VOX y PP: la guerra por el voto útil a una semana del 24J
A una semana de las elecciones del 24 de julio, en un foro de internet se libra un debate que refleja la tensión en la derecha. Un forero sostiene que hay votantes que dedican más energía a desgastar a VOX que a criticar al Gobierno de coalición. El fenómeno, según este participante, expone la fractura entre el voto útil que reclama el PP y el voto identitario que resiste en VOX.
El diagnóstico que lanza este forero contra la estrategia del Partido Popular es duro:
según él, Feijóo declaró en directo que estaba dispuesto a hacer a Sánchez presidente y, según esta lectura, no derogará ninguna ley clave del Ejecutivo actual. Con ese punto de partida, la pregunta que se lanzan los votantes de derechas es simple: ¿qué ofrece el PP si su programa es una continuación del sanchismo? La conclusión de este sector es que el PP se sostiene sobre rentas mediáticas y redes clientelares, no sobre un proyecto diferenciado.
La acusación de «estafa» de 2011 y el fantasma de Ciudadanos
El paralelismo con Ciudadanos es recurrente. La tesis que maneja este forero es que el PP pretende repetir la operación de 2011: absorber el voto de la derecha alternativa mediante el desgaste mediático y la guerra psicológica. Sin embargo, su análisis sostiene que VOX no es Ciudadanos. La diferencia, argumenta, es que VOX pertenece a la corriente de partidos europeos de derecha alternativa que, según esta visión, abordan problemas que el PP ignora o censura.
El pronóstico que lanza es que,
aunque VOX se quede en 20 escaños, el PP no logrará los números para gobernar en solitario ni para repetir la mayoría absoluta de 2011. La advertencia es clara: el PP quemará sus últimos cartuchos y será entonces cuando VOX le haga daño. La guerra psicológica, concluye, no funcionará.
El eje europeo: Orbán, Le Pen y la acusación de «topo»
El flanco internacional es otro campo de batalla. Desde posiciones críticas con VOX se acusa al partido de bailarle el agua a los «topos» del Kremlin, citando los contactos de Abascal con Orbán y de Buxadé con Le Pen. La respuesta desde el otro lado es tajante: acusar a VOX de ser un instrumento de la ULS es «de ser desinformador». El argumento que se esgrime es que VOX no es más prorruso que los polacos, que mantienen sus propias alianzas sin que nadie les exija romperlas.
El frente interno: sueldos, drag queens y críticas a la coherencia
La crítica más incómoda para VOX no viene del PSOE, sino de quienes señalan sus contradicciones internas. Se mencionan casos concretos:
concejales de VOX que se suben el sueldo en comandita con los peperos, subvenciones exclusivas para mujeres gitanas y la presencia de un concejal drag queen. La respuesta desde el lado voxemita es que no se puede exigir a un partido con crecimiento exponencial que sea un bloque monolítico sin un solo escándalo.
El contraataque es una pregunta que se repite: ¿por qué molesta más un concejal de VOX que cuatro años más del PSOE? La tesis que se defiende es que hay una asimetría deliberada: se amplifican los casos puntuales de VOX mientras se normalizan décadas de corrupción sistemática.
La muerte de un hombre es una tragedia, la de millones estadística, resume uno de los análisis más citados.
El factor mediático: encuestas, Michavila y medios subvencionados
La desconfianza hacia los medios y las encuestas es transversal en este sector. Se menciona a los «Michavila de la vida» como ejemplo de encuestas cocinadas y se critica que los artículos de opinión de pago se usen como arma de guerra. La recomendación, irónica, es que los medios «aflojen el bolsillo» si quieren mantener su influencia.
El cierre del análisis es una advertencia que no admite matices:
el 24 de julio los votantes escupirán en la cara a quienes les han tomado por gilipollas. La conclusión, en el fondo, es que la guerra por el voto útil no se ganará con encuestas, sino con hechos.