindica como medio de transporte eficiente, no solo como deporte.
La bici como ascensor social y el desprecio de clase
Un mensaje recuerda que la bicicleta fue el primer medio de transporte del obrero: permitía al que vivía en una aldea acercarse a la ciudad y ganarse un jornal. Frente a esa memoria, otro participante desprecia la bici como transporte de pobres y posturetas. La discusión se encona y aparecen descalificaciones personales que no aportan al fondo. El dato económico subyace: hay quien puede gastar miles de euros en una bici y quien la usa para no gastar en gasolina. La brecha no es solo de edad, también de cartera.
El alcohol y la seguridad vial: lo que dicen los números
Más de 5.000 heridos anuales, entre 500 y 600 hospitalizados y alrededor de 100 fallecidos. Son las cifras que se manejan en el intercambio. No se especifica cuántos de esos accidentes están relacionados con el alcohol, pero la asociación entre cerveza y bicicleta se usa como arma arrojadiza. Un mensaje ironiza: «hay que ir bebido para mejorar la experiencia». Otro recuerda que la cerveza es diurética y que muchos la toman sin alcohol. La realidad es que la normativa de tráfico sanciona conducir bajo los efectos del alcohol, también en bicicleta, y que la responsabilidad individual es la única barrera real en ausencia de controles específicos.
Al final, la distopía no es que unos señores mayores beban cerveza en lycra. Es que nadie sabe si el problema es la edad, el dinero, el alcohol o simplemente que ya no soportamos que otros se diviertan a su manera.